Arturo Valverde
El Caine: la carta del doctor Keith
La figura del padre en una novela ganadora del Premio Pulitzer
Sí, amables lectores, sé que el Día del Padre se celebró hace una semana. Pero así como a muchos se les da por leer artículos pasados, digamos que en esta ocasión a mí se me da por escribir con ciertos días de retraso estas líneas. Así que, antes de iniciar, empecemos por las disculpas del caso.
Ahora vayamos al punto. Resulta que no hace mucho tuve un grato reencuentro con un autor de quien había leído solo una novela: “Entre dos mundos”. Hablo de Herman Wouk, un escritor estadounidense, que escribió una serie de libros ambientados en la Segunda Guerra Mundial, y que ganó el Premio Pulitzer por su obra: “El Motín del Caine”; acerca de esta última novela me gustaría compartir unas palabras.
La escena transcurre en el Caine. Tras embarcarse en el viejo destructor dragaminas, Willie Keith coge una carta de su padre, cumpliendo con su promesa de leerla al incorporarse al servicio de la marina. Esa carta contiene las valiosas lecciones de vida de un padre a su hijo, a sabiendas de que su muerte se aproxima.
Querido Willie: Sé que estás decepcionado por haber sido destinado a un barco como el Caine. Ahora, tras haberlo visto, es probable que estés enfadado. Pues bien, recuerda que te has salido con la tuya durante demasiado tiempo y que toda tu falta de madurez se debe precisamente a eso. Necesitas darte de cabeza contra algún que otro obstáculo… No te estrujes el cerebro pensando en un futuro lejano. Concéntrate en hacer bien las cosas de ahora…
Más adelante, su padre le escribe:
No hay nada, nada, que valga más que el tiempo. Probablemente pienses que dispones de él en cantidad ilimitada, pero no es así. Las horas desperdiciadas destruyen la propia vida tanto al principio como al final, lo que ocurre es que al final se nota más, aprovecha pues el tiempo… El dinero es algo agradable, Willie, y creo que para conseguirlo cabe sacrificar muchas cosas, pero desde luego no el trabajo que uno desea realmente hacer. Si vendes el tiempo a cambio de una vida regalada y abandonas tu inclinación natural, creo que sales perdiendo en el cambio… Piensa en mí y en lo que hubiera podido ser, Willie, en los momentos en que la vida te ponga en una encrucijada… Me gustaba besarte cuando eras un chiquillo. Eras un niño dulce y simpático, con unos ojos maravillosamente grandes. ¡Dios mío, cuánto tiempo ha transcurrido! Adiós, hijo mío. Sé un hombre. Papá.
Es una carta conmovedora. A leerla.
















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