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El sueño de PPK: una República moderna y justa

Columna

El sueño de PPK: una República moderna y justa

28 de Julio del 2017

Un ejercicio de franqueza, de verdades que duelen

Antes de escuchar el discurso, había ojeado los diarios locales, encontrando una coincidencia en lo que probablemente serían los temas centrales a los que acudiría Pedro Pablo Kuczynski, a saber, la economía, la inseguridad y la corrupción. Minutos más tarde, eso es lo que hizo, y algo más. Un discurso con problemática y como dicen los campesinos cusqueños, con “solucionática”.

A las 11 a.m. el presidente comienza la lectura. Va a ocuparse de las reformas que le parecen convenientes, pero pide a la Cámara, de antemano, agradecer a los voluntarios en la lucha contra los daños de El Niño, y señala el palco presidencial y nueve peruanos que obraron a favor de los damnificados, como voluntarios. Los menciona por sus nombres, y uno por uno, el público presente los aplaude. Luego, otro gesto, pide guardar un minuto de silencio por las víctimas.

Desde las primeras frases, con voz nítida, fuerte, en una disposición a la franqueza –que no habíamos escuchado durante el gobierno anterior– PPK dice sinceramente que no había podido cumplir las reformas que preparaba puesto que dos inmensas desgracias cayeron sobre nuestro país: El Niño costero y Lava Jato. Ante la primera plaga, nos hace saber que la reconstrucción con cambios va a costar S/ 20 millones. Abrevio lo que dijo sobre Lava Jato. “La cadena de pagos que se interrumpieron”. Largamente nos dijo lo que queda por hacer en infraestructura destruida, “8,000 kilómetros de carreteras, 2,000 colegios, los damnificados, y de inmediato, los ríos que serán modificados, el Piura, Olmos, la quebrada de San Ildefonso. Al tiempo que se reubica la gente fuera de las quebradas”. En fin, esas catástrofes, nos han costado dos puntos menos del PBI. Por mi parte, no veo esos párrafos como un pretexto. Ambos hechos, la corrupción y la naturaleza, estaban fuera de su poder. Y la primera viene de atrás.

Lo que sigue es francamente saludable. El presidente entrega un libro de la Memoria de su primer año de gobierno a cada congresista. Luego, en el curso de su exposición, cinco proyectos de ley que son depositados, con la solemnidad del caso, a la mesa presidencial del Congreso. Proyecto sobre la reforma del Consejo Nacional de la Magistratura. “Desconocida entidad”, la llamó con ironía. Pero a lo que voy. El presidente actual no es el tipo de mandatario que se contenta con presentar sus proyectos. Pedro Pablo Kuczynski no perdió una ocasión para señalar defectos y retrasos. Por ejemplo, “un país con un feminicidio por día”, y “el tercero en el mundo en violaciones”. A PPK lo hemos tomado como un tecnócrata. Acaso nos estábamos olvidando de qué canteras viene, que son las del conocimiento, la cultura. Y el saber indignarse. Ha dicho en alta voz que somos un país racista. Ese rol crítico es raro en los mandatarios peruanos.

Mezcla en su discurso lo mal que anda un sector —por ejemplo, el judicial— admitiendo que “está sobrecargado”, y nos da cifras: “85,000 presos cuando solo hay capacidad para 37,000”, y pedidos sensatos, “debemos acelerar las sentencias”, y el anuncio de que piensa construir “unos 10 penales”. El sistema oratorio de PPK es una tríada, cifras, sinceridad, proyectos. Hay que recordar que ese discurso no se dirige solo a los medios y a políticos, sino también al ciudadano que puede no conocer esas cifras. Me alegro de que haya dicho que en “el gobierno anterior ha metido 50,000 personas más en el cuerpo de funcionarios”. ¡Qué cara habrá puesto Ollanta en su celda! Por lo demás, PPK arrancó reconociendo “la independencia de los poderes del Estado”.

Me sorprendió su interés por el agro, “abandonado en los últimos decenios”. ¡Lo dijo! ¡Y habla de llamar a las rondas campesinas! Este hombre no es un palaciego. Habla con claridad. “La miseria del agro”. Un 43% de la población rural. Y luego, el agua para todos, la ampliación de los gastos por salud, la Alianza del Pacífico, la idea de recibir a venezolanos con “permiso residencial”, y los preparativos para el Bicentenario. Sin duda, su disposición al diálogo con las fuerzas políticas, “una democracia busca consensos”.

En suma, en este feriado de un 28 de julio hemos visto a un estadista. Quiere un país moderno. Lo dice. Sabe que no lo somos, por el momento. Entonces, no es cierto que tiene la mirada de los tecnócratas. Estos son necesarios, siempre y cuando el presidente tenga una visión global, holística. PPK la tiene. Se puede discrepar de los objetivos, pero hay un proyecto. Lo que quiero resaltar es ese ánimo crítico del presidente. No es muy común esa actitud. Pero hoy un mandatario nos está diciendo que el Perú que deseamos, todavía no existe. Cuando “cada peruano respete a otro peruano”. No sé cuánto podrá hacer de lo que quiere hacer para llegar “al sueño de la República”. Ese discurso lo he sentido como un ejercicio de franqueza, de verdades que duelen, de un hombre que no oculta la alegría que tiene de ser presidente. Es solemne a ratos, como lo exige su rol de mandatario. Y de vez en cuando, un bailecito. Y ha trabajado: cinco proyectos en las manos del Congreso. No está nada mal.

 

Hugo Neira