Jorge Valenzuela

Nouvelle incendiada

Nouvelle incendiada
Jorge Valenzuela
01 de julio del 2015

Sobre la fallida nouvelle Pequeña novela con cenizas de José Carlos Yrigoyen

Sin duda, uno de los aspectos más considerables a la hora de valorar una novela es el relacionado con el perfil de los personajes, con su valor y trascendencia, con lo que portan, con lo que significan social e individualmente. De este modo, nos resultan no solo memorables, sino literariamente importantes, personajes como El poeta de La ciudad y los perros, el Julius de Bryce o Ernesto de Los ríos profundos por citar solo tres ejemplos de nuestra tradición narrativa. De otro lado, si pensamos en un escritor como Kafka, con severos problemas paternos, observaremos cómo, en una novela corta como La metamorfosis, consigue reelaborar su drama personal superando la simple narración naturalista de los maltratos familiares y el anecdotismo de lo vivido, convirtiendo su sufrimiento en una gran alegoría sobre la crisis del sujeto moderno.

La reciente publicación de Pequeña novela con cenizas, nos sirve, si pensamos en los ejemplos arriba citados, para poner en evidencia los límites y vicios de la autoficción cuando, como es el caso, el autor explota su experiencia personal situando en el centro del relato (afectando las posibilidades expresivas y significativas del texto) la vida intrascendente de un muchacho de la pequeña burguesía limeña que narra una historia absolutamente trillada y conocida de maltrato paterno. Pero no solo se trata de esto, en realidad estamos frente a un relato que opera con las limitaciones del naturalismo narrativo en el intento de convertir a una de las figuras centrales del relato, es decir, al padre, en un concentrado de maldad (allí tenemos la preeminencia, en el análisis, de lo temperamental y hasta de lo fisiológico en su conducta, y las referencias al medio como causantes de la corrupción paterna en la mención al contexto fujimorista de la época). Podríamos sumar a esto el manejo de un lenguaje que emplea símiles decimonónicos: “Pero un día indeterminado esa fe se perdió, sin dolor, como a quien le erradican una extremidad donde la necrosis ha impuesto sus maneras” (p.11) y verbos de una ampulosidad y afectación sorprendentes: “Durante quince años acepté que mi padre me profanara sin oponer mayor resistencia, pues la sola idea de incrementar su cólera me atestaba de un pavor que no he vuelto a sentir posteriormente” (p.17).

Ahora bien, en honor de la verdad, debemos reconocer que la nouvelle se esfuerza por no ser solamente eso, es decir, la simple historia de un muchacho que quiere vengarse de su padre. Es evidente que el autor, en algún momento se dio cuenta del carácter baladí de su historia y trató de combinarla con algo que le diera profundidad, importancia, trascendencia. De ese modo aprovechó la investigación que estaba desarrollando sobre la vida y muerte (sobre todo este último aspecto) de Pier Paolo Pasolini y trató de realizar un contrapunto que, en el diálogo de los dos planos narrativos, pudiera enriquecer al plano escrito bajo la modalidad autobiográfica. Pero, ¿cuál fue el resultado? Una novela que, de manera forzada, trata de fundir el relato autoficcional de maltrato paterno con un ensayo bastante intelectual y lleno de referencias librescas sobre la vida del cineasta italiano, intento fallido que se hace notorio no solo en la infinita distancia que media entre ambas vidas (evidenciada por el propio narrador quien confiesa haber creado una voz homoerótica en sus libros de poemas para vengarse de su padre, y la vida fascinante y trágica del director de Teorema ) sino en la forma en que, finalmente, quedó estructurada la obra.

En este sentido es evidente que, desde el inicio y hasta el capítulo cuarto, el narrador se esfuerza por fundir su historia personal con la investigación sobre Pier Paolo Pasolini sin que esa relación llegue a cuajar realmente. Lo grave sucede cuando a partir del capítulo quinto la novela sufre un desbalance que convierte en protagónica a la historia del cineasta italiano que, al final cobra vida propia y se desentiende de la primera, con la que venía dialogando. Allí es donde la novela hace crisis. De modo imprevisto el ensayo sobre Pasolini se vuelve protagónico y la historia del conflicto paterno se resuelve de manera abrupta y hasta contradictoria. Luego, como observará el lector, la novela se cierra con lo que el narrador considera el plato fuerte: el relato, casi periodístico, de la muerte de Pasolini.

La autoficción, modo narrativo que no se desentiende de la vida del autor y de su proyección ficcional en el texto, supone riesgos que, a veces, son difíciles de sortear, como en este caso.  Siendo gráficos podríamos decir que toda la nouvelle de Yrigoyen no equivale a un párrafo de las confesiones de Vargas Llosa en El pez en el agua cuando se refiere a su padre.

Los libros, lamentablemente, no solo son buenos porque puedan ser leídos con facilidad, porque sean honestos o liberen a los autores de sus traumas. Los de Paulo Coelho, también tienen esas características.

Para terminar, le recomendamos a Yrigoyen la asistencia a un taller de narrativa. Estamos seguros que le hará mucho bien.

SOBRE EL AUTOR

-José Carlos Yrigoyen

Pequeña novela con cenizas (Editorial Planeta).

- Puntuación: 0,5 estrellas

- Relación con el autor: Espero que ninguna.

Por: Jorge Valenzuela

1 – Jul – 2015

Jorge Valenzuela
01 de julio del 2015

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