Juan Sheput
El ruido en los tiempos de Humala

La reacción del gobierno ante los pedidos para que se investigue denuncias.
Las señales de descomposición son evidentes en este gobierno. Se podría hasta documentarlas y se encuentran en el ámbito del desenvolvimiento de la mal llamada “pareja presidencial”, de los ministros, parlamentarios oficialistas y hasta algunos familiares cercanos. Siendo las señales manifestaciones de una información por el momento escasa, corresponde profundizar en su indagación o investigación para así llegar al fondo de los hechos. Son señales, por ejemplo, el lobby de algunos ministros; los depósitos en cuentas bancarias recibidos por la señora Nadine Heredia; la elección de amigas sin trayectoria ni peso político para la presidencia del Consejo de ministros o del Congreso; el trato favorable para el ex-empleador y afortunado hombre de negocios Martín Belaúnde Lossio; el comportamiento público de Daniel Urresti y el fracaso en la imposición inconsulta de la llamada Ley Pulpín. Las señales emiten signos, datos que se perciben o notan. Es, según diría Nate Silver, lo que sabemos, muy distinto de lo que creemos saber.
El ruido es algo distinto. Son interferencias confusas de una mezcla de situaciones. Por lo general conviven con las señales. Por ello, para el que quiera desviar la atención, es conveniente llamar ruido a lo que son evidencias. Es una forma fácil de descalificar al que está detrás de la señal. Ya desde la antigüedad, un viejo dicho oriental reclama que se mire al dedo en tanto el sabio “señala” la Luna.
El libreto oficialista llama “ruido político” a lo que son justos reclamos de investigación de la oposición. Pretenden bajar la importancia de aquellos diciendo que lo que hay es estentóreo y no real, bullicioso y no sólido, que está en el campo de la grita congresal y no de la investigación parlamentaria. No es así. Lo que hay son señales de descomposición con indicios válidos e información importante que es meritorio investigar.
Dicho sea de paso, esta actitud no es exclusiva del gobierno de Humala. ¿Acaso Nicolás Maduro, Rafael Correa, Evo Morales o Raúl Castro no llaman ruido político a los reclamos o exigencias de sus opositores? ¿No es acaso verdad que Cristina Fernández llamaba ruido político a las manifestaciones que exigían investigar la extraña muerte del Fiscal Nisman? La derecha radical, esa que se expresa a través de autoritarismo, no utiliza acaso los mismos términos para descalificar o quitar importancia a los que están en el otro extremo de sus ideas. Se podría decir que es normal que en democracias poco desarrolladas se trate como ruido político a lo que constituyen justos reclamos de la oposición.
Las señales viajan y tienen fuente de emisión. Eso es lo que preocupa al gobierno: que se sepa el origen de la descomposición política que se vive. Haría bien el presidente en tratar de mitigar esta situación, entendiendo que a estas alturas no sólo basta el cambio de actitud sino también de algunos miembros del gabinete.
Por Juan Sheput
03 - Feb - 2015
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