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Westworld: un no tan “lejano” oeste

Cultura

Westworld: un no tan “lejano” oeste

16 de Diciembre del 2016

La nueva serie de HBO une el western y la ciencia ficción

El gran éxito mundial conseguido por HBO con la serie Juego de tronos (Game Of Thrones, 2011-2016) ha puesto muy alta la varilla para esta productora de televisión. Así, cuando GOT no está en el aire, HBO ha probado infructuosamente mantener la sintonía con series ambiciosas, pero que no han funcionado del todo bien; como Vinyl (2016), que reunía a personalidades como Mick Jagger y Martin Scorsese, pero que tras su temporada de debut ha sido cancelada. Afortunadamente HBO parece haber dado por fin en el clavo con la serie Westworld, un peculiar western futurista, cuyas primeras entregas superaron la audiencia de los capítulos iniciales de GOT y que ya tiene aseguradas varias temporadas más.

La serie nos remite a un futuro cercano (extraoficialmente se ha señalado el año 2025), en el que la ciencia ya es capaz de producir robots idénticos a los seres humanos. Con estos autómatas (denominados “anfitriones”) se ha creado un inmenso parque temático llamado Westworld, que reproduce fielmente el mundo del Far West: pequeños pueblos en los que prima la violencia y los instintos más primitivos. Las personas visitan este parque para vivir experiencias extremas, dentro de una serie de “narrativas” programadas, y les está permitido hacer lo que quieran con los anfitriones, incluso matarlos. Los restos de esos anfitriones son recogidos, reparados y devueltos a su lugar en el parque. Los problemas se inician cuando algunos anfitriones comienzan a desarrollar memoria y conciencia, y se rebelan ante su violento y trágico destino.

Para la producción de Westworld HBO no ha escatimado en gastos. Contrató como guionista al inglés Jonathan Nolan, hermano y habitual colaborador de Christopher Nolan (El Origen, Batman el caballero de la noche, Interestelar, etc.), como director a J. J. Abrams (responsable de las series Alias y Lost, y de películas como El despertar de la Fuerza) y un excelente reparto, encabezado nada menos que por el reconocido actor británico Anthony Hopkins. En el mismo nivel de calidad están todos los elementos de la serie: fotografía, escenarios, música, efectos especiales, diálogos, etc. Con ello Abrams logra entregarnos un muy particular híbrido de western y ciencia ficción, pero que tiene mucho más del segundo, por su proximidad con ficciones como Jurassic Park y Blade Runner: como en la primera, se trata de la reconstrucción artificial de un pasado histórico; de la segunda se toma la reflexión sobre la inteligencia artificial, la humanidad de los autómatas y el derecho que tenemos los humanos sobre estas creaciones nuestras.

Hopkins interpreta a Robert Ford, el brillante creador de los anfitriones, del parque y de sus narrativas. Entre los “humanos” que recorren el parque están dos jóvenes empresarios (Logan y William) y un viejo y sádico hombre vestido de negro, interpretado por el veterano actor Ed Harris, especialista en westerns. Pero las verdaderas estrellas de la serie son las anfitrionas Dolores y Maeve (muy buenas interpretaciones de Evan Rachel Wood y Thandie Newton) que son quienes van adquiriendo características cada vez más humanas a lo largo de los diez episodios: Dolores a través del amor que siente por William, Maeve a través del odio que siente por sus creadores y asesinos.

La trama está llena de sorpresas (la mayoría basadas en la semejanza entre humanos y anfitriones), giros sorpresivos y narraciones paralelas que solo confluyen en el episodio final. Y si bien con este recurso se logra mantener el interés de los espectadores a lo largo de toda la serie, también hace que algunos de los primeros capítulos resulten innecesariamente oscuros y confusos. A pesar de ello, y de otros reparos menores, Westworld figura, sin ninguna duda, entre las mejores nuevas series de televisión del 2016. Así lo confirman sus recientes nominaciones a premios como Globos de Oro, Satellite Awards y Critic’s Choice.