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PNP: otro centro para la reforma

Política

PNP: otro centro para la reforma

2 de Marzo del 2015

Clave del éxito de policía está en su relación con la comunidad desde comisarías Una de las claves de la nueva gestión de Luis Pérez Guadalupe al frente de la cartera de Interior para enfrentar exitosamente el desborde de la criminalidad, inevitablemente, será la reforma de la institución policial. Si bien una política integral para combatir este flagelo pasa por coordinar políticas con el Poder Judicial, el Ministerio Público, el Inpe, y el Ministerio de Justicia, el tema de la policía es una condición sine qua non para triunfar en la lucha contra la criminalidad. No hay posible éxito al margen de este tema. Ahora bien, no vamos a cometer el error de pontificar sobre un asunto que requiere diálogos y consultas entre los actores involucrados, pero sí se puede vislumbrar un espíritu general en un proceso de reforma policial. ¿A qué nos referimos? A colocar el epicentro de la acción policial en las comisarías. Es decir, de una u otra manera, a nuestro entender la reforma policial debería empezar desde la base, desde las comisarías. La policía nacional siempre ha tenido buenas direcciones especializadas. A pesar de la crisis se mantiene una vieja escuela del policía investigador. Los éxitos en capturas, muchas veces mediáticas, lo ameritan, y también las cifras. El talón de Aquiles de la institución, está en la relación con la comunidad, con el patrullaje diario y de a pie, en el vínculo con los municipios y los serenazgos. El desborde de la criminalidad, los asaltos y la proliferación de los delitos se explican en gran parte porque en la calle no hay una barrera contra el delincuente. Todos los estudiosos y especialistas señalan que cuando no se intervienen y sancionan los delitos menores se alienta la ola criminal. Y las estadísticas de la propia policía parecerían indicarnos una pista. De un total de alrededor 106 mil policías solo 31 mil efectivos laboran en las 1400  comisarías. Es decir, solo un tercio de los efectivos dedicados a la relación con la comunidad y la calle. ¿No debería ser al revés? Es decir, dos tercios de efectivos al frente de las comisarías. La relación policía por habitante también es un indicativo de que la comisaría se ha convertido en la última rueda del coche policial. La ONU establece que la relación ideal es de un efectivo por cada 250 habitantes. En Lima la relación es de uno por cada 953 pobladores, pero en la propia capital existen abismales diferencias entre los distritos: en San Isidro es uno por 250 ciudadanos en tanto que en Puente Piedra, Comas y Carbayllo, la media es de un policía por más de mil habitantes. Si a este desorden le agregamos la falta de equipamiento informático, la ausencia de un sistema de mantenimiento de los patrulleros y la carencia de un sistema de comunicaciones que integre a las comisarías con los serenazgos y otras instituciones, entonces, más que se confirma el triste relegamiento de las comisarías del país. Poner el centro de la reforma policial en las comisarías permitiría entender el proceso de reforma como un movimiento de abajo hacia arriba. En otras palabras, entender que la clave del éxito de la policía está en su relación con la comunidad, los gobiernos locales, y regionales y la sociedad en general. La idea de una policía más ciudadana obligaría a seleccionar oficiales que, antes que militares, sean verdaderos líderes sociales de sus respectivos territorios y comunidades. Semejante cambio, de una u otra manera, nos permitiría crear las condiciones para el surgimiento de un nuevo comisario. En todo caso para avanzar en la reforma policial habría que poner todas las propuestas sobre la mesa y empezar un diálogo y consulta nacional. Pero la idea de una reforma policial que se desarrolle desde abajo hacia arriba en vez de las propuestas que siempre vienen desde las alturas quizá sea una de las herramientas del éxito de la impostergable reforma que debemos afrontar.