Luis Gonzales Posada
El blindaje de un mentecato político
AMLO está violando descaradamente el “principio de no intervención”

Intento comprender la intolerable agresividad del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), político mentecato que pretende restablecer en el poder a Pedro Castillo Terrones, a pesar de que este intentó un golpe de Estado y que se encuentra comprometido en numerosos actos de corrupción.
Para encauzar ese objetivo, que implica una flagrante violación del principio de No Intervención en asuntos soberanos de otras naciones, AMLO ha movilizado al bloque chavista, logrando inclusive que el mandatario cubano Miguel Díaz-Canal, representante de una dictadura con 63 años en el poder, denuncie "el acoso" contra políticos de izquierda por parte del "imperialismo y sus aliados" en tácita referencia a Castillo y Cristina Kirchner. Y, además, cuenta con el respaldo de un mitómano, el jefe de Estado de Colombia, Gustavo Petro, que no ha vacilado en denunciar "el apresamiento sin juez y sin defensa de un presidente elegido popularmente", en referencia a Castillo.
Se me ocurre,empero, que con esa campaña AMLO intenta constituirse en el líder máximo de los regímenes de izquierda del hemisferio, porque Evo Morales y Nicolás Maduro, que en su momento fueron los abanderados, están desprestigiados y en agonía política. Otro propósito también sería desviar la atención de los mexicanos sobre su desastroso mandato.
Desde que AMLO asumió el gobierno, en el 2018, hasta la fecha han sido asesinados 187,167 mexicanos, un récord histórico. En las últimas elecciones legislativas se cometieron 100 homicidios políticos. Y la migración hacia Estados Unidos se ha incrementado a 400,000 personas el 2022, porque el gobierno no ha podido controlar a mafias que manejan ese tráfico humano, que muchas veces provoca muertes por asfixia de personas humildes, trasladadas en camiones cerrados. Durante su administración el narcotráfico se ha disparado y los carteles de la droga controlan el 35% del país.
A lo dicho, agreguemos la corrupción. De las 20,000 denuncias presentadas ante la Fiscalía, solo un 4.5% llegan a los tribunales; y de ese porcentaje, 0.2% son sentenciados.
López Obrador, por tanto, debería preocuparse en atender los numerosos problemas que agobian a su patria, incluyendo el agigantamiento de la pobreza –que según CEPAL alcanza a 55.6 millones de mexicanos–, en lugar de dañar las relaciones diplomáticas con un Perú que lucha contra terroristas y vándalos que toman carreteras, provocan muertes, incendian locales públicos y privados, con el propósito de retornar a Pedro Castillo al gobierno. Es decir, con el mismo propósito que anima al entrometido mandatario mexicano, que ha llegado al extremo psicótico de criticar el estado de emergencia decretado para arrostrar la violencia y proteger a los peruanos.
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