En un artículo anterior señalamos que durante las reform...
Machu Picchu vuelve a estar en el centro de la atención internacional, pero por las razones equivocadas. Ocho meses después de emitir su primera advertencia, New7Wonders, la organización que en 2007 la incorporó a la lista de las Siete Maravillas del Mundo Moderno, ha señalado que no existen avances concretos para resolver los problemas estructurales que afectan la gestión del santuario histórico. Más aún, su director, Jean Paul de la Fuente, ha advertido que cada vez son más las voces que plantean retirarle dicho reconocimiento debido a los problemas que enfrentan los visitantes y a la incapacidad de las autoridades para implementar soluciones sostenibles.
Es importante precisar que esta advertencia no afecta la condición de Machu Picchu como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Sin embargo, el reconocimiento de New7Wonders posee un enorme valor simbólico, promocional y comercial. Durante casi dos décadas, la condición de Maravilla del Mundo Moderno ha sido uno de los principales activos de la estrategia turística peruana y ha contribuido decisivamente a posicionar la ciudadela incaica en los circuitos globales de viajes. Cualquier cuestionamiento serio a ese reconocimiento tendría consecuencias concretas sobre la imagen internacional del destino, la llegada de visitantes y la actividad económica vinculada al turismo.
La preocupación resulta plenamente justificada si se considera la importancia económica de Machu Picchu para el Cusco y para el Perú. Durante el 2025, la ciudadela recibió más de 1.5 millones de visitantes entre turistas nacionales y extranjeros, consolidándose como el principal atractivo turístico del país. Alrededor de ese flujo se articula una vasta cadena económica que involucra hoteles, restaurantes, agencias de viaje, operadores turísticos, empresas de transporte, guías, artesanos y miles de pequeños emprendedores.
Antes de la pandemia, el turismo representaba alrededor del 14% del producto bruto interno regional del Cusco y generaba más de 200,000 empleos directos e indirectos. Sin embargo, la recuperación del sector continúa siendo incompleta debido a una combinación de bloqueos, conflictos sociales, interrupciones en los accesos y una gestión pública que no ha estado a la altura de la importancia estratégica del destino.
En realidad, el caso de Machu Picchu resume perfectamente los problemas estructurales que limitan el desarrollo turístico nacional. El Perú acumula reconocimientos internacionales como mejor destino cultural de Sudamérica, mejor destino culinario del mundo y hogar de algunas de las mayores maravillas arqueológicas del planeta. Sin embargo, en el 2025 apenas recibió 3.4 millones de turistas internacionales. La cifra resulta modesta cuando se compara con los más de 100 millones de visitantes que recibe Francia, los cerca de 94 millones de España o los más de 70 millones de Estados Unidos.
El mundo admira al Perú, pero no lo visita en la magnitud que podría hacerlo. Y detrás de esa paradoja aparecen tres problemas recurrentes: inseguridad ciudadana, infraestructura insuficiente y debilidad institucional.
Precisamente esta última falencia es la que hoy se expresa con mayor claridad en Machu Picchu. Los episodios ocurridos durante los últimos años son reveladores. El colapso reiterado de la plataforma estatal de venta de entradas, las largas colas de turistas, las suspensiones temporales de boletos y los conflictos vinculados al transporte hacia la ciudadela proyectan una imagen de improvisación incompatible con un destino de clase mundial.
A ello se suman los bloqueos de las vías férreas y las paralizaciones derivadas de conflictos locales que periódicamente dejan varados a cientos de visitantes nacionales y extranjeros. El diagnóstico planteado por New7Wonders resulta difícil de refutar: uno de los patrimonios culturales más importantes del planeta continúa siendo administrado con estándares que no corresponden a su relevancia internacional.
La situación se vuelve todavía más preocupante si se consideran los riesgos asociados al próximo fenómeno de El Niño. Las lluvias intensas previstas para los años 2026 y 2027 podrían provocar deslizamientos de tierra, interrupciones ferroviarias, afectaciones en carreteras y crecidas del río Urubamba. Aunque la ciudadela misma mantiene una notable resistencia estructural, sus accesos y el entorno inmediato son especialmente vulnerables frente a eventos climáticos extremos.
En este contexto, la propuesta del Plan Estratégico Maravillas (Pemara), impulsada por New7Wonders, debería ser considerada una oportunidad y no una intromisión externa. El Perú necesita un sistema de gestión integral para Machu Picchu que garantice conservación, acceso eficiente, sostenibilidad turística y capacidad de respuesta ante contingencias.
La buena noticia es que todavía existe margen para corregir el rumbo. El turismo internacional continúa creciendo y el sector genera alrededor de 1.3 millones de empleos en todo el país, además de aportar cerca del 3% del PBI nacional. Pero si el Perú desea aprovechar plenamente ese potencial deberá empezar por resolver los problemas de gestión de su principal activo turístico.
Machu Picchu no necesita más discursos ni declaraciones de buenas intenciones. Necesita instituciones capaces de administrarlo con estándares internacionales. Porque perder competitividad turística en el principal símbolo del país no sería solamente un fracaso administrativo. Sería desperdiciar una de las mayores ventajas comparativas que posee el Perú ante el mundo.
















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