La primera intervención de Keiko Fujimori como presidenta del P...
La presidente Keiko Fujimori se comprometió ante los líderes del mundo, en la ONU, a combatir el crimen organizado transnacional, calificando a un sector de la criminalidad como fenómeno terrorista con el objeto de facilitar el respaldo de las fuerzas armadas a la policía en su lucha contra este flagelo. Ese compromiso y la decisión del Perú de integrar a plenitud el Escudo de las Américas, un sistema de cooperación entre estados alrededor de la inteligencia y cooperación militar en contra del crimen organizado transnacional, a nuestro entender, son dos factores que cambian para siempre la política en el Perú y la región.
Como todos sabemos los Estados Unidos es la potencia planetaria que anima y convoca el Escudo de las Américas. En ese sentido, el papel protagónico que cumplió la presidente Fujimori en la última reunión de esta organización, quien fue invitada por el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, a hablar ante los demás jefes de Estado y ante el propio Donald Trump, en virtud de que el Perú era último estado en integrarse a la coalición, tiene una significación y consecuencias que todavía no se analiza a profundidad.
¿A qué nos referimos? Un compromiso de esta magnitud del Perú y los Estados Unidos ante el mundo debe tener incuestionables resultados. Y el único resultado posible del Escudo de las Américas en el Perú es la destrucción del sistema de crimen organizado nacional y transnacional que se ha instalado en el Perú a través del control de territorios y áreas sociales de la minería ilegal, el narcotráfico, la tala ilegal, la trata de personas, el secuestro, la extorsión y el sicariato.
¿Frente a un compromiso tan abierto y directo de los Estados Unidos con el Escudo de las Américas y el Perú es posible imaginar el fracaso en la lucha contra la criminalidad transnacional? No parece posible, a menos que en el propio Perú se boicotee la decisión estadounidense de colaborar con todos los medios y herramientas en el país. En ese sentido, el Ejecutivo será el principal animador de la participación de los Estados Unidos en la materialización de los objetivos del Escudo en el Perú.
Nuestro país es un centro de disputa hegemónica de las dos grandes potencias del planeta (Estados Unidos y China), no solo por la importancia estratégica del puerto de Chancay, sino por la morfología terrestre nacional que convierte a las costas peruanas en los centros de emplazamientos de los puertos que conectarán el Pacífico con el Atlántico y por los ingentes recursos marinos, el cobre y los minerales e, incluso, la dotación de agua dulce y un desierto costero prodigioso que transforma al Perú en una potencial plataforma agroexportadora mundial.
En este contexto, si Estados Unidos pretende resolver esta disputa hegemónica a favor de los valores de la libertad y la pluralidad del hemisferio occidental, entonces el Escudo de las Américas debe triunfar en el Perú. No hay otro camino, no hay vuelta atrás posible.
Sin embargo, para alcanzar el objetivo de derrotar a la criminalidad transnacional con la colaboración del Escudo de las Américas el gobierno de Keiko Fujimori tiene que desarrollar una verdadera épica que pasa por derrotar las narrativas y los relatos de las izquierdas sobre la lucha contra el terrorismo y el papel de las fuerzas de seguridad. Todos hemos visto la reacción exclusivamente ideológica de Janet Tello, presidente del Poder Judicial, cuando la presidente Fujimori sostuvo que luego de 34 años de haber ganado la guerra contra el terrorismo, los héroes de esa gesta seguían siendo perseguidos judicialmente. La señora Tello, incluso, solicitó que la jefa de Estado se retractara.
En todo caso, es una clara señal de la intensa batalla que desarrollará el progresismo y las izquierdas en todas sus versiones para bloquear un marco legal que posibilite la plena colaboración entre Perú y Estados Unidos. No será extraño que, incluso, la internacional progresista e izquierdista en que se ha convertido la Corte IDH movilice todas sus fuerzas para condenar una tipificación extensiva del delito de terrorismo con el objeto de evitar la colaboración de las fuerzas armadas y la cooperación internacional.
Luego de las declaraciones y compromisos de la presidente Fujimori ante los líderes mundiales y los presidentes que conforman el Escudo de las Américas, el Ejecutivo está en la obligación perentoria de desarrollar un viraje inmediato y superar cualquier intento ministerial de administrar una crisis insostenible.
















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