Editorial Política

La decepción del centro político

Una posición ausente en la Cámara de Diputados

La decepción del centro político
  • 09 de octubre del 2026


Luego de dos meses de instalado el Congreso bicameral la oposición de izquierda en la Cámara de Diputados ha sido conducida por la izquierda radical, la izquierda antisistema vinculada al Movadef, al maoísmo de Sendero Luminoso y al nacionalismo antaurista. Más allá de que en la aprobación final de la ley que delega facultades legislativas se impuso una alianza –que podría llamarse de centro– de Renovación, Partido del Buen Gobierno, Ahora Nación y el Partido Cívico Obras, lo cierto es que la conducta de las izquierdas ha sido liderada por Juntos por el Perú y Roberto Sánchez.

¿Por qué sostenemos semejante tesis? Porque en la delegación de facultades se restringió frontalmente la capacidad del Ejecutivo de promulgar decretos legislativos relacionados con la emergencia, pero vinculados a las reformas estructurales y transformaciones. En otras palabras, en las decisiones de las izquierdas parece haber este mensaje: “Puedes atender la emergencia, pero no puedes ejecutar tu plan de gobierno y, en cualquier situación, aquí estamos para impedírtelo”.

Un mensaje de este tipo confirma una tesis que hemos sostenido en este portal con frecuencia, acerca de que las principales políticas de Estado que han construido el actual Estado burocrático, un Estado enemigo de la sociedad y del propio régimen económico institucional, provienen directamente de las narrativas y relatos construidos por las izquierdas. Con la decisión de otorgar una delegación de facultades legislativas que no posibilita ejecutar el plan de gobierno del Ejecutivo, entonces, la izquierda se erige como defensora del terrible statu quo que amenaza hundir al país.

El otro gran problema del llamado centro es que nació sobre una falacia, sobre una fábula. ¿A qué nos referimos? Cuando Jorge Nieto presentó un supuesto discurso de centro planteó un criterio geográfico, de equidistancias entre el fujimorismo y el antifujimorismo. En ese contexto, los eventuales centristas engañaron al electorado, a sectores empresariales y algunos opinólogos de la derecha, sosteniendo que iban a convertirse del fiel de la balanza.

Sin embargo, la polarización entre fujimoristas y antifujimoristas, precisamente, fue construida por las izquierdas para esconder los verdaderos problemas del país. Por ejemplo, entre los antifujimoristas puede haber sectores que defienden la flexibilidad laboral y otros que se oponen, agrupaciones que proponen estatizaciones de empresas mineras y otros que la rechazan, y propuestas de liquidar el régimen de agroexportaciones y otras que plantean potenciarlo.

El antifujimorismo siempre fue un peligroso cajón de sastre cosido por el informe de la Comisión de la Verdad y una defensa ideológica de los Derechos Humanos. ¿Cómo se puede construir un centro a partir de esa falacia a sabiendas de que el gobierno de Keiko Fujimori no tiene nada que ver con quiebras del Estado de derecho o violaciones de Derechos Humanos? Entonces surgía el argumento biológico: la presidente es hija de un supuesto dictador (otra fábula).

No se puede ser centro político sobre falacias. Quizá una manera más honesta intelectualmente de definir un centro hubiese sido establecer el centro como una equidistancia entre el capitalismo y el estatismo, o entre una democracia representativa y una democracia directa. Una definición de este tipo, entre marxistas que se envuelven en ropajes no marxistas, los hubiese puesto en evidencia ante los electores y de ninguna manera habrían alcanzado los niveles de representación parlamentaria que hoy les posibilita desarrollar una estrategia obstruccionista al lado de las izquierdas revolucionarias.

El otro gran problema de la estrategia obstruccionista de las izquierdas que bloquea la posibilidad de que el oficialismo desarrolle su plan de gobierno es que, inevitablemente, anuncia un choque de poderes en el mediano plazo. Si el gobierno de Fuerza Popular no puede implementar su plan de gobierno por el bloqueo permanente en Diputados, entonces, el oficialismo esperará dotarse de una sólida base popular –tal como parece sucederá con la atención de la tragedia que puede generar El Niño y los avances en la lucha contra la criminalidad– para plantear las respectivas confianzas que establece la Constitución y proceder a disolver la cámara baja.

Claro, este escenario de confrontación si el centro adquiere personalidad y, valga la redundancia, se atreve a ser centro.

  • 09 de octubre del 2026

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