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Contra la corrupción: ¡más democracia y más mercado!

Política

Contra la corrupción: ¡más democracia y más mercado!

27 de Febrero del 2017

La izquierda pretende pescar a río revuelto

El escándalo del caso Lava Jato, que sacude los cimientos de la democracia y amenaza con barrer a todo el establishment antifujimorista político y cultural, se puede convertir en una noche negra o en un momento de afirmación y consolidación de las instituciones republicanas.

En contra de un humor mayoritario, creemos que en nuestra sociedad existe la suficiente masa crítica para voltear la terrible página que le toca vivir a la República. En menos de 25 años hemos pasado de la megacorrupción de los noventa a la megacorrupción de la clase política posnoventa, no obstante que el país atraviesa —¡tremenda paradoja!— uno de sus mejores momentos de su historia: llevamos cuatro elecciones sin interrupciones, se ha triplicado el PBI, se ha arrinconado la pobreza a solo un quinto de la población y se han incrementado las clases medias. Los mercados formales e informales se han expandido de tal manera que existen pocas laderas de esa cordillera colonial que separaba a la sociedad criolla de la andina y que preocupaba tanto a inicios del siglo pasado a José de la Riva Agüero, Víctor Andrés Belaunde, Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui. ¿Cómo entonces arriesgar los logros de esta situación histórica?

A nuestro entender, la única manera de continuar con los avances políticos y económicos de la República es con más democracia y más mercado. La democracia es el único sistema político organizado para superar y absorber el yerro de los hombres; es el único sistema que aprende y se fortalece del fracaso. Cuando, por ejemplo, las dictaduras yerran, simplemente, se desploman. De allí que sea posible que ex jefes de Estado y encumbrados personajes del poder político sean procesados, investigados y sentenciados. La mayoría de los actores de la megacorrupción de los noventa están sentenciados. Ahora falta procesar a los pícaros posnoventa. Si el Ministerio Público, el Poder Judicial, el Ejecutivo, el Congreso y los actores de la sociedad desarrollan su papel, la democracia peruana saldrá más fortalecida que nunca y enrumbará  hacia la quinta elección nacional sin sobresaltos.

Pero el otro aspecto a comprender es que ningún logro actual de la República sería explicable sin las reformas y la liberación de los mercados de los noventa. ¿En qué momento de nuestra historia republicana logramos reducir la pobreza al 20% de la población? ¿No nos hemos dado cuenta de que los excluidos andinos de ayer son las nuevas clases medias de hoy? Y si persiste una economía formal y otra informal es porque no se ha construido un nuevo Estado sobre los escombros del viejo Estado colonial y populista. Si bien existen algunas islas estatales de eficiencia, el Estado es sinónimo de ineficiencia, fracaso, sobrerregulaciones; es decir, de enemigo de la sociedad, los ciudadanos y el sector privado.

No obstante que la presente megacorrupción que remece a América Latina proviene del sistema mercantilista del Brasil, del colonialismo ideológico del PT de Lula y del Foro de Sao Paulo, y no obstante, también, de que todos los investigados y procesados son los dioses antifujimoristas (casi sinónimo de izquierda en el Perú) posnoventa, la izquierda se da maña para intentar embestir en contra del mercado. El activista estatista de la izquierda y el profesor ideologizado de la Católica creen que ha llegado la hora de ajustar cuentas con el modelo.

Sin embargo estamos absolutamente seguros de que la mayoría de peruanos sabrá separar la paja del grano, discriminar qué aspectos del modelo político y económico deben reformarse y perfeccionarse para superar la corrupción y continuar con la senda de crecimiento y reducción de pobreza sin precedentes en la historia nacional.