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Elecciones y cambio de modelo

Política

Elecciones y cambio de modelo

12 de Abril del 2016

Economía y resultados electorales

La izquierda mediática ha comenzado a desarrollar interesantes reflexiones sobre el resultado electoral para, como se dice, “llevar agua a su propio molino”. El ejercicio es simple: la significativa votación que ha alcanzado el Frente Amplio y Verónica Mendoza en los departamentos del sur y del centro sería parte de una identidad de izquierda. Para reforzar el argumento se menciona la encuesta del Instituto de Opinión Pública de la Universidad Católica, según la cual el 40% de los encuestados se pronuncia por “cambios radicales” en la economía y el 52% demanda una mayor intervención del estado.

Para refutar semejante argumentación solo bastaría mencionar que la suma de los votos del fujimorismo, el pepekausismo y el aprismo representa cerca del 70% del electorado; en tanto que el llamado “espacio de la izquierda” suma 20%, algo menos de 10% que en el 2011. Pero, a nuestro entender, semejantes aproximaciones son realmente arbitrarias. Necesitamos leer los resultados electorales mirando “por encima” de las cifras.

Es evidente que la votación de Verónica Mendoza revela el descontento de las provincias, sobre todo las del sur, con respecto al Estado. Es un voto antilimeño y antiestatal. Cabalgando sobre el antivoto que se cultivó con paciencia —luego de las eliminación de las candidaturas de Julio Guzmán y César Acuña— Mendoza “hizo clic” con esa voluntad de protesta en contra del Estado. Y razones sobran: en la última década el Estado se llenó de recursos fiscales, pero no hizo obra en la provincia. Ahora bien, ¿semejante apoyo significa necesariamente respaldo para el programa del Frente Amplio que busca derogar la Carta Política? De ninguna manera, y cometen un grave yerro quienes interpretan las cosas de esa manera.

La gente aborrece al Estado que cobra impuestos pero no hace obras, al Estado que levanta aduanas y sobrerregulaciones arrojando a la informalidad a las sociedades emergentes. Se trata, entonces, de un sentimiento más antiestatal antes que proestatal. En algún momento de la campaña electoral un sector del electorado identificó el derrumbe estatal con el llamado elenco estable (fujimorismo, pepekausismo y aprismo) y, ante el despliegue del antivoto, más tarde optó por la candidatura de Mendoza. Pero la ineficiencia del Estado también puede ser identificada con “la receta neoliberal”, aquella que no quiere Estado, caricatura que difunde la izquierda. Por eso, ante la pregunta de la encuestadora acerca de si debe haber mayor intervención estatal en la economía, se responde afirmativamente.

La izquierda cree que el estado de ánimo de un sector del electorado es apoyo directo a su propuesta proteccionista y estatista, que pretende resucitar el Estado empresario y derogar la Carta Política. Se equivoca de cabo a rabo. Siempre se debe recordar que en los ochentas el sur también votaba con la izquierda, pero que en los noventas pasó, con zapatos y todo al lado del “fujimorismo neoliberal” que acercó el Estado a las provincias.

Ahora bien, si ahora no existe una propuesta antisistema en la segunda vuelta no significa que las cosas marchen bien. En el 2006, el 2011, y también en el 2016 —aunque con menor intensidad— las elecciones nacionales han reproducido la colisión de un país formal y otro informal, de un Perú oficial y otro profundo. Por las deficiencias del sistema de partidos y por los yerros políticos de las propuestas a favor de las libertades políticas y económicas —exceptuando el fujimorismo— no se ha logrado representar a las sociedades populares y emergentes que protestan contra el fracaso estatal.

En medio de esa incapacidad representativa aparecen los radicalismos y los humores antisistema. En el 2006 fue el Ollanta del polo rojo, en el 2011 el Ollanta que se puso polo blanco y firmó la Hoja de Ruta, y en el 2016 acaba de aparecer Verónica Mendoza. Si las elites, grupos y sectores que defienden la sociedad abierta y las libertades no avanzan hacia el encuentro del Perú profundo relegado, en todas las elecciones nacionales siempre aparecerá el abismo. La segunda vuelta entre Keiko Fujimori y PPK aleja los peligros; pero de no haber una reforma radical del Estado de cara a las provincias, tarde o temprano, Gregorio Santos y Antauro Humala nos respirarán en la nuca.