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Cuba después de Fidel

Globalización

Cuba después de Fidel

5 de Diciembre del 2016

La economía cubana necesita una balsa para no hundirse

A la muerte de Fidel Castro surgió una pregunta: ¿qué pasará con Cuba? Es difícil predecir lo que ocurrirá en la isla, pero todos los análisis sensatos concuerdan en que el camino que recorrerá el pueblo cubano no será peor de lo que fue durante los aciagos días del fidelismo. Cuba, sin Fidel, tendrá que afrontar dos frentes posibles. El primero de los frentes es la delicada economía interna, ante el lento proceso de apertura económica iniciado el 2008, cuando Raúl Castro, hermano de Fidel, asumió el mando del gobierno cubano. El segundo frente es la relación con los vecinos y con el mundo, la apertura política y económica, sobre todo con los Estados Unidos y el nuevo presidente Donald Trump.

Una primera posible aproximación sugiere que el presidente Raúl Castro profundizará de forma lenta las reformas económicas hasta dejar el poder en el 2018. Raúl, ante una asamblea de delegados del Partido Comunista, ha señalado que dejará el mando el 2018 y que ya se prepara el relevo generacional, en el que habrá de todas maneras una guerra interna para hacerse con el control del poder. Los sectores conservadores, los jerarcas más antiguos del partido sugieren unas reformas modestas, para que el sector estatal siga ocupando gran parte de la vida económica del pueblo cubano. China y Vietnam son los ejemplos que los jerarcas cubanos podrían repetir, ya que ahí el Estado mantiene todavía un control férreo en las decisiones económicas.

La economía cubana necesita una balsa para no hundirse. La caída de los precios del petróleo en el mercado internacional trajo consigo el declive de la economía cubana, apoyada desde Venezuela con envíos diarios de miles de barriles de crudo. Con Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Cuba gozó años de estabilidad, pero la crisis económica en Venezuela y los bajos precios del crudo en el mercado internacional ha conseguido debilitar la economía cubana. Hoy la pobreza es alrededor de 80% en la población. En 1960, un año ante de la revolución, el PBI per cápita era el quinto de América Latina, por encima de Uruguay, Argentina y Venezuela; hoy es del décimo primero en toda la región. Las dos banderas de la revolución cubana, salud y educación, también están en declive. Si bien ambos servicios sociales son gratuitos, han afrontado un descenso en su calidad.

El otro frente es la relación con Donald Trump y los Estados Unidos. Durante el gobierno de Barack Obama el gobierno cubano y la administración demócrata hicieron esfuerzos para restablecer las relaciones entre ambos países, luego de cincuenta años. En el clímax de la guerra fría entre Occidente y la URSS, los Estados Unidos y Cuba rompieron relaciones, que medio siglo después lograron restablecer. El camino abierto por Obama no fue fácil y los pasos fueron lentos. No obstante, a la muerte de Castro el nuevo presidente Donald Trump ha dado un giro de 180 grados en las relaciones con Cuba. Trump no dudó en llamar dictador a Fidel Castro, logrando un amplio apoyo del poderoso lobby de cubanos exiliados en Miami. Entre los múltiples escenario se estima que el electo presidente norteamericano vuelva a foja cero las negociaciones entre ambos países. Pero no se descarta que Trump siga las negociaciones diplomáticas con el fin de que los capitales norteamericanos retornen hacia la isla. Cuba necesita de la inversión privada, sobre todo en en el fuerte sector turístico.

El pequeño sector opositor en la Isla no tendrá mayores avances por el férreo control del castrismo y la dictadura. Está descartada una ola de protestas a la muerte de Fidel. Aún así, lo que hoy sucede con Cuba es “un acertijo envuelto en un misterio y dentro de un enigma”, como dijo Churchill de la antigua Unión Soviética.