Dante Bobadilla

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Volver al futuro II

Volver al futuro II
Dante Bobadilla
27 de julio del 2017

Solo queda esperar la siguiente debacle nacional

Todo indica que este gobierno culminará el proceso de regresión del país. Tras 17 años de luchadores anticorrupción, defensores de la moral y promotores de DD. HH., hemos vuelto al Estado hipertrofiado, sobrepasado por sus propios problemas, sin presupuesto para costear todo lo que se propone, saturado de incompetentes y corruptos, y jaqueado por los sindicatos. Alan García, en su  primer gobierno, consolidó la revolución estatista iniciada por Velasco. Ahora PPK culminará el trabajo de los demagogos y políticos baratos encumbrados por la mafia caviar antifujimorista. Es solo el inicio del fin.

El sector más deprimido de la economía es el laboral, saturado de regulaciones y con un organismo supervisor que hace las veces de policía política. Y es que no hay manera de imponer el socialismo sin la fuerza. Lo que, desde luego, no soluciona absolutamente nada el agobiado sector laboral. Lo único que hace es garantizar su agonía en aras de los sacrosantos “derechos laborales”, aunque matando el empleo. Es la muralla que detiene a las empresas y la creación de riqueza en este país.

Luego de sufrir la demencia del estatismo en el siglo pasado, ver lo que ocurre hoy solo provoca lamentar que se insista en fórmulas fracasadas. En los noventa salimos del hoyo gracias a la reducción del monstruoso aparato estatal, la liberación de la economía y la llegada de inversión privada en áreas claves como la minería, cuyos frutos cosechamos en este siglo. Pero en lugar de continuar por esa senda de éxito, los gobiernos posteriores a Fujimori prefirieron el camino de regreso.

El presupuesto público crece desmesuradamente. Se duplica cada diez años. El gasto público aumenta, mientras la economía se paraliza. Es sintomático. La tesis de arrojarle dinero público a la economía para que esta se reactive, no funciona. Es un mito. La economía se reactiva con la llegada de capitales frescos en inversiones. Eso y la empresa privada son los caballos que tiran para sacarnos del hoyo. El crecimiento del Estado es como agregarle más lastre a la carreta. Si no hay nuevas inversiones no hay forma de que esto arranque. La creación de más empresas y más empleos depende de liberalizar el segmento que aún sigue asfixiado: el empleo.

Hasta ahora solo se han destrabado un par de grandes proyectos, y no hay reformas a la vista. Se requiere convicción y autoridad para emprender reformas, pero también mano firme para enfrentar a los sectores reaccionarios que se opondrán. Sin embargo, el primer paso es siempre conseguir el apoyo político a base de pactos y acuerdos de ancha base. PPK no está haciendo nada de esto. Solo se deja llevar por las aguas.

Los pobres no van a disminuir con programas sociales sino con empleos. En vez de políticas de apoyo social, hay que generar empleo. La gente debe depender del empleo, no de programas sociales que solo generan corrupción pública, parasitismo social, clientelismo político y atraso. Es decir, la fórmula perfecta del fracaso socialista ya tantas veces comprobado. Desgraciadamente acá prevalece la demagogia social a cargo de políticos baratos, apoyados por el progresismo.

Estamos repletos de demagogos e ignorantes políticos que viven atacando a la empresa privada, maldiciendo a la Confiep, condenando a las AFP, criticando el lucro, exigiendo mayores controles al Estado, culpando de todos los males al neoliberalismo, a los noventa, etc. Es decir, el perfil del típico idiota latinoamericano de los setenta, vivo y de regreso en el nuevo milenio. Un perfil reflejado fielmente en Yonhy Lescano como el arquetipo del político demagogo tradicional de nuestros días.

¿Qué más podemos esperar de una población educada por maestros del SUTEP y del Conare? ¿Qué esperar de los egresados de universidades públicas, donde siguen enseñando los trasnochados izquierdistas del siglo pasado? ¿Qué esperar de una generación a la que se le ha enseñado a odiar los noventa como fundamento de la acción política? Lo único que queda es esperar sentados la siguiente debacle nacional.

 

Dante Bobadilla

 
Dante Bobadilla
27 de julio del 2017

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