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Algunos sinceros asombros y reparos

Columna

Algunos sinceros asombros y reparos

13 de Marzo del 2017

Tres temas actuales del debate político peruano

 

Sin sectarismo ni excluyendo a nadie, escuchando tan solo la voz de mi conciencia y distante de las menudas pasiones políticas que nos devoran, van estas tres notas.

 

1) Espero que alguna mañana por la mañana tenga el gusto de coincidir con alguna de las crónicas que sobre política da a conocer Mario Vargas Llosa. Por lo visto el cielo me niega esa complacencia. Acabo de leer un texto suyo sobre los populistas. Sostiene que ese es “el nuevo enemigo”. No me preocupa tanto el modo en que abordas este tema, el populismo, sino la palabra “enemigo”. ¿Qué pasa, Mario? Te pido que recuerdes los días en que siendo jóvenes nos encontrábamos en París. En ese tiempo, había un profesor de filosofía y política que se llamaba Raymond Aron. ¿Y sabes lo que dijo? “En política no hay enemigos, sino rivales”. Aron era un liberal, cuando decirlo no estaba de moda. Y su definición de lo público es magistral. Porque si política es establecer quién es el enemigo, como dices, entonces ya no es política, es guerra. Y la peor de ellas, guerra civil. La rivalidad es otra cosa. Al rival se le necesita. ¿Si no cómo competiríamos con otros en el fútbol, en un tablero de ajedrez? ¿Sabes quién tenía la urgencia de hallar un enemigo? Carl Schmitt, el filósofo alemán que fusionaba guerra y política, tan reaccionario que Hitler lo consideraba a su derecha. Por lo demás, el populismo es un tema muy ambiguo, Mario. No sé si conoces uno de los libros que recientemente se han publicado en Francia. Populisme, contre-populisme (PUF). Acabo de terminar un libro. Y uno de los capítulos que más trabajo me ha dado es sobre los populismos. Son inclasificables. No por eso “enemigos”.

 

2) Las marchas en Lima, “con-mis-hijos-no-te-metas”. Obviamente, una marcha se respeta, se esté o no de acuerdo. El mínimo de civismo que se puede tener es reconocer a la gente el derecho inalienable de expresarse públicamente y en las calles. Por ahí, OK. No entro a ese debate, pero añado que me resulta patético que a funcionarios del Estado los ocupen en contrarrestar una marcha calificada “de homófobos”, mientras centenares de miles de peruanos están con los pies en el agua.

 

Ocurre que eso que llamamos democracia no es solo un tipo de régimen político, es más bien algo que nace en Atenas, hace 2,400 años, para “saber vivir juntos”. Las marchas son necesarias, pero algo falta ostentosamente en nuestra vida pública. No hay debate en Perú entre quienes tienen opiniones antagónicas. En la democracia cuentan las discusiones, esa es su alma. Los debates exigen argumentos, persuasión. Y ese tipo de debates no hay en Lima. No en la televisión, en radios ni en universidades. Me dirán que Jaime de Althaus invita a gente variada, o Cecilia Valenzuela, o Magaly. No es lo mismo. Ellos son el centro de la atención. Son stars. OK, pero lo que reclamo es lo que estoy acostumbrado a ver —¡en otros países!—, es un formato distinto. Veo controversias.

 

¿Y saben una cosa? Eso es democracia. Escuchar al otro aunque no nos guste. Las marchas políticas en la historia las inventan los fascistas en Italia para militarizar a los italianos. No digo que el que va a una marcha es fascista. Digo que Mussolini es el gran agitador que en los inicios del siglo XX moviliza gente con uniforme y antorchas. Marchas en Lima, ¿y eso es todo? Nos estamos acostumbrando en política a emociones sin ideas. El hecho de que el debate (no diré “alturado”) prácticamente haya desaparecido, es lo que llamaría Barthes parte de “un sistema de signos”. Inquietante, el “yo no hablo con keikistas”, o con ese “porque es de derechas o de izquierda”. Espíritu de secta, solo yo y mi burbuja, más el hecho de que se ha perdido la costumbre de leer. Estamos, 2017, para decirlo parodiando a Barthes, en “el grado cero del pensamiento político”.

 

3) No entiendo a las procuradoras Katherine Ampuero y Liliana Meza. Defensoras del Estado y lo primero, ¿complican al presidente? Miren, me ocurrió cuando vivía en la Polinesia Francesa y pasaba por Santiago con una parada, antes de proseguir a Lima. (En 15 años, 23 viajes a Lima.) En uno de esos viajes llego, y me tomó dos horas para llegar a mi hotel, las pistas estaban ocupadas por una huelga de camioneros. Me dije, el día de mañana va a ser un problema. Pero a la hora del desayuno me doy cuenta de que no queda un solo camión. Y eran kilómetros de huelguistas. Pregunto qué ha pasado y me explican. Dos procuradores del Estado –como las dos damas mencionadas– tomaron la decisión de judicialmente suspender esa huelga que paralizaba a millones de ciudadanos. Unas grúas enormes del Ejército levantaron los camiones, los dirigentes del gremio protestaron y cincuenta de ellos fueron detenidos. Esto no ocurría con Pinochet, sino con el democrático presidente Lagos. Por cierto, socialista. Él fue a visitar en los calabozos a sus camaradas, que ese día mismo salieron y santas pascuas. Desde entonces entiendo qué es un procurador del Estado. Un funcionario que lo defiende. ¿O no? Procuradoras del Estado contra el Estado. Genial!

 

PD: Butters en Exitosa. Con la estampida de periodistas, ya lo han hecho candidato.

 

Hugo Neira

Fotografía: Christian Quispe