El vacío de poder y la crisis de la institucionalidad s...
La política sin partidos políticos se ha convertido en la política de las personalidades y las cuotas de poder al margen de cualquier proyecto nacional y, precisamente, ayer cuando el economista Hernando de Soto había aceptado la presidencia del Consejo de Ministros se conoció que Denisse Miralles, la entonces ministra de Economía y Finanzas, se iba a encargar de la presidencia del Consejo de ministros (PCM).
Horas después Miralles juró como PCM y las especulaciones se desataron en todas las direcciones. El propio De Soto señaló que detrás del bloqueo a su designación como PCM estaba Vladimir Cerrón de Perú Libre, mientras que otras versiones aseguraban que César Acuña y Alianza para el Progreso y José Luna de Podemos se habían atrincherado en ministerios y dependencias con el objeto de bloquear la designación de De Soto.
Versiones más versiones menos el rostro el nuevo Gabinete Miralles dibujaba interrogantes antes que certezas. Si bien es cierto que la propia Miralles es garantía de una conducción económica alejada del populismo porque su gestión en el sector Economía se identificó con la austeridad fiscal y el enfrentamiento con las tendencias del gasto populista, ¿la nueva PCM estará en condiciones de soportar las presiones de Cerrón, de César Acuña y de Luna?
Se puede discutir y argumentar sobre los apellidos políticos del nuevo Gabinete. Es decir, si se trata de un consejo de ministros más cerronista que acuñista, sin embargo, lo que no se puede cuestionar es que las figuras de Cerrón, Acuña y Luna representan a la tríada que controla al Ejecutivo. Frente a estas tres personalidades el presidente José María Balcázar parece una figura decorativa. Finalmente, depende de los tres políticos mencionados para evitar que se active la guillotina presidencial del Legislativo, una guillotina lista a moverse por quítame esta paja.
Lo cierto es que demasiado mercaderes del Templo, demasiada negociación al margen de proyectos nacionales, para una administración de menos de seis meses que, si bien puede evitar una nueva censura del encargado de la presidencia, carece de la mayoría para hacer pasar leyes en el Congreso. Una administración de este tipo puede servir para mantener algunos ministerios o para aprobar nuevas órdenes de servicio para la clientela política, sin embargo, su capacidad de dañar al país está bastante restringida por el plazo temporal. Un hecho que abona a esta impresión, por ejemplo, es la permanencia de 6 ministros del anterior consejo de ministros. Una decisión que revela que no hay mucho que cambiar.
Vale anotar que la presencia de De Soto al frente de la PCM si bien se convertía en un dique para las influencias de Cerrón, por otro lado, desubicaba a los movimientos de la centro derecha por las relaciones que el economista había mantenido con estas corrientes. Hoy ese problema no existe y la izquierda y el mercantilismo político serán los responsables de la falta de gobernabilidad, del descontrol de la ola criminal a través de las extorsiones y los asesinatos. En otras palabras, los movimientos de la centro derecha tendrán la posibilidad de ubicarse como movimientos en clara oposición a la alianza Cerrón, Acuña y Gálvez.
En cualquier caso, el Perú sale extremadamente magullado de este ensayo del populismo ético que impulsó una censura del encargado de la jefatura de Estado no obstante que faltaban algunas semanas para las elecciones nacionales y no obstante también que la Carta Política establece que el mandatario debe ser procesado luego de entregar el poder.
En cualquier caso, la oposición de la centro derecha debe fiscalizar al nuevo gobierno de la izquierda y de los mercaderes, debe evitar que se toque o se deteriore el modelo económico y debe bloquear todas las iniciativas populistas en el Legislativo, mientras se exige que se detenga el desborde actual de la ola criminal.
















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