Política

La movilización campesina que derrotó a Sendero Luminoso

El papel del GEIN y las movilizaciones campesinas

La movilización campesina que derrotó a Sendero Luminoso
  • 11 de septiembre del 2017

El papel del GEIN y las movilizaciones campesinas

El 12 de setiembre se conmemora un año más de la captura de Abimael Guzmán, realizada por el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) de la Policía Nacional. El Perú debe ponerse de pie para saludar a estos valerosos y abnegados efectivos que lograron capturar al líder de una de las organizaciones terroristas más letales del planeta. Un apresamiento que luego permitió desmantelar el temible Comité Central senderista. Si bien el Congreso ha declarado que los integrantes del GEIN son Héroes de la Democracia, la deuda del Perú sigue siendo inmensa.

Sin embargo los relatos de la izquierda, en gran parte expresados en el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), pretenden reducir la caída del Comité Central senderista y del propio Guzmán al escenario de las investigaciones policiales en Lima, ignorando la masiva movilización campesina que se desarrolló en el país y que demolió el llamado “equilibrio estratégico entre el Estado reaccionario y el poder popular”, que solía proclamar la dirección central senderista.

Siempre vale recordar una constante de las estrategias contrasubversivas en el planeta: las guerrillas y terrorismos urbanos, generalmente, son desmantelados con facilidad por los aparatos de seguridad estatales. Allí están los ejemplos de las guerrillas argentinas, uruguayas, alemanas e italianas. Sin embargo el terror y las guerrillas rurales suelen permanecer en el tiempo y se vuelven inexpugnables, tal como sucedió con las FARC en Colombia a lo largo de cinco décadas.

Durante los ochenta Sendero Luminoso logró controlar una tercera parte del territorio rural del país mientras las Fuerzas Armadas no podían desarrollar una estrategia contrasubversiva con participación popular. El avance terrorista en el campo y los actos de sabotaje en la ciudad generaron la impresión —en el Perú y el mundo— de que Sendero podía ganar. Hasta existían escenarios hipotéticos sobre un eventual triunfo polpotiano, que consideraban la fragmentación territorial del Perú.

No obstante, a fines de los ochenta, el Estado y las Fuerzas Armadas, comenzaron a entender la enorme importancia de la alianza entre el Estado y el campesinado, y con la ayuda del Instituto Libertad y Democracia (ILD) , el Perú reconoció a las rondas campesinas o comités de autodefensa civil (DECAS) como legítimos protagonistas de sus comunidades. El resultado fue devastador para el terrorismo. Se desató la movilización campesina más impresionante de nuestra historia, y todas las bases del nuevo estado senderista en el campo, simplemente, fueron demolidas. Ante la pulverización de la presencia senderista en el campo, Guzmán y el Comité Central —contraviniendo el dogma maoísta de la guerra popular del campo a la ciudad— convirtieron a la capital en el escenario principal de su guerra contra el país.

Socorro Popular —organismo de fachada senderista en Lima— se transformó en la herramienta fundamental de la guerra senderista (ya no era el ejército guerrillero popular derrotado por las Decas), a través de atentados contra la población civil y los asesinatos selectivos. Pero Socorro Popular en la ciudad eran fácil de infiltrar y de seguir, porque en la ciudad no existen las montañas, hondonadas y espesuras de las áreas rurales, que camuflan al ejército terrorista. En este contexto, el GEIN hizo el extraordinario trabajo de seguir el hilo que posibilitó la captura de Guzmán.

¿Por qué nos negamos a reconocer la gesta campesina? Sucede que la izquierda —a través del informe de la CVR— ha desarrollado el relato acerca de que en el Gobierno de los noventa hubo una política de Estado de violación sistemática de Derechos Humanos, y no casos aislados como los de la Cantuta y Barrios Altos. Plantear semejante tesis obliga a convertir a nuestros campesinos en simples víctimas y negarles su condición de héroes nacionales en la pacificación. ¿Cómo aceptar que el llamado “equilibrio estratégico senderista” fue pulverizado por la acción de las Decas, argumentando que el Estado y el ejército arrasaban a las comunidades? Imposible.

Como parte de la estrategia para financiar sus ONG, la izquierda ha organizado el relato de la violación sistemática de DD. HH. de parte del Estado. Sin embargo también le niega ciudadanía a los miles de campesinos que pelearon por el Perú, también reproduce una visión criolla, racista, que considera a los hombres del campo como “pobrecitos” que deben ser protegidos por las ONG de izquierda.

De allí que así como hoy nos ponemos de pie para aplaudir y reconocer el enorme valor de los integrantes del GEIN, igualmente también debemos reconocer la mayor gesta campesina de nuestra historia.

 
  • 11 de septiembre del 2017

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