Política

El nuevo pacto democrático

Las responsabilidades de Vizcarra y los partidos del Legislativo

El nuevo pacto democrático
  • 23 de marzo del 2018

 

El presidente Martín Vizcarra tiene la histórica responsabilidad de convertirse en el primer jefe de Estado de la democracia posfujimorato que supere la polarización entre fujimoristas y antifujimoristas, que ha envenenado la democracia, ha jaloneado a las instituciones y amenaza con devorarse el crecimiento y el proceso de reducción de pobreza. Un optimismo moderado empieza a extenderse ante esa posibilidad en la ciudadanía e, incluso, en la economía: la bolsa creció y el dólar bajó. Diego Macera, gerente general del IEP, por ejemplo, señala que luego de la renuncia presidencial se podrían corregir al alza las proyecciones de crecimiento del PBI en el 2018.  Y de otro lado las calificadoras de riesgo anunciaban que la calidad crediticia del Perú seguía viento en popa.

Después de las elecciones nacionales del 2016, por los resultados electorales y los programas de las dos fuerzas que protagonizaron la segunda vuelta, el presidente Kuczynski era el líder llamado a superar la polaridad entre fujimoristas y antifujimoristas. Sin embargo, durante el primer año de su administración se propuso gobernar sin o en contra la mayoría legislativa, además de buscar la división de Fuerza Popular mediante el indulto. Los resultados ya lo conocemos: la peor colisión Ejecutivo – Legislativo de la reciente historia, una guerra sin cuartel que se judicializó con el caso Lava Jato y que culminó con la renuncia presidencial.

Por todas estas consideraciones, el presidente Vizcarra debería estar en condiciones de evitar el yerro capital de PPK: creer que se puede gobernar con los medios de comunicación y desdeñando las alianzas políticas con los partidos, en base a los consejos de la izquierda caviar y un establishment que solo busca permanecer en el Estado.

El presidente Vizcarra entonces necesita organizar un Gobierno que recupere la gobernabilidad, desarrolle una nueva oleada de reformas económicas y convoque a elecciones generales el 2021, desterrando el veto contra la participación del fujimorismo en democracia que implementaron el nadinismo y la izquierda caviar. Nunca más en la democracia peruana se debería volver a denunciar cosas extrañas en los comicios nacionales —tales como la orden de inamovilidad de la policía y otro tipo de irregularidades— que luego desaten desconfianza e ingobernabilidad en los actores políticos.

Si el nuevo jefe de Estado se convierte en el primer presidente en superar la grave polaridad política en el país, entonces la democracia peruana habrá recuperado uno de los fundamentos de la política en las sociedades abiertas: la política se inventó en democracia para evitar la guerra entre los rivales, a través de pactos y entendimientos que construyan gobernabilidad y permitan el funcionamiento de las instituciones.

Si las cosas enrumban en ese sentido, estamos absolutamente seguros de que las relaciones Ejecutivo y Legislativo volverán a fluir y el presidente Vizcarra se convertirá en el jefe de Estado más poderoso de la reciente historia. porque no solo representará el Ejecutivo sino a la absoluta mayoría del Legislativo. En ese escenario, el debate político recuperará su esencia, los actores políticos se alejaran de la judicialización de la política, y volverán los ojos a sus respectivos programas e identidades ideológicas.

Si cambian los fundamentos del debate político, el Ejecutivo, el Legislativo, los fujimoristas, los pepekausas, los apepistas, los apristas y los acciopopulistas se percatarán de que el principal problema del Perú es cómo se supera la temida trampa en que caen las sociedades de ingreso medio, y que se caracteriza por una lentificación del crecimiento y la imposibilidad de seguir reduciendo pobreza. Caer en esa trampa es una manera de servirle la mesa a las propuestas antisistema, que en las elecciones del 2006, del 2011 y del 2016, estuvieron muy cerca de implementar sus propuestas estatistas y colectivistas.

Y si las cosas son así, la mayoría del país reparará en que los adversarios de la democracia y la reducción de pobreza son quienes proponen convocar a elecciones adelantadas con el objeto de convocar a una asamblea constituyente que redacte una Carta Política anticapitalista.

La recuperación de la gobernabilidad y la gesta de un pacto democrático organizarán una mayoría nacional a favor de una segunda ola de reformas que evite la trampa de ingreso medio. Es decir, reformas en el tema laboral, en la organización de las instituciones y de una justicia predecible, en la solución de los problemas acumulados de infraestructuras y en educación y salud.

Sin los errores de los dos primeros años de esta administración, el Perú elevará su gobernabilidad y la economía volverá a crecer a velocidad crucero. En todo caso el presidente Vizcarra y los partidos tienen la palabra.

 

  • 23 de marzo del 2018

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