Educación

La izquierda no puede controlar la Sunedu

El papel de la universidad en la sociedad abierta

La izquierda no puede controlar la Sunedu
  • 16 de marzo del 2018

 

La destitución de Flor Luna Victoria de la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu), por supuesto plagio en algunos artículos académicos, ha envalentonado a la llamada izquierda caviar que —durante la gestión de Jaime Saavedra— instrumentalizó ideológicamente al Ministerio de Educación (Minedu) y la escuela pública.

Más allá de la increíble ola mediática a favor de “las reformas Saavedra” hoy sabemos que se abandonó la meritocracia en la escuela pública (allí está la ofensiva del radicalismo magisterial) y que la reforma universitaria solo se convirtió en un lema para favorecer algunos modelos de universidad y excluir a otros. Por todas estas consideraciones, en este portal señalamos que la izquierda no puede seguir controlando el sistema universitario: no solo por su comprobada ineficiencia y falta de proyecto, también porque la construcción de una sociedad abierta exige que en la educación básica y universitaria prosperen los más diversos relatos e interpretaciones del país.

En el tema específico de la reforma de la universidad, la administración Saavedra y la presencia de Lorena Masías en la Sunedu consideraban que la garantía de la reforma de la universidad y el desarrollo de un sistema de calidad académica reposaba, principalmente, en la existencia de una burocracia iluminada que tenía todas las recetas. Contra la experiencia de los sistemas universitarios en Estados Unidos y Europa, se ignoró el protagonismo de la sociedad y los consumidores, y se desdeñó un sistema de evaluación permanente de la calidad.

Por ejemplo, estas concepciones burocráticas llevaron a convertir al licenciamiento de las universidades en “la gran solución”. De una u otra manera el burócrata —como en el modelo soviético, cubano y la experiencia velasquista— fue empoderado con todas las prerrogativas. Las licencias, por ejemplo, tenían que renovarse en determinado número de años. En el sistema de universidades occidentales, por el contrario, las licencias se entregan por una sola vez, en tanto que la acreditación académica de las universidades y carreras se desarrollan de manera permanente. Algo más. Las acreditaciones en Estados Unidos y Europa están a cargo de entidades independientes del Estado. ¿A alguien se le ocurre que el Estado va a definir qué es lo académico y lo científico?

La reforma Saavedra entonces apostó por una burocracia iluminada, en vez de empoderar a los consumidores, los padres de familia y alumnos quienes, sobre la base de un sistema de información sobre universidades y carreras acreditadas y los niveles de empleabilidad, están en condiciones de determinar qué claustros eran buenos y cuáles no.

Pero eso no es todo. En el propio terreno del licenciamiento, el proceso se desarrolló sin el Texto Único de Procedimientos Administrativo respectivo; es decir, violándose el principio de legalidad y dejando el proceso librado a la discrecionalidad del burócrata convertido en un verdadero dios. No solo existía falta de legalidad, sino total ineficiencia. Hasta antes de que Idel Vexler asumiera la conducción del Minedu, la Sunedu apenas había licenciado a menos del 10% de claustros de un total de 147 universidades. Hoy se ha llegado a licenciar a solo treinta.

Sin embargo, el tema de fondo tiene que ver con el tipo de educación que pretendemos desarrollar en una sociedad abierta. La izquierda en el Perú siempre ha tendido a controlar la educación básica y la educación superior, con el objeto de instrumentalizar el proceso educativo en función de su ideología. Para este sector la escuela —al igual que en los proyectos comunistas y fascistas— debe formar al “hombre nuevo” y homogeneizar las diferencias en la sociedad. En los años setenta esta concepción desencadenó el baño de sangre senderista en los Andes.

Luego de haber renunciado a la violencia, la izquierda se arrimó la tesis gramscianas que señalan la necesidad de construir una hegemonía ideológica y cultural antes del triunfo político. Bueno, pues, todos los temas vinculados a las cuestiones de género y las tensiones en la universidad peruana, por ejemplo, forman parte de esa estrategia. En todo caso, a permanecer alertas.

 

  • 16 de marzo del 2018

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