J. Eduardo Ponce Vivanco
Un Gobierno con tendencia al error

Las torpezas diplomáticas alrededor del Tratado con Francia
Hemos presenciado una comedia de equivocaciones por la decisión presidencial de no ratificar el tratado de extradición que propusimos, negociamos y firmamos con Francia. La torpeza duró poco por la presión pública. Pronto enmendaron la plana y encomendaron al Congreso la ratificación vía insistencia. Pero la magnitud del exceso obliga a sacar conclusiones para evitar la repetición de yerros tan bochornosos como habituales.
La conducción de la política exterior es una responsabilidad constitucional del Primer Mandatario, en la que es asistido por quien ocupe la cartera de RREE. La tarea trasciende largamente a los gobiernos porque compromete al Perú frente a otros países y organizaciones internacionales. No es un campo en que los presidentes puedan actuar ligeramente porque los Estados y su política externa son continuidades en el tiempo y no deben supeditarse a inclinaciones personales o intereses políticos.
No he visto declaraciones del Canciller Roncagliolo – que firmó el Tratado de Extradición - ni la opinión de la Embajada francesa en el Perú. Sin embargo, la prioridad que el gobierno asignaba a ese tratado se desprende claramente de las declaraciones del doctor Alvaro Rey de Castro, el ex Asesor Jurídico de Torre Tagle que comandó la negociación del proyecto y coordinó las consultas intersectoriales realizadas para que el acuerdo fuera firmado durante la visita oficial al Perú de Laurent Fabious, el prestigioso Canciller francés1. Más aún. El acuerdo fue aprobado por el Congreso el mismo día (23 de julio de 2013) en que se puso en vigor el Convenio de Asistencia Judicial en Materia Penal. La complementariedad de las normas de los dos tratados permite superar las diferencias que pudieran surgir incluso en el ámbito de la reciprocidad que, aparentemente, “preocupó” tardíamente al gobierno. Para fingir una salida, el Primer Ministro dijo que plantearían “actualizaciones” – que tendrían que ser negociadas como enmiendas para incorporarlas al tratado -. Pero ¿se podrá negociar esas modificaciones con una contraparte a la que se ha maltratado sin motivo real? Si es verdad que el Presidente privilegia la relación con Francia, no se entiende lo que hizo y luego deshizo.
Es importante subrayar este exceso tropical porque, como lo ha señalado la jurista Delia Muñoz, está íntimamente vinculado al principio del “pacta sunt servanda”: el respeto a la palabra empeñada en los tratados internacionales, que es la viga maestra de nuestra Política Exterior. El gobierno propuso negociar el acuerdo, lo firmó con todas las de ley y, después que la otra Parte lo ratificó para convertirlo en ley – es el caso de Francia -, el Jefe del Estado proponente se negó a ponerlo en vigor con pretextos insostenibles.
Todos han especulado sobre los motivos de este desafuero tropical. Pero nadie ha observado que tanto al justificar su traspié como al dar marcha atrás, el Presidente ha subrayado que la conducción de la política exterior es una atribución que solo le corresponde a él. No ha reparado, sin embargo, que este honroso privilegio conlleva la responsabilidad de considerar la opinión profesional de Cancillería, que tiene el deber de expresar su parecer con la claridad y convicción que le corresponde como depositaria de la tradición diplomática del Perú.
La seriedad y coherencia en el tratamiento de los asuntos externos se transforma en prestigio internacional. Un activo valioso que la Nación exige respetar y engrandecer.
Por: Eduardo Ponce Vivanco
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