En el año 2026 el Proyecto Majes Siguas llegará un momen...
En contra de todos los pronósticos, en contra de la endémica crisis política, en contra de la fragmentación electoral y el pesimismo que suelen promover algunos políticos y medios, la economía logra resultados positivos que siguen sorprendiendo, en comparación con los promedios de la región. Hoy todo indica que el PBI superará el 3% del PBI, mientras la inversión privada se expande en alrededor del 10%, según las proyecciones del BCR.
En medio de las noticias positivas para la economía destaca de manera superlativa el crecimiento de las agroexportaciones nacionales. Los envíos al exterior de nuestras agroexportaciones sumaron US$ 14,760 millones, lo que representa un incremento de 20% frente a lo exportado el 2024 (US$ 12,360 millones). Los arándanos y uvas de mesa lideraron el crecimiento. En cuanto a los arándanos hubo un incremento en valor y en volumen de envíos de más del 13% con respecto al año pasado. Con respecto a las uvas el incremento representó 16% de aumento en valor y 24% en volumen. En las paltas, otro cultivo que destacó, el incremento fue de 8 % en valor y 27% en volumen.
Es evidente que las agroexportaciones nacionales vienen creciendo sostenidamente en valor por diversos factores de mercado. El incremento registrado en volumen (número de toneladas exportadas) en arándanos, uvas de mesa, paltas y otros productos se explica porque en el 2025 –a diferencia del 2023 y el 2024– no hubo la influencia de fenómenos climáticos como el ciclón Yaku, El Niño costero ni El Niño global. Sin embargo, en el sector no se registran nuevas inversiones ni procesos significativos de reinversión porque el régimen tributario promocional del sector recién comenzará a implementarse a partir de este año.
Es evidente que estos resultados nos obligan a seguir planteando el debate crucial acerca de la necesidad de consolidar y profundizar el régimen promocional agrario como una política de Estado que supere a los gobiernos, las coyunturas y las mezquindades de la política.
El Perú tiene un desierto único en el mundo, como si Dios hubiese querido premiar a nuestra sociedad. En la costa peruana no llueve, como sí sucede en las costas de Ecuador, Colombia y otros países sudamericanos. Esta particularidad se explica por la Cordillera de los Andes, que se levanta sobre los 5,000 metros sobre el nivel del mar impidiendo que la evaporación del agua de la cuenca del Amazonas pase a la costa y llueva sobre la franja costera. Igualmente, la Corriente de Humboldt y el Anticiclón del Pacífico arrastran el agua evaporada del Pacífico hacia el norte y evitan la lluvia. Una de las condiciones para desarrollar agroexportación es regar a voluntad, es decir gota a gota. Y el Perú puede represar los ríos de la sierra y regar industrialmente.
De allí la enorme potencialidad de la agroexportación. El Perú puede multiplicar por cinco veces su frontera agroexportadora. Como se sabe, las agroexportaciones peruanas se desarrollan en 250,000 hectáreas (el 5% del total de la superficie agrícola) ganadas al desierto a través de los proyectos hídricos. Pero la franja costera podría tener más de un millón de hectáreas de tierras cultivables. En otras palabras, el país podría alcanzar el desarrollo solo desatando todo su potencial agroexportador.
De allí la enorme importancia de que el proyecto de un régimen promocional en el agro forme parte de una política de Estado, de los planes del país en el mediano y largo plazo.
















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