Carlos Arnillas Denegri

Carlos Arnillas Denegri

¿Concepción Carhuancho será la próxima víctima?

No existen garantías para que los jueces ejerzan a cabalidad sus funciones

¿Concepción Carhuancho será la próxima víctima?
Carlos Arnillas Denegri
24 de mayo del 2018

 

La justicia es una herramienta indispensable para asegurar la armonía y la estabilidad jurídica en toda sociedad democrática. Es, así mismo, un instrumento valioso para conseguir el desarrollo económico y asegurar la paz social. Sin embargo, en el Poder Judicial peruano se vienen dando fallos que, por ser insólitos, preocupan a la opinión pública.

Uno de estos controvertidos fallos es el que acaba de dar una Sala Superior de Apelaciones —acogiendo la recusación de la defensa Ollanta Humala y Nadine Heredia— en contra de tres magistrados que decretaron la prisión preventiva de la ex pareja presidencial. A estos magistrados dicha Sala les atribuye “falta de imparcialidad” por el solo hecho de haber ratificado el pedido del juez Concepción Carhuancho y mostrar su desacuerdo con el fallo del Tribunal Constitucional que ordenó la libertad de los Humala, con una apretada votación y a pesar de las críticas de muchos constitucionalistas

Con ese mismo criterio, seguramente, evaluarán al juez Concepción Carhuancho, cuyo caso es similar al antes descrito y sobre el que pesan las iras de la defensa de los Humala, quienes no le perdonan la orden de carcelería por los pagos ilícitos de Odebrecht y del Gobierno de Venezuela, así como por el peligro de fuga. Estos hechos demuestran que la impunidad y la burla son el pan de cada día; y lo que es peor, le dan la razón a las anotaciones de las agendas de Nadine Heredia, quien escribió que “los jueces se pueden escoger” y que en el Tribunal Constitucional tenían a “ojitos”. De allí lo que seguiría, sin duda, es el archivamiento de este sonado y penoso caso de corrupción en el más alto estamento del Estado peruano.

Estos y otros antecedentes nos revelan que la Justicia en el Perú anda mal. A este caso se suma el pedido formulado por la Procuraduría Antiterrorismo y la Primera Fiscalía Superior Penal para apartar —por presunta parcialidad— a los jueces que tienen a su cargo el juicio oral contra los dirigentes del Movadef: Alfredo Crespo, Manuel Fajardo y Alberto Mego. Estos últimos, embajadores de la violencia en el Perú, vienen siendo procesados por el delito de apología al terrorismo y por la emisión y difusión del periódico marxista-leninista Amnistía General, que busca la liberación del cabecilla senderista Abimael Guzmán. Sobre ello cabe precisar que los magistrados recusados por la Fiscalía Penal y la Procuraduría Antiterrorismo habrían impedido que los defensores del Estado utilicen los elementos probatorios que sustentan sus argumentos, dando clara ventaja a los enemigos de la sociedad.

Para los jueces probos que enfrentan las presiones del poder político y económico, y a sus representantes dentro del Poder Judicial, no existen garantías suficientes para ejercer a cabalidad sus funciones. Se ha llegado incluso a separarlos de juicios emblemáticos por la acción de lobbies de importantes estudios de abogados que se valen de diversos mecanismos de influencia, lícitos e ilícitos, en el Poder Judicial, en el Ministerio Público y en los centros de poder político.

La gente percibe que la justicia en nuestro país es corrupta y lenta, a ello se debe su bajísimo índice de popularidad. Los implicados en sonados escándalos de corrupción —como la pareja Humala-Heredia, Alejandro Toledo, Pedro Pablo Kuczynski, Susana Villarán, Verónica Mendoza y centenares de gobernadores, alcaldes, funcionarios públicos, empresarios, etc.— se frotan las manos porque están convencidos de que sus procesos serán largos, lentos y fatigosos. Hasta que consigan que duerman el sueño eterno o sean finalmente absueltos por prescripción del delito, como ha ocurrido con otros políticos.

Sin embargo, el pueblo siente a la justicia tan lejana que no vale la pena invocarla, tal como sucede en la Amazonia o en las zonas alto andinas, donde castigan los delitos con sus propias manos. Ojalá la opinión pública y los medios de comunicación, así como el sector de jueces probos que —por suerte— todavía existen, permanezcan alertas y vigilantes en defensa de los jueces y fiscales que valientemente vienen enfrentándose a los peces gordos que llenan de vergüenza y oprobio a los peruanos.

 

Carlos Arnillas Denegri
24 de mayo del 2018

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