Mario Saldaña
TRUMP Y SU VISIÓN AMURALLADA

Proteccionismo y mercantilismo son tan viejos como su fracaso
La muralla que Donald Trump ha confirmado construirá en la frontera USA/México no solo es un despropósito físico, económico, cultural y humano, sino que es la expresión vívida de su pensamiento: el aislamiento, la seudoprotección y la segregación de quienes estima personas riesgosas y cuasienemigas (los mexicanos).
Tal perspectiva guarda plena consistencia con los otros anuncios en el plano económico y comercial que ya adelantó, en menos de siete días en el poder. La pregunta es: ¿sabrá la mayoría de votantes que apostaron por Trump que la seudoprotección ofrecida no es más que una aspirina para un mal estructural, y que su afanoso líder, en el mediano y largo plazo, ha de empeorar la crítica situación económica y personal en la que se encontraban esos millones de votantes antes de darle su respaldo en noviembre de 2016?
El proteccionismo y el mercantilismo, que son las dos herramientas que el nuevo presidente blande cual varita mágica, son tan viejos como su comprobado fracaso en diferentes experiencias y latitudes. En algunos países de América Latina (Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador, Nicaragua), siguen sufriendo sus secuelas de escasez e inflación, y ni qué decir de la enorme corrupción asociadas a las mismas. En el Perú también hemos vivido esa experiencia, primero con el velascato y luego en el gobierno aprista de los ochenta.
¿Cuál es el denominador común? Total dirigismo económico: te favorezco con menos impuestos si produces o haces esto o lo otro, más aranceles a la importación, castigo a la inversión extranjera, y castigo a la apertura económica y a los tratados de libre comercio, a los que sindicó como “los culpables del empobrecimiento y la falta de empleo para los locales”, etc.
¿Cuál es el efecto de las medidas proteccionistas y mercantilistas en el corto plazo? Recuerden a García 1985/1987: una sensación de alivio, de crecimiento ciertamente artificial; una inflación que iniciará leve, pero que luego irá subiendo pese a los esfuerzos de la FED, aumento del empleo en zonas manufactureras, etc. Todos felices.
Pero en el mediano plazo y largo plazo es donde está lo terrible: inflación descontrolada, atraso tecnológico producto del cierre comercial, pérdida de competitividad frente a sus pares económicos (China, Japón, Alemania, India, Canadá, Australia, algunos países del sudeste asiático). Todo ello por una sencilla razón: los costos de la manufactura “made USA” están en clara desventaja frente a varias economías.
¿Será acaso el propio mercado estadounidense el destino principal de esa nueva producción? ¿En qué porcentaje? ¿El consumidor norteamericano pagará los mayores precios solo por el patriotismo que les inspira el inquilino de la Casa Blanca? ¿O es que todo será financiado a punta de subsidios directos y menores impuestos? ¿Y el enorme déficit fiscal en qué queda? ¿Trump emitirá más bonos para financiarlo? ¿Quiénes le comprarán esos nuevos bonos? ¿Los chinos que, como país, ya representan el principal acreedor norteamericano y a los que les ha tirado la puerta en la cara con su proteccionismo?
Alguien tiene que decirle al votante promedio de Trump que ha comprado una ilusión que no se sostiene, que la lavada saldrá más cara que la camisa y que las murallas solo sirven para esconder populismo, demagogia y una enorme debilidad.
Por: Mario Saldaña C.
@msaldanac
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