Dante Bobadilla

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Delirios legales

Delirios legales
Dante Bobadilla
11 de mayo del 2017

Ninguna ley fortalece nada ni protege a nadie

Desde un punto de vista psicológico, es muy interesante el alboroto generado por el D.L. N° 1323, que “fortalece la lucha contra el feminicidio, la violencia familiar y la violencia de género”. Toda ley que usa el verbo “fortalecer” como encabezado solo es cháchara barata. Y más aún cuando quiere fortalecer “la lucha”. Desde el título, esta ley no es más que palabrería cursi destinada a las tribunas. Hoy la demagogia política ha pasado de las plazas a las leyes. Los demagogos ya no prometen obras sino leyes. Toledo organizaba todo un show para firmar sus estrambóticas leyes, y parece que estamos de regreso a ese pasado de leyes rimbombantes pero inútiles.

Ninguna ley fortalece nada ni protege a nadie. Hace años que nos embroman con leyes maravillosas que “fortalecen” los partidos políticos, la democracia, la regionalización, la lucha contra la corrupción, etc. Todas han fracasado y hasta son contraproducentes. Sin embargo, sigue el circo de esta clase de leyes demagógicas, que ya va a un nivel de superchería religiosa. La gente cree que una ley puede protegerlos del mismo modo en que lo hace una estampita. Anhelan tener ley propia para su enfermedad, profesión o género. La gente quiere la protección del dios de los cielos y del dios Estado al mismo tiempo, y para ello buscan un santo y una ley.

También es penoso que la derogatoria del D.L. N° 1323 no se haya producido invocando la racionalidad, sino una mera formalidad. No han defendido el Código Penal, ya tantas veces pervertido por leyes histéricas. No hemos oído un debate entre la razón y la histeria penalizadora. Como en un pleito de manicomio, unos luchan contra el machismo y la homofobia, y otros contra el demonio y el pecado.

Sería interesante averiguar por qué alguien cree que una ley puede protegerlo. ¿Despertarán cada mañana dando gracias a Dios y al Código Penal por un día más de vida? ¿Las evidencias no bastan para percatarse de que las penas no evitan los delitos? Los debates se desarrollan en el plano del fanatismo ideológico y del capricho. Un célebre personaje de la TV dedicó su programa a hacer una pataleta por la derogatoria del D.L. N° 1323, mostrando supuestas pruebas de la terrible homofobia que asola nuestro país, donde los gays son perseguidos por las calles para asesinarlos.

Toda campaña ideológica empieza dando una nueva explicación del mundo, desde una visión apocalíptica. El mundo está tan mal que debemos abrazar la nueva ideología salvadora. Esta fórmula funciona desde los tiempos bíblicos, en los que ya anunciaban el apocalipsis y se pedía abrazar la nueva fe de la salvación. La repitió el marxismo para vender su paraíso socialista y superar el infierno de explotación y miseria capitalista. La usa el ambientalismo para evitar la destrucción inminente del planeta. Y también la usa el progresismo para hacernos creer que este es un horrible país de violadores y homofóbicos, y que debemos abrazar la salvadora ideología de género para construir un mundo feliz. Pero todo eso son patrañas, sin excepción.

Durante toda mi vida he convivido con homosexuales. Siempre han sido parte de nuestra sociedad, he tenido amigos de barrio, colegio, trabajo y profesores gays, y nunca he visto un solo problema contra ellos. Los he visto siempre en sus salones de belleza, prostituyéndose en las avenidas bajo los faroles de la oscuridad. Los veo en la TV y son admirados y queridos. No me van a venir con cuentos para convencerme de que este es un país homofóbico.

No necesitamos importar extravagantes ideologías ni dar batallas histéricas para imponer una falsa moral. La manipulación política que hacen diversas organizaciones internacionales regando fondos para cierto tipo de activismo, debe ser investigada y detenida. No somos monigotes de nadie. Tenemos nuestros propios problemas reales y debemos construir nuestra propia agenda, sin dejarnos manipular por agencias internacionales ni lobbies.

No podemos predicar la igualdad ante la ley creando sectores privilegiados, no podemos pedir igualdad creando desigualdad, ni podemos esperar una sociedad mejor amenazando con leyes draconianas. Hay que tratar a todas las personas con igualdad y respeto, no igualarlos a la fuerza siguiendo ideologías huachafas.

Dante Bobadilla

Dante Bobadilla
11 de mayo del 2017

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