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DESASTRE HUMALISTA EN APP COMPLICA AL GOBIERNO

Economía

DESASTRE HUMALISTA EN APP COMPLICA AL GOBIERNO

2 de Febrero del 2017

Es hora de relanzar inversión privada y pública

De repente todos los huaicos políticos y sociales parecen desplomarse sobre la administración PPK. No solo se trata de descensos alarmantes en la popularidad presidencial, sino que las terribles herencias dejadas por el nacionalismo en el Gasoducto del Sur y el Aeropuerto de Chinchero (en el Cusco) comienzan a comprometer una herramienta clave de la economía de mercado: las Asociaciones Público Privadas (APP).

Ante el hecho de que Kuntur Wasi, concesionaria del Aeropuerto de Chinchero, no tiene capacidad de conseguir el financiamiento para la obra, el gobierno se desespera por la posibilidad de un retraso en el proyecto y decide asumir el financiamiento en medio de una serie de incongruencias: el ministro de Economía, Alfredo Thorne, habla de que el proyecto es “una obra pública”, luego se le enmienda la plana y también se habla de un ahorro de US$ 589 millones en los próximos años sin traer ese monto a valor presente, como suelen hacer los economistas.

Es evidente, pues, que en el gobierno hay desesperación porque el objetivo de destrabar US$ 18,000 millones en obras de infraestructura está en cuestión con el escándalo Lava Jato, que ha complicado a más de un tercio de la inversión proyectada. Si le sumamos a este hecho que la inversión pública y privada han venido cayendo en los últimos tres años y que la administración PPK ahora proyecta un crecimiento de 3.8% para el 2017, la cosa simplemente se pone color de hormiga.

¿Qué hacer en un contexto de este tipo? Aunque parezca mentira la respuesta está en el regreso a la buena política. Si el problema es la caída de la inversión, sobre todo la privada —que explica el 80% del total invertido en el país—, entonces PPK debe recordar que durante la campaña electoral ofreció crecer 5% en promedio anual hasta el 2021. ¿Por qué el pepekausismo renuncia a esa meta? ¿Acaso porque el nacionalismo nos dejó un desastre macroeconómico que ya nos pasa la factura? ¿Por qué el gobierno humalista bastardeó las APP, una herramienta clave de la economía de mercado, tal como lo comprobamos ahora con el Gasoducto del Sur y el Aeropuerto de Chinchero?

Bueno, si las cosas son así entonces la administración PPK debe denunciar sin medias tintas el desastre nacionalista y volver a poner sobre la mesa su vocación proempresarial, proinversión privada, para recuperar la confianza en los actores económicos, que parece difuminarse.

El Perú tiene que saber entonces que si no crecemos a 5% es directa responsabilidad del humalismo. Enseguida el gobierno debería convocar a todas las fuerzas políticas promercado, sobre todo al fujimorismo, a un gran diálogo para discutir el camino para relanzar las APP petardeadas por el humalismo y por el escándalo Odebrecht. Y casi estamos seguros de que todos entenderían la situación. ¿Cuánto retraso y golpe económico para el Perú significa volver a licitar el Gasoducto o el Aeropuerto de Chinchero? Considerando que ya estamos perdiendo, ¿se pierde más o se gana más empezando todo a fojas cero? Si ya no vamos a crecer a 5%, ¿cómo se garantiza un crecimiento que nos permita seguir reduciendo pobreza?

Tal como lo ha manifestado más de una vez el economista César Peñaranda, de la Cámara de Comercio de Lima, el Perú necesita crecer entre 3.5% y 4% como mínimo para crear empleo adecuado para los 270,000 nuevos trabajadores que se incorporan anualmente a la PEA. No hay otra. Siempre debemos recordar que en nuestro país todavía existen siete millones de peruanos debajo de la línea de pobreza, y que si no crecemos lo suficiente volveremos a aumentar esta lacra social. Ni siquiera existe la holgura fiscal de la que gozó el nacionalismo para inflar los programas sociales y mantener el espejismo acerca de que seguíamos reduciendo pobreza. El asunto, pues, es grave.

Todas las fuerzas democráticas promercado deberían coincidir en este objetivo. Si volvemos a aumentar pobreza solo habremos empujado las manijas del reloj hacia la hora del antisistema.