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No hay relanzamiento económico con Alarcón de contralor

Economía

No hay relanzamiento económico con Alarcón de contralor

26 de Mayo del 2017

Excesivo protagonismo de funcionario paraliza al Estado y a la economía

Días atrás Roque Benavides, presidente de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (CONFIEP) señaló que la reconstrucción fracasará “si la Contraloría interviene en todos los proyectos de la reconstrucción” de las regiones del norte, asoladas por el Fenómeno de El Niño costero. Las palabras del líder del gremio empresarial forman parte de las preocupaciones de todos aquellos sectores que contemplan alarmados cómo algunos empiezan a relativizar el crecimiento por una supuesta lucha contra la corrupción.

Nadie en su sano juicio puede apañar la corrupción, pero otra cosa muy diferente es relativizar el crecimiento económico. Y algo de eso sucede con el reciente informe de la Contraloría General sobre la adenda del contrato Chinchero —en la que se deslizan ciertas ligerezas— y que ha causado la renuncia de un ministro y la incertidumbre sobre el contrato. Contraloría sostiene que el Perú perdería US$ 40 millones, pero en el gobierno se insiste que la adenda le ahorra al Perú entre US$ 245 millones y US$ 340 millones, y que además Contraloría desarrolló sus cálculos en base a un documento interno de ProInversión (Modelo Económico) que no fue recogido por el Contrato de Concesión.

Pero eso no es todo. No solo el informe de Contraloría paraliza Chinchero y dibuja una tremenda interrogante sobre las asociaciones público privadas y las obras por impuestos en el Perú, sino que la entidad pública de control ha presentado un proyecto de ley para que el Estado no asuma la defensa de los funcionarios denunciados por Contraloría. En otras palabras, el señor Alarcón quiere convertirse en un dios de la administración pública, al que todos los funcionarios deben tenerle terror; y por consiguiente, todos se negarán a firmar cualquier documento. Resultado: el Estado paralizado mientras el país se acerca al abismo de la recesión.

Que el contralor Edgar Alarcón pueda desarrollar semejante protagonismo, al margen de la necesidad de relanzar el crecimiento económico, solo se explica por la intensa polaridad entre Ejecutivo y Legislativo. Si el pepekausismo y el fujimorismo olvidan que el crecimiento económico es el mejor antídoto en contra del antisistema el 2021, simplemente el Perú ha empezado a perder la brújula.

Desde su nombramiento como contralor de la República, Alarcón ha tenido serios cuestionamientos. Vale resaltar que hasta la salida de Fuad Khoury, Alarcón fue el vicecontralor. Más tarde fue nombrado en el cargo con los quince votos de la bancada nacionalista en la Comisión Permanente del Parlamento. Desde el anterior Parlamento (2011-2016), se le acusó a Alarcón de haber tenido el favor del gobierno nacionalista para hoy ser contralor.

En todo caso, también debemos preguntarnos ¿dónde estaba Alarcón cuando el gobierno nacionalista firmó los contratos para la construcción del Gaseoducto Sur Andino o para ejecutar el proyecto de modernización de la Refinería de Talara, por ejemplo, dos obras cuyo excesivo valor han afectado al erario nacional? ¿Dónde estaba Alarcón cuando el gobierno nacionalista firmó un mal contrato con la empresa Kuntur Wasi para la construcción de Chinchero? No lo sabemos.

Las cosas, pues, están demasiado claras. Tenemos a un contralor general de la República con excesiva voluntad de protagonismo político y a quien, al parecer, no le interesa mucho el crecimiento en un momento de emergencia económica nacional. El primer trimestre el Perú creció 2% y la inversión privada y pública siguen cayendo. En este contexto vale preguntarse, ¿puede haber relanzamiento económico con Alarcón de contralor?