Editorial Economía

¡El Perú necesita más exploraciones en gas!

La fragilidad energética del país en el corto y mediano plazo

¡El Perú necesita más exploraciones en gas!
  • 06 de octubre del 2026


El Perú podría enfrentar en los próximos años un problema energético que hoy todavía puede evitar. Las reservas probadas de gas alcanzarían su máxima producción hacia 2038 y, a partir de entonces, comenzarían a declinar, según las proyecciones del exdirector general de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas, Elvis Tello. El problema se vuelve más preocupante si se considera que, al mismo tiempo, la demanda nacional continuará aumentando: actualmente el consumo bordea los 700 millones de pies cúbicos diarios y hacia 2040 podría llegar a 800 millones. En ese escenario, la producción de Camisea podría caer hasta unos 500 millones de pies cúbicos diarios, generando un déficit energético importante.

No estamos hablando de un recurso marginal. El gas natural representa alrededor del 40% del consumo energético nacional y beneficia a más de 2.5 millones de peruanos. También tiene una importancia fiscal considerable: entre enero y julio de 2026, el Estado recaudó US$ 377.89 millones en regalías. Y detrás de buena parte de esta actividad se encuentra Camisea, que desde su puesta en marcha en 2004 ha producido el 96% del gas natural del país y ha contribuido aproximadamente con S/ 198 mil millones al PBI nacional.

Precisamente por eso, la dependencia de un solo gran polo productor constituye una señal de alerta. Si las reservas comienzan a declinar mientras la demanda sigue creciendo, el Perú tendrá que enfrentar una pregunta que no admite postergaciones: ¿de dónde saldrá el gas que necesitarán los hogares, las industrias, los comercios y el transporte?

La respuesta debería comenzar por la exploración. Sin embargo, la actividad exploratoria atraviesa uno de sus niveles más bajos de la última década. Según la Sociedad Peruana de Hidrocarburos, los contratos de exploración pasaron de 41 en 2015 a apenas cinco en 2024, mientras que durante 2025 no se perforó ningún pozo exploratorio.

Y esta caída resulta particularmente difícil de justificar cuando el país todavía dispone de un enorme territorio con potencial gasífero por investigar. El Perú cuenta con 18 cuencas sedimentarias distribuidas entre la costa, la sierra, la selva y el mar, pero solamente cinco se encuentran actualmente en explotación. Es decir, existe un amplio espacio entre el potencial identificado y los recursos que efectivamente llegan a convertirse en reservas y producción.

La cuenca Madre de Dios constituye uno de los casos más importantes. Allí se concentran alrededor de 20.4 trillones de pies cúbicos de recursos prospectivos de gas natural, cerca de la mitad del potencial prospectivo identificado en el Perú. Dentro de esta cuenca se encuentra Candamo, donde existen reservas descubiertas superiores a 2 TCF.

Naturalmente, estos volúmenes todavía requieren evaluación y desarrollo para determinar cuánto puede convertirse efectivamente en reservas explotables. Pero su magnitud demuestra que el debate energético peruano no debería limitarse a administrar las reservas existentes. También debe preguntarse cómo desarrollar responsablemente los recursos que permanecen pendientes de exploración.

Candamo plantea, además, un desafío particular porque se encuentra dentro del Parque Nacional Bahuaja Sonene. Cualquier actividad debe, por tanto, considerar la protección ambiental y social del área conforme a la legislación vigente. Precisamente por ello, desde el Gobierno de Keiko Fujimori se ha planteado evaluar mecanismos que permitan la coexistencia entre exploración, explotación y conservación, tomando como referencia protocolos aplicados en Camisea, como la reinyección de aguas de producción, el manejo de residuos de perforación y la suspensión de actividades ante eventuales avistamientos de poblaciones en contacto inicial.

El reto consiste en resolver estas limitaciones sin convertirlas en una razón para mantener inexplotado el potencial gasífero del país. La protección ambiental y el desarrollo energético no tienen por qué ser objetivos incompatibles si existen reglas claras, tecnología adecuada y mecanismos de supervisión.

Pero para transformar recursos potenciales en nuevas reservas se necesita inversión. La exploración y producción de gas requieren capitales importantes y decisiones de largo plazo. Por ello, el Estado debe generar condiciones que hagan viable la participación privada, reducir la tramitología que retrasa los proyectos energéticos y garantizar estabilidad y reglas claras a lo largo de toda la cadena, desde la exploración y producción hasta el transporte y la comercialización.

El objetivo no es solamente evitar un futuro déficit. Incrementar las reservas y desarrollar nueva infraestructura permitiría disponer de mayores volúmenes de gas y ampliar el acceso a las 14 regiones del país que todavía no cuentan con este recurso. Eso significaría beneficios concretos para hogares, industrias, comercios y transporte.

El Perú todavía tiene una oportunidad. Pero la exploración gasífera no puede comenzar cuando las reservas de Camisea ya estén declinando y el déficit energético sea una realidad. Las decisiones que permitan descubrir y desarrollar nuevas fuentes deben tomarse ahora. El gas que el país necesitará mañana tiene que comenzar a buscarse hoy.

  • 06 de octubre del 2026

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