Hugo Neira

Hugo Neira

Francia. Unas elecciones de infarto

Francia. Unas elecciones de infarto
Hugo Neira
27 de abril del 2017

Macron y Mélenchon representan la renovación de la política francesa

A Marine le Pen se la esperaba a la cabeza de la primera vuelta. No ha sido así. Un candidato inesperado, Emmanuel Macron —liberal en economía, social en lo político—, la ha desplazado por una ventaja mínima. Pero su efecto es mayor. Todo el mundo daba por puntera a la señora Le Pen. Y el problema era quién la iba a enfrentar. Ese era su capital simbólico: “Yo soy la alternancia”. Pero Macron y Mélenchon son la renovación del mundo político. Hoy el giro de esa primera vuelta la obliga a buscar alianzas con aquellos que la han combatido. La ven ahora como un salto a lo desconocido. Aunque no está claro cuál es el programa de Macron. ¿Un social liberal? Lo que quiero decir es que esta es otra Francia política. Algo ha acabado. El inmovilismo.

Más allá de las estrategias propias de una segunda vuelta, hay un par de hechos enormes que se deben considerar. El primero es que la alternancia de conservadores y socialistas ha llegado a su fin. Se ha desplomado el partido socialista (me guardo por el momento la explicación de ese hecho incalculable). Y también los conservadores (reformadores en el caso de Francia, muchos provienen de lo que hizo De Gaulle). Dos grandes fuerzas sociales han colapsado.

Los fenómenos de estas elecciones son Macron —hace solo un año que se le conoce— y el ascenso fulgurante de Jean-Luc Mélenchon. Cuidado con las equivocaciones. “La France Insoumise” de Mélenchon, la insumisa, no es un partido socialista más en la escena europea. Es el partido del fastidio, de la protesta, ante la globalización salvaje. La pérdida de soberanía. El dinero rey. He echado un vistazo a su programa de gobierno (por un pelo no estuvo en la segunda vuelta). Proponía un gasto inmenso en el sector público, “y al diablo lo que pensarán los vecinos europeos” (L’Express, 18.04.17). Se proponía un programa a lo Kennedy, unos 173 billones de euros para construir un millón de casas, grandes inversiones en la transición ecológica, el retiro a los sesenta años, el aumento del salario mínimo en un 16%. Se entiende por qué se encuentra entre los cuatro punteros.

Supongo que algún economista limeño va a decir que eso es un disparate. Me anticipo diciendo que ese programa fue chequeado por el Observatorio BFM Business. Y con las cifras en la mano, eso hubiese producido un crecimiento del PBI de 1% en el 2018, un pico a 5,3% en el 2020, y un bajón, en el 2022, a 4,7%. De todos modos, mejor que el score del presidente Hollande: 1,2% para Francia en el 2016, en una economía de 2829 billones de dólares. No está mal, pero no pudo resolver el problema del paro masivo, y eso para un socialista es mortal. Pero debo decir que es difícil crear empleos en un país como Francia, cuya media del ingreso por persona se sitúa en US$ 42,000 dólares, por encima de los americanos. Entonces, ¿quién distribuye la riqueza? Los salarios y el Estado. ¿Se entiende por qué la lucha política? Ahora bien, ¿por quién votarán los melenchonistas en la segunda vuelta? Sobre ese punto, en la próxima semana.

Hemos hablado, líneas arriba de dos grandes ejes. El segundo consiste en que estas elecciones francesas no son solo francesas. Así lo ve la prensa planetaria. “Francia, clave europea. La elección presidencial marcará la agenda política del continente” (El País). Las elecciones francesas son el tercer “round en el gran pulso electoral global tras el Brexit y Trump” (el analista Marc Basset). “Se espera un Frexit”, dice la periodista Silvia Ayuso “y ahora, parece, que iríamos a una Europa reforzada”. Pero de Macron otros dicen “la cuadratura del círculo”. En fin, hasta los diarios españoles han titulado, y en francés, “L’Europe a gagné”. Ya no habrá Frexit. Pero, toda novedad, sobre todo en política, sorprende. De Macron asombra su hibridismo, “el candidato de la fusión de los contrarios. La izquierda y la derecha. El sistema y el antisistema. La continuidad y la ruptura. El liberalismo y la protección social”. Es audaz. No tiene las charreteras de De Gaulle, pero asume su ejemplo. Y no le falta razón, tiene una estrategia de transversalidad. Ha tenido el cuajo de decir, “como el general de Gaulle, elijo lo mejor de la izquierda, lo mejor de la derecha e incluso lo mejor del centro”. En el palacio de deportes de Bercy, en París. Lo de citar a De Gaulle y a Juana de Arco es quitar banderas a la extrema derecha y recuperar el nacionalismo. Hay habilidad en Macron. Propone enormes reformas para su país y para la comunidad europea. Y hay perseverancia en la señora Le Pen. Según las encuestas, ella tiene los electores que menos dudan.

 

Posdata:

Un aparte personal, y perdón por el narcisismo del investigador. Hace más de 40 años utilicé el adjetivo de “cesarista” para explicar los populismos (Revue Francaise de Sciences Politiques). Hoy, ese concepto lo usa la comunidad universitaria para hablar de Putin de Rusia, de la América de Trump y la Turquía de Erdogan. ¡En tres países poderosos! Cesarismo quiere decir, un poder personal (y legítimo) que las masas exacerbadas otorgan ante el egoísmo e indiferencia de las elites.

Hugo Neira

Hugo Neira
27 de abril del 2017

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