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El cuento del Estado y la diversificación industrial

Economía

El cuento del Estado y la diversificación industrial

24 de Abril del 2017

Informe de ONUDI cuestiona Cites de gestión anterior

La Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) acaba de presentar una evaluación independiente de veinte Centros de Innovación Productiva y Transferencia Tecnológica (Cite) creado durante la pasada gestión del ex ministro de la Producción Piero Ghezzi. El informe es desalentador en exceso, por decir lo menos. Se establece que la organización de Cites soslayó la complejidad de los proyectos en función de la celeridad. Se mencionan desajustes entre la oferta de servicios y las demandas de los potenciales beneficiarios, se señala que cada Cite se diseñó como una isla, sin establecer sinergias con otros Cites, que la inversión se focalizó en la obra civil y el equipamiento en detrimento de los recursos humanos, que las ubicaciones de los Cite se establecieron en base a los terrenos asignados e ignorando si los servicios básicos estaban disponibles, entre otros cuestionamientos.

En otras palabras, un nuevo fracaso más de quienes sueñan con el protagonismo estatal como el gran elector de ganadores en economía. Pero eso no es todo. En ciertas Cites la confusión era de tal envergadura que la acción de estas entidades no apuntaban a solucionar fallas de mercado, sino a incluir al Estado como parte de las cadenas de valor. En el caso del Cite Forestal de Pucallpa se sostiene que “se presta a los empresarios del sector servicios de afilado de cuchillas, carpintería básica y secado de maderas”. ¿Un Cite que asiste con técnicas del siglo pasado? ¡Algo está demasiado mal!

En el caso del CITE Pesquero Ahuashiyacu, el informe ONUDI plantea que todavía no cuenta con equipamiento, pero que se apunta a una planta procesadora con una capacidad de dos toneladas diarias para eviscerado y una tonelada diarias para congelado, y otra planta para procesar productos curados, hasta dos toneladas diarias. ¿No suena todo a Estado empresario, protagonista de una cadena de valor? ¿Para eso se crearon los Cites?

¿Cómo entender el fracaso general de los Cites desarrollados durante la gestión anterior, que se trasluce en el informe que reseñamos? La respuesta es simple: el famoso proyecto de diversificación industrial que se impulsó durante el pasado nacionalismo fue una apuesta ideológica antes que técnica. En primer lugar, partía de una mala lectura de la realidad porque, en la práctica, sostenía que el crecimiento del último cuarto de siglo había “reprimarizado” la economía. Una falsedad.

En un editorial anterior sostuvimos que la manufactura contribuye con el 16.5% al PBI y representa el sector que más aporta a la economía. El sector servicios participa con alrededor del 37%; pero si se desagregan los componentes, ninguno supera a la manufactura. Por su lado, la minería participa con el 14.4%. Sin lugar a dudas, entonces, el Perú hoy tiene la economía más diversificada de su historia. Los enemigos del mercado señalan que en los años ochenta la manufactura tenía la misma participación y que nada ha cambiado. Sin embargo olvidan que hoy la economía peruana es tres veces más que la de esa década. En otras palabras, hoy tenemos una manufactura tres veces más grande y competitiva, de cara a los mercados mundiales.

Por todo lo anterior, ¿acaso las cosas están demasiado bien? De ninguna manera. Si la economía peruana no ha desarrollado mayores niveles de diversificación e innovación es porque el Perú no se decide a emprender las reformas de segunda generación: reformas institucionales, desregulación burocrática, simplificación de los procedimientos administrativos, solución de los déficits acumulados de infraestructura, reforma educativa y de salud, y flexibilización laboral. ¿Cómo pueden surgir manufacturas innovadoras en provincias si no hay suficientes carreteras, energía y fuerza laboral capacitada? Imposible.

La idea de un Estado que va organizando Cites, en realidad, es una manera de echar humo y niebla sobre los alarmantes retrasos en las reforma de segunda generación que pueden arrojar al Perú al abismo de la trampa de ingresos medios.