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Religión y libertad

Política

Religión y libertad

14 de Abril del 2017

Reflexiones políticas e ideológicas en Semana Santa

La Semana Santa es una celebración anual del cristianismo en la que se recuerda la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesucristo. En un país con una abrumadora mayoría católica y cristiana como el Perú, entonces, una semana que comienza con el Domingo de Ramos y culmina con el Domingo de Resurrección es una ocasión propicia para reflexionar sobre las relaciones entre religión, política y sociedad, sobre todo en los momentos actuales.

Luego de la Guerra Fría, en el Perú y Occidente recrudecieron las viejas tensiones del llamado “pensamiento moderno” frente a un catolicismo y cristianismo que se conservaduriza frente a los grandes debates de la llamada “cuestión de género” y el derecho de las minorías.

En este portal, acordes con nuestras posiciones liberales, siempre defenderemos los derechos de las minorías y la absoluta tolerancia con el otro y el diferente. Pero igualmente consideramos que la pretensión de las minorías iluministas y racionalistas de ignorar la realidad de las abrumadoras mayorías cristianas es un gravísimo error en la lucha por la libertad. Finalmente ahora contemplamos una poderosa reacción religiosa en Estados Unidos y América Latina, y el conservadurismo general en Occidente debido a las estrategias de la izquierda que pretenden apropiarse de la agenda de las minorías. El Perú no es ajeno a esta realidad. Hoy en el país —a diferencia de lo que cree la izquierda— los derechos de las minorías han perdido demasiado frente al endurecimiento de la sociedad.

¿Por qué las sociedades evolucionan hacia el conservadurismo? Después de la caída del Muro de Berlín, la izquierda y los marxismos se propusieron convertir al Estado en el eje de la solución de los grandes debates que históricamente se deben definir en la sociedad. Los temas de género y DD. HH., por ejemplo, se convirtieron en grandes batallas estatales. La escuela fue capturada de aquí para allá por la izquierda. De pronto emergió una burocracia internacional, y el humor de los medios se impregnó de estos criterios.

No es exagerado sostener que esta modernidad impulsada por las izquierdas planetarias desató una “nueva religión laica”. Algo de eso sucede, por ejemplo, cuando algunos jóvenes y profesionales de lecturas epidérmicas sostienen en las redes sociales que cualquier forma de ateísmo es signo de superioridad intelectual.

En esta Semana Santa, y sobre la base de criterios estrictamente filosóficos (al margen de aproximaciones religiosas), nos atrevemos a sostener que el hombre es un ser estrictamente religioso. La muerte de Dios que proclamó la modernidad y la Revolución francesa solo terminó coronando a nuevos dioses: la soberanía popular, la nación y el pueblo. En nombre de esos tres conceptos las derechas e izquierdas del mundo ensangrentaron a la humanidad y embutieron los cementerios de cadáveres. En otras palabras, desde las fortalezas de la razón no se pudo organizar sociedades abiertas ni mantener la libertad.

Muy por el contrario, la tradición anglosajona del liberalismo —que llega hasta los padres fundadores de Estados Unidos— siempre se propuso armonizar la libertad con la religión. De allí que en los países en los que se desarrolló esa dialéctica hayan surgido las sociedades abiertas más longevas del planeta. Y por eso los mejores momentos de la humanidad, que se expresan en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, tienen su fundamento jurídico en el principio religioso monoteísta de que todos los hombres son iguales porque son hijos de Dios. Y ningún hijo de Dios puede ser discriminado o excluido por una diferencia.

Si el mundo se quedara con la nueva religión laica, de una u otra manera avanzaríamos a momentos terribles para la humanidad. Desde la democracia griega que esclavizaba al vencido, desde la soberanía popular que desató el terror de la Convención francesa, desde la nación aria que desató el holocausto judío hasta las masacres del comunismo en nombre del pueblo, la razón ha fracasado en exceso en organizar la libertad, la democracia y la tolerancia.

No se trata de negar la razón y resbalar en los irracionalismos. Se trata de ser humilde en el debate y, tal como lo sostenía Popper, señalar que solo nos aproximamos a la verdad, nada más. Y quizá la única verdad posible se presenta cuando dos verdades chocan, debaten y surge algo diferente. Muy buena Semana Santa, pues, para los católicos y cristianos. Y a luchar juntos por la libertad.