En contra de todos los pronósticos, en contra de la end...
En el año 2026 el Proyecto Majes Siguas llegará un momento decisivo. Tras años de paralizaciones, controversias técnicas y cambios en el esquema institucional, la Fase II del megaproyecto hídrico empieza a consolidarse como uno de los ejes centrales de la agricultura en el sur peruano. Bajo la conducción del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego y con la cooperación del gobierno japonés, Majes Siguas se perfila como una intervención clave para ampliar la frontera agrícola, modernizar el uso del agua y reordenar la economía regional de Arequipa.
Para mediados de 2026, el cronograma oficial prevé que las principales obras hidráulicas estén en plena ejecución. La intervención incluye la rehabilitación y automatización de la represa de Condoroma, la bocatoma de Tuti, túneles y canales que atraviesan la cordillera, y el sistema de conducción hacia Majes–El Pedregal. Todo el conjunto permitirá trasladar hasta 34 metros cúbicos de agua por segundo desde la cuenca del Colca hacia zonas áridas, asegurando un suministro estable para riego agrícola y otros usos productivos.
La dimensión territorial del proyecto explica su relevancia. Majes Siguas II contempla la incorporación de 40,000 nuevas hectáreas irrigadas, que se suman a las aproximadamente 16,000 habilitadas en la primera etapa. En una visión de largo plazo, el proyecto completo apunta a superar las 80,000 hectáreas bajo riego, beneficiando a más de 35,000 familias. Se trata de una expansión sin precedentes para Arequipa, con capacidad para transformar extensas áreas desérticas en zonas de agricultura intensiva orientada al mercado.
La inversión asociada a Majes Siguas II bordea los S/ 7,700 millones, según los estudios técnicos vigentes. Este monto no solo cubre la infraestructura hidráulica sino también componentes energéticos, como la construcción de dos centrales hidroeléctricas que aprovecharán la caída del agua. La integración entre riego y generación eléctrica refuerza la sostenibilidad económica del proyecto y amplía su impacto más allá del sector agrario, contribuyendo al suministro energético regional.
El impacto laboral esperado es uno de los principales argumentos a favor del proyecto. Las estimaciones oficiales y privadas proyectan alrededor de 83,000 empleos durante la fase de construcción y cerca de 80,000 puestos permanentes una vez que las áreas agrícolas entren en operación. En total, más de 160,000 empleos directos e indirectos podrían generarse a lo largo del ciclo del proyecto, lo que exige políticas de capacitación, formalización laboral y articulación con la población local.
Uno de los aprendizajes más claros de Majes Siguas I ha sido la necesidad de evitar la fragmentación de la tierra. La experiencia de los años ochenta, marcada por minifundios de baja productividad, limitó el acceso a tecnología, crédito y mercados. En 2026 el debate gira en torno a cómo adjudicar las nuevas tierras priorizando unidades productivas de escala suficiente, capaces de sostener cultivos de alto valor –como uvas, paltas o arándanos– sin excluir a los pequeños agricultores.
La inclusión de productores de menor tamaño se plantea a través de esquemas asociativos y cooperativos, que permitan compartir infraestructura, acceder a financiamiento y negociar colectivamente con el mercado. En este contexto, las asociaciones público-privadas cumplen un rol central. Además de canalizar inversión privada, se espera que asuman responsabilidades claras en la operación y mantenimiento del sistema hidráulico, evitando el deterioro que afectó a la primera etapa bajo gestión exclusivamente estatal.
Más allá del riego, el éxito del proyecto en 2026 dependerá de la infraestructura complementaria. Carreteras, centros de acopio, plantas de procesamiento, redes de frío y accesos logísticos serán determinantes para que la producción llegue en condiciones competitivas a los mercados nacionales e internacionales. Sin esta red, la ampliación de tierras irrigadas correría el riesgo de convertirse en una oportunidad desaprovechada, con bajo valor agregado y escaso impacto regional.
En un país donde apenas el cinco por ciento de las tierras agrícolas generan exportaciones, Majes Siguas II representa una apuesta estratégica. Si logra articular agua, tierra, inversión y reglas estables, el proyecto puede convertir a Arequipa en un nuevo polo agroexportador y redefinir la economía del sur. En 2026 Majes Siguas ya no es solo una promesa: es una prueba concreta de que el Perú puede transformar sus grandes proyectos hídricos en desarrollo sostenible y empleo de calidad.
















COMENTARIOS