J. Eduardo Ponce Vivanco
¿A dónde llevan al Perú?
Es imperativo abrir los ojos antes que sea tarde

Entre la palabra voluble y los sospechosos silencios con que se expresa nuestro mandatario, la duda sistemática es el único método que valida el análisis de la acción gubernamental. Sobre política exterior, por ejemplo, partimos de un vacío bautismal, pues no dijo nada en su mensaje inaugural del 28 de julio, a pesar de su obligación constitucional de dirigirla. Fue una omisión sin precedentes.
Pero no pudo evitar pronunciarse, aunque sumariamente, en la visita protocolar que le hizo el Cuerpo Diplomático. Dijo entonces: “Un gobierno del cambio ha llegado en este momento para gobernarnos con el pueblo y para el pueblo, lo que se expresará también en la política exterior y en un renovado esfuerzo por fortalecer nuestra agenda social a favor de todos los peruanos, acá y en el exterior”. Lo que ayudó a comprender los silencios y las palabras fue la designación del camarada Héctor Béjar como el primer canciller del gobierno castillista.
Semanas después de su renuncia, y entiendo que sin solicitar la opinión profesional de Torre Tagle, el presidente decidió emular el ejemplo de Cuba y Venezuela, restableciendo relaciones diplomáticas con la República Sarahui (a la que hasta Bolivia le ha retirado el reconocimiento); una acción que no tiene relación alguna con el interés nacional.
Sospechando que la asesoría al mandatario sobre política externa no proviene de los estamentos profesionales de Torre Tagle, la Comisión de RR.EE. del Congreso ha citado al Canciller en busca de explicaciones sobre esta abrupta decisión oficial, y unas declaraciones escandalosas del Premier Bellido, exigiendo la expulsión de la DEA y planteando el rompimiento de relaciones con EE.UU.
A la luz de estos hechos, parecería cierta una información atribuida a “fuentes cercanas al Gobierno”, anunciando que pronto se designaría como embajador en Argentina a un peruano residente en ese país, que sería acompañado de otros connacionales que asumirían nuestros consulados. Así se concretaría, dicen, la recomendación que entregaron a Castillo sobre la “Democratización de la Diplomacia”, poniéndola en manos de ciudadanos políticamente afines al régimen. Poco después, una desconocida “Coordinadora unitaria de políticas de Estado de los peruanos en el exterior” organizó jornadas virtuales (4 y 5 de septiembre) para debatir originales propuestas, como nombrar a “embajadores políticos plenipotenciarios” provenientes de las colonias de peruanos residentes en el exterior y fiscalizar los sueldos de los funcionarios de carrera, así como la ejecución de las asignaciones de nuestras misiones diplomáticas y consulares.
Sin pretender que se trate de amenazas serias, no parece prudente descartar la posibilidad de que sean parte de la bitácora escondida de torpezas y desatinos cocinados ladinamente entre Perú Libre y el Movadef senderista para descalabrar instituciones republicanas tan arraigadas como Torre Tagle y las Fuerzas Armadas.
Lo que tienen en común manifestaciones como estas es que su raigambre ideológica es la misma que compele al Socialismo del Siglo XXI al desmontaje de las instituciones de la democracia liberal y a la negación de las libertades y los derechos fundamentales que la Constitución vigente garantiza. Con estos descarados objetivos, el comunismo criollo pretende hacernos recorrer el ancho sendero de la Asamblea Constituyente corporativista que propugnan para empobrecer al Perú con una dictadura que asegure la permanencia indefinida de estos agitadores en el poder.
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