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Saca el número y mira si te acercas a la meta

Columna

Saca el número y mira si te acercas a la meta

18 de Agosto del 2017

El arte de hacer buenas políticas sociales

Hace unos meses, un colega muy reconocido en Colombia me señalaba la importancia de “sacar el número antes de emitir una política pública”, como paso inicial para elegir qué dirección tomar en políticas sociales. Eso me hizo recordar mis cursos de políticas sociales, especializados en modelos económicos y tópicos de regulación de mercados, de la maestría. Y hoy creo que “hacer el número” es vital para garantizarle al ciudadano que cada sol invertido en los programas de inclusión es socialmente eficiente.

Y aquí, ya se trate de ideología política de izquierda o de derecha, hay consenso en que cada sol que el Estado invierte (que en su gran mayoría es producto de recaudación) tiene tres características fundamentales. En primer lugar, enfrenta un costo de oportunidad (¿cuánto hubiese generado de retorno social si ese sol se invierte en un proyecto alternativo?); segundo, que debe estar focalizado, y eso supone tratar de llegar al 100% de la población vulnerable pobre; y tercero, que debe ser parte de un engranaje que le permita al pobre de hoy dejar de serlo, él y sus hijos, mañana.

Es por ello que los programas sociales sistémicos siguen el curso de vida del ciudadano. Se concentran en la niñez, para evitar altas tasas de mortalidad infantil y altas tasas de desnutrición, y así lograr que el niño desarrolle sus habilidades cognitivas y sociales. Es la primera condición para que en un entorno en el que la educación y la salud son de calidad (tema que resulta clave para que el modelo funcione y no sea solo asistencialista), el niño tenga las mismas opciones que otro que nació en un hogar de clase media o alta.

Aquí por tanto, importa el número, no solo de cuántos niños están coberturados y cuantos lograron la meta de sobrevivir y estar bien nutridos, sino que la lógica de la política social debería aspirar a que cada vez sea menor el número de niños en esta condición, porque se está reduciendo la pobreza de manera sostenida. Por ello, el dato que se requiere es la evolución en el tiempo que permita evaluar la tendencia y, al mismo tiempo, el costo y la efectividad de las políticas aplicadas.

Lo segundo, es que los programas de apoyo a las familias pobres vulnerables deben además ser construidos de manera que sumen a las actividades productivas de subsistencia que venían realizando, y que no alimenten más bien su improductividad y, con ello, las condenen a la pobreza permanente. Eso supone desarrollar actividades productivas con capacitación permanente y conexión con el mercado, a fin de que el apoyo económico temporal no sea solo asistencialista.

Aquí lo he dicho antes y lo repito: un recorrido por las zonas pobres rurales del Perú basta para que nos demos cuenta de que el Programa Juntos requiere una redefinición de carácter estructural, pues ahora es posible enganchar con los tambos y generar actividades asociativas productivas con potencial de crecimiento a mediano plazo.

Lo tercero es que nadie duda de que, como sociedad, no podemos permitir que un anciano pobre viva sin un mínimo de pensión. La solidaridad es fundamental; pero aquí, además de esperar que el número de personas que nunca aportó se reduzca en el tiempo (porque la calidad del empleo mejora), el objetivo es que la forma cómo se financia Pensión 65 cambie, y que sea menos costoso fiscalmente.

En esa línea, hay experiencias interesantes en Colombia y en India, que usan aporte adicional por parte del Estado y que son administradas en cuentas individuales de capitalización, desde el día en que una persona nace en un hogar identificado como pobre. Eso reduce hasta en un 50% el costo de la transferencia estatal al momento de la jubilación, debido a la rentabilidad obtenida por la administradora de fondos privada y debido a la existencia de programas de seguimiento durante la vida laboral activa del trabajador, que le generan incentivos económicos (préstamos, seguro de salud, gasto en educación) para aportar, aunque sea un monto mínimo, para su pensión.

Las políticas sociales son un arte y tienen una misión: acompañar en el crecimiento económico a las poblaciones vulnerables para que estas puedan también acceder a las mismas condiciones de desarrollo que el resto de sus compatriotas.
 

Giovanna Prialé Reyes