Manuel Bernales Alvarado

Manuel Bernales Alvarado

Los negocios del señor Julio César

Sobre la novela póstuma de Berthold Brecht

Los negocios del señor Julio César
Manuel Bernales Alvarado
18 de enero del 2018

 

Eugen Berthold Friedrich Brecht (Alemania, 1898-1956), dejó una novela incompleta, como incompleta y abierta es la vida en el Perú actual. Los negocios del señor Julio César, una obra “menor”, poco conocida y que fue publicada póstumamente. Estimula releerla en una sociedad que arrastra una matriz colonial y cuya República, casi bicentenaria, tiene una generación que vive el crecimiento económico y la democracia representativa en un maremágnum de valores y antivalores, sin buena memoria del pasado reciente. Menos aún de su larga, compleja y rica historia, en la que diversas familias han manejado el destino de este país desde el Tawantinsuyo.

El Libro Primero de Los negocios…, bucea en “la carrera de un joven distinguido”: Cayo Julio César, de la familia Julia (“C.” en la obra). Muy joven afirma, ante deudos y asistentes al funeral de una tía, que por sus padres descendía de los reyes y de los dioses. Revela así una clave de su vida pública al servicio de Roma, todavía republicana: “Los grandes hombres se han esforzado siempre por ocultar el verdadero móvil de sus actos”. Educado en los clásicos, C. debuta defendiendo valores tradicionales: “Cornelio Dolabella y Publio Antonio, que eran las figuras contra las cuales arremetió el joven C. en el Foro, habían cargado media Macedonia en sus barcos, después de una exitosa campaña militar”. En el propio Senado se hablaba de la “necesidad de un completo renacimiento moral”.

La City no confiaba para nada en los buenos ejemplos y en la práctica de moral. Sabía muy bien lo que hacía falta: había que pagar a los funcionarios, pues los señores desempeñaban sus cargos ad honorem. Recibir dinero a cambio les parecía deshonroso; pero con ideales tan elevados no les quedaba otra solución que robar. Y robaban de los tributos de trigo, de las construcciones de carreteras y del agua de los acueductos del Estado. Algunos de los clubes democráticos más ricos comenzaron entonces a financiar los pleitos contra los ladrones senatoriales; contra los más desvergonzados entre ellos, que llegaban a entorpecer la marcha de los negocios de los propios comerciantes romanos en las provincias.

En el Libro Segundo, nuestro señor C. se contrae a las vicisitudes de un aristócrata que ama y cultiva las artes. Se perdió “el iter”, obra de sus momentos con las musas, pero sobre todo ama el dinero y el poder. “C. está en su elemento, como siempre que hay dinero. Hoy dijo a Pomponio Celer (pieles y cueros): Esta elección decidirá la suerte de la democracia. Hay que hablar con la gente humilde para darse cuenta de la efervescencia que hay en los barrios bajos…”.

El narrador también dice que “es difícil trabajar con C.”, y afirma que “oscila de un lado a otro, habla con vaguedad, no sabe lo que quiere… las cosas andan a la deriva, nadie sabe lo que va a decidir…(pero) los dirigentes nunca adoptan una postura definida (porque) está condicionada a la de otros…”. Economía y política inseparables en guerras, paz, subversión o elecciones.

El Libro Tercero, “Clásica administración de una provincia”, resultaría mejor traerlo a colación en una república imperial o en un sub hegemón como el Brasil, que tuvo sus guerras internas; y también la Triple Alianza, que devastó el Paraguay con sus césares civiles, militares, empresarios y abogados que han creado las grandes unidades interterritoriales (expresión de M. Byé), que operan en varios continentes. Un ejemplo: una ampliación del aeropuerto de Miami es de Odebrecht.

Último Libro: ”El monstruo de las tres cabezas”. “Son muy pocos los que saben hoy en Roma que, por espacio de una horas, los demócratas se vieron amenazados por un tremendo escándalo…. (el) ”provecho financiero (de Pompeyo) en la guerra en el Asia… (empero) la plataforma democrática efectiva… .(es) curación de heridas…. (causadas) por la guerra… (y pasar a) una producción encaminada a la reconstrucción pacífica… (con) recompensa a los legionarios… y mantenimiento de la paz por los menos por una generación”. En todos los muros se lee un simple lema: “Democracia es paz”.

Después de sus triunfos C. muere asesinado. La guerra civil parió el imperio y sucesiones dinásticas.

 

Manuel Bernales Alvarado
18 de enero del 2018

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