Dante Bobadilla

Dante Bobadilla

Perú problema

Los odios han superado a la razón y la reflexión

Perú problema
Dante Bobadilla
30 de agosto del 2018

 

Muy poco ha cambiado la política peruana desde los inicios de la República. Antes los militares se disputaban el poder a balazos, y hoy lo hacen los civiles con demagogia y campañas de medios. Si es que a eso le podemos llamar política.

Ya no asesina a los rivales, ahora los desprestigian mediante portadas de prensa, falsos reportajes, encuestas dirigidas y complicidad de jueces y fiscales corruptos. La prensa tampoco ha cambiado desde Montesinos. Solo se ha perfeccionado y sofisticado. Hoy la coima es una subvención direccionada del Estado.

Nunca tuvimos tiempo para construir una nación ni para tener una visión. Mientras los trepadores confabulaban para asaltar el poder, la casta de burócratas crecía dentro del Estado como infestación de ratas hambrientas. La política se convirtió en el asalto del poder por el solo placer del poder. Una especie de patología. La presidencia pasó a ser la ambición de egos desbordados, y fue empleada para el gasto irresponsable del dinero público (y hasta del privado), y para lucir como el salvador de la patria.

La democracia no fue mejor que la seguidilla de dictadores. Al contrario, fue más fácil llegar al poder mediante la demagogia, la charlatanería y la mentira. Hoy la política atrae básicamente a ilusos, delirantes, mercachifles, delincuentes de cuello y corbata y delincuentes baratos. Nadie tiene idea de los problemas del país ni de las prioridades. Repiten clichés gastados como la descentralización y la desigualdad. Sin disciplina ni organización partidaria, ignoran toda ideología o doctrina política. Ni siquiera saben si son de izquierda o de derecha. Actúan en el limbo político, defendiendo sus intereses y sus locuras personales, o vendiendo su voto.

No es raro, pues, que la corrupción reine en la burocracia: un inmenso paraíso sin control donde los corruptos son intocables gracias a la estabilidad laboral. Y donde el Estado crece sin medida porque cada gobernante se dedica a crear más ministerios y dependencias públicas, bajo la creencia mágica de que el Estado es la solución.

Entre la gente prima la equivocada idea de que la democracia es buena porque sí. No saben claramente lo que es, pero exigen “democratizar” todo. De nada ha servido “democratizar” la universidad, por ejemplo. No ha mejorado. Al contrario, se ha desnaturalizado. Y hoy quieren “democratizar” el Poder Judicial y otras cosas.

Abundan los charlatanes democratizadores que quieren que el pueblo apruebe con su voto temas tan relevantes y complejos como una Constitución o una reforma política. ¿Entonces para qué tenemos un Congreso? ¿De dónde salió esta disparatada idea? De la demagogia y la ignorancia. La misma que pide cerrar el Congreso. Todo esto revela que la gente no tiene idea de lo que es la democracia ni entiende nuestro sistema político. ¡Si hasta hay congresistas que piden cerrar el Congreso!

Lo que tenemos hoy es uno de los gobiernos más mediocres de nuestra historia: desorientado, sin doctrina y sin partido. El presidente ha llegado al ridículo de esconderse para dialogar con la lideresa de la oposición. Y su máxima propuesta es el referéndum, lo que revela su incapacidad para convocar al diálogo amplio y abierto. Y este trasnochado proyecto lo ha presentado con majadería, pretendiendo pasar por encima del Congreso para que sea “el pueblo quien decida”, y con plazo.

Esto, señores, es pura demagogia barata. No se puede permitir. Lo que le toca hacer al Congreso, ya que el gobierno es incapaz, es convocar al diálogo para sentarse a consensuar una reforma bien pensada y debatida. No hace ninguna falta acudir al gasto inútil de un referéndum populachero. Basta de payasadas.

La corrupción es parte de nuestra idiosincrasia y de un Estado podrido, pero acá la utilizan como campaña para destruir al enemigo político. A la corrupción hay que sumarle el cinismo político. Ahora ya nadie distingue la verdad de la mentira, ni la realidad del relato. Los odios y la estupidez han superado a la razón y la reflexión. Los medios atizan la confrontación Ejecutivo-Congreso, y la gente espera ansiosa ver quién dará el primer golpe. El escenario es perfecto para que salga un aventurero dictador con su atuendo de salvador de la patria. Pobre Perú.

 

Dante Bobadilla
30 de agosto del 2018

NOTICIAS RELACIONADAS >

Un gobierno bananero

Columnas

Un gobierno bananero

  Después de una saga de saltimbanquis en el poder, hemos...

20 de septiembre
Aprendiz de dictador

Columnas

Aprendiz de dictador

  Parece que Martín Vizcarra ha decidido seguir la escuel...

13 de septiembre
Las reformas políticas

Columnas

Las reformas políticas

  Las palabras más usadas por los políticos son &l...

06 de septiembre

COMENTARIOS