Berit Knudsen
Defendiendo la libertad de expresión y otras libertades
¿Cuándo despertarán todos los peruanos?

Me pregunto qué sentirían los jóvenes si el Gobierno prohibiera el derecho al acceso a las redes sociales, dejándolos sin Internet y sin medios para expresar sus pensamientos o manifestar sus ideas.
Las generaciones nacidas en épocas de relativa tranquilidad política no terminan de entender la importancia de la libertad de expresión, que camina de la mano con la libertad de prensa. No comprenden que sin libertad de expresión no existe una sociedad democrática, que ese derecho es imprescindible para formar la opinión pública; pero sobre todo que la libertad de prensa es el freno contra los abusos en el ejercicio del poder del Estado.
En octubre de 1968 se produjo el golpe de Estado del general Juan Velasco, que instauró una dictadura comunista que duraría 12 años. En ese tiempo un periodista le preguntó al general Alvarado: “¿Se respetará la libertad de expresión?” y él respondió: “Depende”. En 1969, mientras la Convención Americana sobre Derechos Humanos legislaba sobre la protección de la libertad de pensamiento y expresión; en el Perú se publicaba el “Estatuto de la libertad de prensa” con normas para controlar y censurar a los medios de comunicación, fiscalizando diarios, revistas, emisoras radiales y televisivas, que más tarde serían expropiados. El Estado controló estos medios hasta 1980, fecha en la que se restauró la democracia con el gobierno de Fernando Belaunde Terry. En 1971, durante un breve encuentro entre Velasco y Fidel Castro, este le dijo: “Oye chico, tú no puedes hacer la revolución con prensa libre”. Esta era la filosofía de Cuba y en Perú se siguió al pie de la letra aquella recomendación.
Durante la expropiación del diario El Comercio en 1974, los periodistas y la ciudadanía se levantaron exigiendo el respeto a la libertad de expresión. En las manifestaciones participaron jóvenes que protestaron ante este nuevo atropello del gobierno golpista, pero la dictadura ya había avanzado demasiado. Decenas de jóvenes fueron detenidos y muchos periodistas deportados, iniciándose un periodo oscuro y turbulento en el que imperó la censura y poco se supo sobre lo que realmente sucedía en el país.
Hoy vemos movimientos exigiendo la libertad de no vacunarse, pero pocos peruanos cuestionan los atropellos contra la prensa. No se toman suficientes acciones respecto a las falsas denuncias fiscales contra quienes rechazan la corrupción en las instituciones del Estado, tampoco se escuchan protestas contra los sucesivos estados de emergencia declarados y prorrogados sucesivamente desde el 2020, privándonos de nuestras garantías individuales.
El movimiento más grande visto en Venezuela fue organizado por jóvenes que sintieron violada su privacidad, indignados cuando la dictadura apagó la señal de Radio Caracas Televisión (RCTV). Estos jóvenes se enfrentaron al gobierno cuando Chávez lanzó una reforma constitucional que buscaba destruir el Estado liberal venezolano, saliendo a las calles por millones para hacer respetar su voluntad y lograron vencer al dictador con 50.70% de los votos. Chávez, al ser obligado a reconocer su derrota dijo: “De mierda, es una victoria de mierda, y la nuestra, llámenla derrota, es de coraje…”. Pero en esos tiempos, el poder ya había sido copado.
Sigo preguntándome ¿cuándo despertarán todos los peruanos?
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