Mariana de los Ríos

Coyote vs. Acme: una sátira del poder corporativo y la justicia

Sin renunciar al humor absurdo de la serie “El correcaminos”

Coyote vs. Acme: una sátira del poder corporativo y la justicia
Mariana de los Ríos
29 de octubre del 2026

 

Durante décadas, el Coyote ha sufrido explosiones, caídas y accidentes provocados por los artefactos que utilizaba para capturar al Correcaminos. Sin embargo, nunca abandonó su propósito. ¿Qué ocurriría si decidiera dejar de perseguir a su escurridiza presa para demandar a la empresa que le vende los dispositivos responsables de sus desgracias? De esta premisa parte Coyote vs. Acme, la comedia de Dave Green que convierte la clásica rivalidad de los Looney Tunes en una batalla judicial contra el poder corporativo.

Inspirada en un texto humorístico de Ian Frazier publicado en The New Yorker en 1990, la película imagina un mundo donde los personajes animados conviven con seres humanos. Después de uno de los accidentes con sus artefactos, el Coyote demanda a Acme con la ayuda de Kevin Avery (interpretado por el actor Will Forte), un abogado que deberá enfrentarse a Buddy Crane (John Cena), representante legal de la poderosa compañía. La disputa adquiere mayores dimensiones cuando aparecen indicios de que los defectos de los artefactos podrían no ser simples accidentes.

El primer acierto de la película consiste en transportar al Coyote a este mundo “mixto” sin despojarlo de su esencia. Y su obstinación y sus interminables fracasos adquieren un significado distinto cuando se contemplan desde la perspectiva de la justicia. Deja de ser únicamente el cazador torpe que protagoniza accidentes cómicos y se convierte en una víctima que reclama responsabilidades a quienes se benefician de su desgracia.

Esta inversión de papeles constituye el núcleo satírico del relato. Acme –proveedora de cohetes, imanes y explosivos– debe responder ahora por sus productos. La comicidad surge del contraste entre la lógica delirante de los dibujos animados y la solemnidad de los tribunales. Aquello que parecía una sucesión de accidentes inevitables puede convertirse en evidencia de negligencia empresarial.

La película apunta así a una realidad reconocible: las grandes corporaciones disponen de recursos económicos y legales que las sitúan en una posición ventajosa frente a los individuos. La demanda del Coyote no busca únicamente una compensación por sus heridas; cuestiona la impunidad de una empresa cuya prosperidad depende de vender productos que fracasan repetidamente. El humor permite abordar esta desigualdad sin convertir la película en un drama judicial convencional.

Pero Coyote vs. Acme no se sostiene solo en su argumento. Su mayor virtud consiste en recuperar el humor físico y absurdo de los Looney Tunes dentro de una narración de acción real. Las persecuciones, los cohetes y los artefactos que terminan volviéndose contra su usuario demuestran que la acumulación de desastres sigue siendo un recurso cómico eficaz. Los cameos de Bugs Bunny, el Pato Lucas y otros personajes amplían el universo sin reducirlo a una simple exhibición nostálgica.

Will Forte y John Cena contribuyen a mantener el equilibrio entre ambos mundos. Forte aporta la vulnerabilidad de un hombre común enfrentado a un sistema que lo supera; Cena aprovecha su presencia física para construir un adversario corporativo tan intimidante como ridículo. Sus actuaciones permiten que la acción real conviva con la exageración de la animación.

La película, sin embargo, no está libre de defectos. La insistencia en el misterio que rodea a Acme termina restando espontaneidad a una comedia cuyo principal recurso es la sorpresa. Algunas revelaciones se repiten y ciertas situaciones se prolongan más de lo necesario. La narración habría ganado con mayor concisión y una confianza más decidida en el humor absurdo, especialmente eficaz cuando aparece de manera inesperada.

La historia de la propia producción añade una ironía difícil de ignorar. Warner Bros. decidió archivar la película por razones vinculadas a sus intereses fiscales, antes de que Ketchup Entertainment contribuyera a rescatarla. Así, una obra que cuestiona el poder de las grandes corporaciones terminó enfrentándose a las decisiones de una de ellas. Su accidentado recorrido comercial parece reproducir, fuera de la pantalla, el conflicto que plantea dentro de ella.

Al final, el Coyote continúa persiguiendo algo que nunca consigue atrapar. Pero ahora ha modificado las reglas de un juego en el que siempre ha llevado las de perder. El Correcaminos seguirá escapando y los accidentes probablemente continuarán; lo novedoso es que el protagonista se niega a aceptar que su sufrimiento carezca de responsables.

En esa transformación reside el mérito de Coyote vs. Acme. Bajo las explosiones y los chistes judiciales, la película propone una idea sencilla: incluso en un mundo gobernado por el absurdo, es posible exigir explicaciones. La victoria del Coyote no consiste en alcanzar al Correcaminos, sino en conseguir que alguien escuche su versión de la historia.

 

Mariana de los Ríos
29 de octubre del 2026

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