EL MONTONERO | Primer Portal de opinión del país
A cada país y cultura, su Esfinge

Columna

A cada país y cultura, su Esfinge

6 de Marzo del 2017

Estamos en la prosperidad del vicio

¿Quién no conoce la leyenda de un príncipe griego que, ante el pronóstico de que iba a matar a su padre, huye de su hogar, en el camino encuentra a un hombre mayor e insolente, riñen, lo mata, llega a una ciudad, encuentra a una hermosa viuda, y se casa con ella? Edipo no era un libidinoso, pese a Freud. No sabía que Layo era su padre y aquella mujer, Yocasta, su madre. Lo que sabe todo el mundo, Edipo lo ignoraba. En cambio, era muy inteligente. A la entrada de Tebas había un monstruo, la Esfinge, devoradora de viajeros. Rostro de mujer, cuerpo de felino, le hace una pregunta al peregrino Edipo, y este le contesta acertadamente. El héroe resuelve el enigma que salva a la ciudad. Pero no el enigma de quién es. Sófocles con la tragedia, nos dice que podemos mirar el horror de los otros, pero el hombre es ciego sobre sí mismo.

Escuché lo de Lúcar. Y lo que dijo, y su llanto de varón indignado. No conocí a José Yactayo, y para el caso, poco importa. ¿De dónde esa crueldad? ¿Serruchar, meter lo que queda en una maleta y quemarla?

¿Y si les digo que nuestra esfinge es lo que nos está pasando? Esa barbarie. Y delincuencia, corrupción, fláccida ley, “golpean a policías y Fiscalía los deja libre”. Hoy lo trágico no está en un hombre, sino en un pueblo entero que no sabe cómo encarar el enigma de sí mismo.

Una revista de Lima me pide una opinión sobre la corrupción en 400 palabras. No puedo responder ni con 4,000 o 400 páginas. Es un macroproblema. En Lima lo van a reducir a la falta de valores y a un asunto jurídico, delitos no prescriptibles. Pero la esfinge con rostro de mujer hermosa y patas de león seguirá devorando expertos, políticos y caminantes. La pregunta es: ¿por qué los peruanos se han vuelto corruptos? No todos, claro, no me hagan perder el tiempo en lo obvio. Es un sistema, una manera de vivir, de salir de pobres. OK. ¿Y por qué, ah?

El problema es complejo. ¿Y qué es lo complejo? Algo compuesto de partes. Entonces, vamos a dividir el espacio social donde está ocurriendo. Le pido al amable lector que me admita una hipótesis de trabajo. Miremos por un momento el Perú no como una sociedad sino tres yuxtapuestas, cada una con su economía, costumbres y mentalidad. No soy el primero. Francisco Durand: “formalidad, informalidad y economía delictiva”. O sea, el ministro Zavala se ocupa de un tercio.

Ante la virtud o el dinero, el primer estrato es el popular. En su gran mayoría, atrapados en la informalidad. He dicho bien, atrapados. Y aunque tengan chamba propia e ingresos, siguen siendo precarios. Y como ha dicho Lúcar en la tele, indignado, “tenemos la peor educación del mundo”. Entonces, cuando falta la capability —oficios bien aprendidos—¿qué queda? El delito. Mucha ONG en Perú, pero no conozco un solo estudio que nos diga cuál es la secundaria que siguieron los muchachos que hoy están presos por sicarios. O sea, si quieres ser rico en Perú, el delito es como una carrera. Siento decirlo. Ha emergido uno que otro rico honrado, pero está ahí nomás. No hay desarrollo con informalidad. ¿Se dan cuenta qué describo? Sin una remodelación brutal de salarios, educación y costumbres —nos gusta ostentar— no revertiremos las causas del crimen y la corrupción. Hemos inventado el desarrollo mafioso. Una quimera.

¿Se hace uno rico desde la clase media? Sí y no. Si quieres hacer la misma vida que papá y mamá, tal vez; los viejos trabajaron toda la vida, ahora tienen su casita, su carrito, su AFP. Pero no se prospera mucho, sabemos las causas. Los puestos de trabajo estables y bien remunerados son poquísimos. Y no hay culto alguno a la meritocracia. Entonces, ¿cómo no van a caer en la tentación burócratas momentáneos? Y en cuanto a la clase alta y sus tecnócratas, no han entendido que el Estado no es una empresa. Política nunca han hecho. El fajín de ministro —con pocas excepciones— no contagia un oficio que nunca se ha practicado. No es la vacancia del poder al estilo Humala, pero por ahí va. De eso ya me ocuparé.

Y aquí viene la otra plaga. Como para psicoanalistas. El dinero se ha vuelto una “psicosis pasional”. Y eso afecta abajo, al medio y arriba. Seamos francos y consulten: Mati Caplansky, Max Hernández, Moisés Lemlij (¡feliz cumpleaños!). En Perú el que menos quiere ser millonario, pasado mañana. Con signos visibles, casa en las Casuarinas. Pero Alejandro, la de Camacho no estaba mal. ¿Qué le digo al lector que no sepa? Quieren cargos políticos —alcaldía, región, ministerio— para tener harta plata. ¡Y que se sepa! Hay una amoralidad generalizada en la ideología del “saber hacerla”.

No éramos tan corruptos ¡pero se aprende! Estamos en la prosperidad del vicio, y en un país donde abunda gente con ambiciones desmesuradas y a menudo, bajísima capacitación. Nos falta un Foucault. Lo suyo fue “Vigilar y castigar”. El nuestro será “O robas o eres un huevón”. Me inscribo en el club de los VNP, los voluntariamente no pendejos. ¿A propósito, no tienen, por ahí, alguna consultoría que proponerme?

 

Hugo Neira