Nancy Arellano

Nancy Arellano

Nueva realidad, nuevo liderazgo

Reflexiones sobre liderazgos modernos

Nueva realidad, nuevo liderazgo
Nancy Arellano
18 de enero del 2018

 

Hablar del Liderazgo de la Nueva Realidad (LNR) no es más que comprender cómo ha evolucionado el sistema político y económico en pleno siglo XXI. Como señala mi colega, el politólogo venezolano Claudio Suárez Infante, el LNR "impone las tres E: empatía, energía y emprendimiento”,  porque se trata “del que hace” más que del “que habla bonito”. Pasar de la política discursiva a la operativa y empática responde a la propia dinámica del marketing 4.0  (Ver gráfico 1).

Entender este acercamiento supone además comprender cómo las brechas entre lo político y lo comercial han venido zanjándose. Se está en un camino de superación de las contradicciones entre los fines políticos y económicos, no por "economización" de la política, sino por politización de la economía. Y se entiende que la política se ha humanizado tanto como los propios procesos comerciales a escala global.

Se pasa entonces en la política a la comprensión humanizada de las campañas en función de —más allá de que sean entregables a la ciudadanía— adhesiones por ideales y emociones (que no es lo mismo que por dogmas y doctrinas), centrándose en la empatía como concepto clave de la comunicación política. En lo comercial se pasa a la comprensión de las campañas de marketing, más allá  de las promesas de producto, en la propia humanización de las marcas. Ambos bajo el mismo concepto clave de la empatía.  Con una propuesta de valor funcional, emocional, espiritual y además social. Esta es la generación del crowdfunding (financiación colectiva), de las causas sociales (ecologistas, animalistas, minorías étnicas, raciales, sexuales y culturales), de las redes sociales (donde Perú es el líder mundial en consumo de Youtube), del couchsurfing (prestando su sofá a viajeros)

Los ciudadanos del mundo de hoy, y el Perú no es la excepción, propenden al consumo de ideas tanto como de productos, por una fuerte filiación con el estilo de vida propuesto. ¿Qué haces?, ¿por qué lo haces?, ¿cómo lo haces? y sobre todo ¿para qué lo haces? son preguntas que persiguen como fantasmas (que ya no recorren solo Europa, ni es en el mismo sentido de hace casi dos siglos) a los productores trasnacionales y a los candidatos en todos los países.

Este liderazgo 3E (empático, enérgico y emprendedor) que es exigible —y está siendo exigido por las nuevas generaciones y los llamados grupos transgeneracionales como los perennials—  representa un momento de cambio y una oportunidad para las candidaturas modernas, flexibles, de posiciones transgresoras de los estándares conservadores y de mente abierta al cambio (MAC), como lo llama Claudio Suárez.

Y ello impone una seria revisión de las estructuras políticas para lograr abrirlas a formatos de 4G (cuarta generación o partidos neuronales), así como de campañas y gestiones públicas que logren establecer canales de comunicación consustanciados con las tendencias actuales. Canales en los que la estrategia comunicacional sea el relato de los hechos como una historia, ya que se mantiene una línea conductual con un hilo vinculante en cada información que se dé.  

Se trata de que la gestión del liderazgo (y de la propia agrupación política) es un storytelling que, por medio de la narración —–desde el lenguaje, pasando por lo gráfico y finalmente reflejándolo en lo audiovisual­— transmite un mensaje que despierte una emoción en el receptor. Es lo  que finalmente diferencia al marketing 4.0 de los anteriores, que busca generar un vínculo con el usuario a través de emociones, logrando la humanización.

¿Cuál es la ventaja de esto? Al lograr dominar la escena, crear empatía e imprimir energía y emprendedurismo, logramos altos niveles de adhesión política (y proactividad ciudadana). Esto permite, por un lado, ganar elecciones; y por otro, niveles de gobernanza que se traducen en el éxito de la implementación de políticas públicas en armonía con el sector privado y en plena satisfacción de las mayorías ciudadanas.

Hasta el momento, estando en un escenario electoral, pocas son las candidaturas que parecieran perfilarse en sintonía con esta nueva realidad, que exige nuevos tipos de liderazgo. Ruedan las pintas, paneles y volantes, como calco y copia de hace cuatro años, causando los mismo niveles de desesperanza y frustración de los viejos liderazgos que nada lideran.

Es por ello que estamos ante la oportunidad de construir candidaturas dotadas de elementos creativos (no por ello menos organizadas), de establecer estrategias de marketing de guerrilla para atraer la atención de la ciudadanía, de ofrecer soluciones verosímiles —en lugar de las mismas propuestas genéricas y manidas— y, por supuesto, de abrir paso a toda una nueva generación de líderes que logren, junto a un equipo funcional y una ancha base consustanciada con los valores de nuestra era, labrarse el camino hacia un país inscrito en la contemporaneidad global, más allá de las cifras macroeconómicas. La realidad no espera, el país tampoco.

 Gráfico 1

 

Nancy Arellano
18 de enero del 2018

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