Aldo Llanos

Cuando la solidaridad estudiantil es estéril

El reto de las instituciones educativas católicas

Cuando la solidaridad estudiantil es estéril
Aldo Llanos
13 de octubre del 2023


En el mundo contemporáneo, las instituciones educativas particulares se encuentran inmersas en una vorágine de ofertas cada vez más exigentes. Y aunque no quisieran, muchas instituciones educativas católicas han tenido que entrar inevitablemente en el fragor de la competencia. Para ejemplificarlo, si antes la oferta distintiva era la robótica escolar, pasados unos pocos años ya no lo era, porque los competidores empezaron a ofrecerla al mismo o menor precio, obligando a las instituciones a brindar otra cosa en exclusividad para seguir siendo “competitivos”.

De ese modo nos hemos ido llenando de ofertas en idiomas, TIC, bachilleratos, certificaciones ISO, tareas dentro de las escuelas, aumento progresivo de las horas de escolaridad, etc., arrastrando a los maestros a tener mil y una capacitaciones y nuevas especializaciones en una instrucción continua sin descanso. En esa dinámica, y dados los cada vez más notorios (y nocivos) efectos de una sociedad individualista, nihilista y hedonista, las ofertas de prácticas solidarias cobran una mayor relevancia. En efecto. Las principales universidades del mundo toman muy en cuenta las experiencias de liderazgo-solidaridad llevadas a cabo por los candidatos a sus casas de estudio consignadas en sus hojas de vida.

Sin embargo, mucha de esa solidaridad estudiantil ofertada y llevada a cabo por las instituciones educativas católicas pueden (si no es que suelen) ser estériles y dejar solamente una foto para la promoción y el marketing, dejando de ser realmente lo que está llamado a ser: una experiencia de transformación que renueve interiormente a los participantes a imagen de Jesús.

Los destinatarios de toda acción de solidaridad siempre son los más desfavorecidos en la sociedad, los marginados y los desposeídos. Y aunque siempre habrá otra institución educativa secular con más recursos y experiencia de gestión que podría hacerlo con mayor eficiencia, por esa vía nunca se encontrarán con Jesús en el pobre si es que antes no hay un trabajo previo con los estudiantes.

Entiéndanlo bien quienes no son católicos ni cristianos en sentido extenso. Pobres son todos aquellos que carecen no sólo de bienes materiales para poder cubrir sus necesidades primarias, sino todo aquel que carece, además, de educación y formación moral, y de vida espiritual (trato con Dios). Entonces, ¿por qué en estos pobres es que nos encontramos con Jesús? Porque en todo aquél que no le queda ni la esperanza para vivir con dignidad y que clama al cielo al no hallar respuestas a sus plegarias, se transfigura Jesucristo totalmente desposeído y humillado al punto de no sentir ni siquiera a su padre: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27, 46)

Por ello, la oración del pobre al final siempre es escuchada, aunque en un principio no lo parezca, porque es la oración del Hijo y la oración del santo, que se da lugar en el espacio de la total impotencia, lugar donde hallamos misericordia al ofrecer sólo miseria y nada de qué vanagloriarnos.

Las instituciones educativas católicas que llevan a cabo acciones de solidaridad, deben comprender que dichas acciones deben permitir el encuentro de los estudiantes con su propia miseria y debilidad: sus pobrezas, para hallar misericordia, al encontrarse de pobre a pobre.

Vano es llegar en buses cómodos y climatizados en Navidad para repartir regalos, chocolatada y panetón, sin haber pisado los caminos que estos transitan y menos compartido la misma mesa a conversar y dejarse conocer mirándose cara a cara. Qué vano es construir cosas en un lugar lejano y lleno de carencias, sin reflexionar sobre las causas de estas y sin plantear compromisos de cara al futuro.

Vano es realizar acciones de solidaridad desde la creencia de ser mejores o superiores en algo, creyendo “hacer el bien” a otros sin ser conscientes de la propia pobreza. De ese modo los estudiantes se mueven por un deber (la nota o una referencia más para la hoja de vida), por condescendencia y no por el amor.

Por lo tanto, para la solidaridad con los pobres es necesario que trabajemos primero sobre nuestras propias pobrezas sino, sólo engordaremos nuestra autosuficiencia. De ese modo nos iremos sirviendo de los pobres y los utilizaremos para conseguir una foto o la publicación que nos haga más apetecibles frente a los consumidores porque ayudar a los pobres no nos acerca por sí solo a Jesús, sino que puede suceder todo lo contrario: nos aleja, y esa, no es nuestra misión.

Aldo Llanos
13 de octubre del 2023

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