Dante Bobadilla

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OTRA VUELTA DE TUERCA

OTRA VUELTA DE TUERCA
Dante Bobadilla
12 de enero del 2017

La izquierda y el escándalo de megacorrupción que llega desde Brasil

La debacle del progresismo a escala mundial fue la noticia del año 2016. El triunfo del Brexit en Gran Bretaña, la derrota de las izquierdas en España, el retroceso del socialismo en Francia, etc. En América destacan el triunfo de Trump en EE.UU. y del “No” en el referéndum de Colombia, rechazando una paz sin dignidad frente al grupo terrorista FARC. Mención aparte merece la caída de Dilma Rousseff en Brasil y el destape del escándalo de la megacorrupción internacional liderada por el PT, de Lula, con su red de empresas coimeras. Luego, los juicios de corrupción a Cristina Kirchner, en Argentina, y como la cereza del pastel llegó la muerte de Fidel Castro. Más no se puede pedir, por el momento.

En cambio, en el Perú las cosas no le fueron tan mal a la izquierda. Electoralmente siguen siendo débiles, pero encontraron una candidata que superó todas sus expectativas tan solo posando como Miss Simpatía. Eso fue bastante tras la debacle humillante de Susana Villarán en su porfiado intento de reelección a la alcaldía de Lima. Luego la izquierda volvió a sus tradicionales pleitos de corral, y políticamente se han anulado entre ellos. Pero están allí como la segunda fuerza política del Congreso.

Lo único que puede significar otra vuelta de tuerca para la izquierda es que el escándalo de megacorrupción que viene desde Brasil acabe comprometiendo algún liderazgo importante. Hay mucho nerviosismo en el ambiente y empiezan a ocurrir cosas muy extrañas: CLAE resucitó para devolver dinero. ¿No es raro? Y hasta el matrimonio gay recuperó las portadas tras un fallo insólito. Solo falta que una virgen empiece a llorar. Veremos qué más pasa, mientras la hacen larga para enfrentar el caso Odebrecht y otros vinculados.

Resulta sospechosa la lenidad que exhiben las autoridades, para no hablar del silencio de las calles. Hasta ahora nadie se anima a convocar una marchita. Es obvio que la dignidad progresista no da para tanto. Los portales web del progresismo infantil siguen en la ardua tarea de tratar de enlodar a los gobiernos anteriores a Toledo. Están googleando duro. Aunque la gente ya se ha burlado de esa absurda pretensión de querer investigar la presencia de Odebrecht desde la fundación del imperio incaico.

Por menos que esto, hace poco las calles hervían de indignados, tras la difusión de los vladivideos. De hecho, todavía los siguen viendo y promocionando. Entonces los fiscales pedían prisión preventiva solo por las dudas. Había procuradores como Julio Arbizu, que empezaban su gestión cual mono con metralleta, corriendo a confiscar viviendas de viudas, subido en una tanqueta con chaleco antibalas para luego declarar a la prensa con una pose de superhéroe de la lucha antifujimorista. Sin embargo ahora no pasa nada. La megacorrupción internacional de la izquierda progresista ha remecido los cimientos en varios países, pero acá todo sigue normal. Los nombres de los coimeros sigue siendo un misterio tan profundo como de qué viven los “periodistas” de los portales progres. Nadie lo sabe.

Hay quienes anuncian resignados que no pasará nada. El imperio caviar se saldrá con la suya y nunca sabremos nada, aseguran. Hay razones para pensar así. Y es que los montos de dinero involucrado son enormes. Algunos calculan US$ 600 millones en coimas y otros hablan incluso de miles de millones. Eso alcanza para comprar muchas conciencias.

Pero el otro factor de esta corrupción es que es muy amplia. A muchos les ha llegado alguito. Propinas de unas cuantas decenas de miles de dólares bastan para contentar colectivos enteros de progres jugando al periodismo en la web o a los indignados en las calles. Si no díganme ¿de qué vive tanto vago activista en tanto colectivo progre? Alguien tendría que dar una explicación de por qué hay tantos activistas que no tienen ocupación conocida ni perfil profesional, que no saben escribir ni pensar, y sin embargo tienen una columna en un diario solo para repetir las mismas relamidas consignas en contra del fujimorismo y el alanismo cada semana. Esto ocurre solo en el Perú. El poder del progresismo no es electoral ni político, pero se mueve en sus cloacas. Y hay mucho dinero oscuro y pestilente dando vueltas por allí.

Por Dante Bobadilla
Dante Bobadilla
12 de enero del 2017

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