Globalización

Brasileños entre Bolsonaro y Haddad

Solo uno continuará con el modelo económico que terminó con la crisis

Brasileños entre Bolsonaro y Haddad
  • 11 de octubre del 2018

 

La izquierda pierde su primera batalla luego de 24 años en Brasil, y el gigante sudamericano se vuelve a polarizar entre el capitalismo y el socialismo. Después de las elecciones presidenciales realizadas el pasado 7 de octubre, el candidato derechista Jair Bolsonaro se enfrentará a Fernando Haddad en una segunda vuelta electoral el próximo 28 de octubre. Bolsonaro, denominado el “Trump brasileño”, obtuvo el 46% de los votos; mientras que Haddad, el sucesor de Lula Da Silva, 29.3%.

En este contexto, Bolsonaro marcha como favorito para ser el próximo presidente de la economía más grande de Sudamérica. Su lucha contra la corrupción y planes para disminuir la inseguridad ciudadana, además del apoyo del masivo sector conservador, son los factores que lo catapultaron al primer lugar en la primera vuelta electoral. Los defensores de la democracia y del desarrollo económico de Brasil ven a Bolsonaro como el sucesor de Michel Temer, quien implementó una serie de reformas que hicieron que Brasil se recupere económicamente. Bolsonaro promete seguir con el mismo modelo económico: el capitalismo.

Michel Temer sucedió a Dilma Rousseff hace dos años. A partir de entonces, diversas reformas económicas han levantado del letargo a Brasil: medidas desreguladoras (y ya no populistas), además de diversas privatizaciones. Temer aumentó el tributo sobre la gasolina, el diesel y el etanol, y recaudó más de 10,400 millones de reales (unos US$ 3,300 millones) el año pasado. Son medidas que han logrado reducir el déficit fiscal y la inflación. No solo eso, la balanza comercial brasileña rompe récords sucesivos: el superávit llegó a € 50.480 millones en el primer año de la administración Temer. Y en la gestión del actual presidente brasileño también se han generado —según el Registro General de Empleados y Desempleados (CAGED)— 163,000 nuevos puestos de trabajo.

Sin embargo, Bolsonaro —ex diputado y capitán del ejército— no la tiene nada fácil. Millones de brasileños socialistas ven a Fernando Haddad como el sucesor de Lula Da Silva. La popularidad de Haddad creció por el apoyo ferviente, desde la cárcel, del ex presidente Lula. Como sabemos, este singular escenario electoral se presentó por la exclusión de Lula, luego de que el Tribunal Superior Electoral, máxima autoridad en los comicios de Brasil, emitiera una resolución que impidió la candidatura del ex presidente por haber sido condenado, en segunda instancia, por delitos relacionados con Odebrecht. No obstante, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) tiene un rol fundamental en las elecciones, apoyando a quienes mucho señalan como su heredero. “Mi voz es la voz de Fernando Haddad”, fue el mensaje que dejó, mediante una carta, a sus seguidores.

De llegar a presidencia, Haddad —ex ministro de educación y ex alcalde de Sao Paulo— ha prometido que Lula será su consejero presidencial. “El presidente Lula estará con nosotros en todo momento, no tengo ningún problema en admitirlo”, ha dicho el candidato. Eso explica el gran crecimiento electoral de Haddad: del 4% al 29.3% en menos de un mes. Es muy probable que ese porcentaje de electores se incremente con los votos obtenidos por el candidato izquierdista Ciro Gomes, quien ocupó el tercer lugar en la primera vuelta, con el el 12% de la votación.

La popularidad de Fernando Haddad nos demuestra una vez más que a la izquierda brasileña no le importa que sus gobernantes estén involucrados en actos de corrupción. Haddad fue denunciado por el Ministerio Público de San Pablo por los delitos de corrupción, lavado de dinero y asociación ilícita. Esta acusación lo involucra con el empresario Ricardo Pessoa, dueño de la constructora UTC Engenharia y detenido por el caso Petrobras. Según la Fiscalía, Haddad habría recibido US$ 1.6 millones de Ricardo Pessoa para su campaña de reelección como alcalde de Sao Paulo en 2012.

La corrupción, extendida a toda la región Latinoamericana, ha impedido por muchos años concretar las reformas de segunda generación, llevando a los países a caer en la “trampa de ingresos medios”, que impide mejorar la salud, la educación, la justicia y los salarios. Por ello, el nuevo jefe de Estado tiene que ser honesto, pero también inteligente. La tarea en Brasil para los próximos cinco años es reducir la inflación (actualmente de 2.68% anual) y reducir la deuda pública (que amenaza con terminar este año en 87% del PIB). Obviamente esto quedaría solo en un sueño frustrado si la izquierda regresa al poder. El gigante sudamericano seguiría siendo víctima de las mentes enanas de los socialistas.

 

  • 11 de octubre del 2018

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