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Silvio Rodríguez: poesía y revolución

Cultura

Silvio Rodríguez: poesía y revolución

29 de Noviembre del 2016

El gran cantautor cubano cumple 70 años

Con el Premio Nobel otorgado a Bob Dylan y la reciente muerte de Leonard Cohen, los cantautores han pasado al centro del debate cultural. Y en Latinoamérica el cantautor por excelencia es, desde hace varias décadas, el cubano Silvio Rodríguez, líder del movimiento denominado Nueva Trova, poeta, compositor y excelente guitarrista, que ha inspirado ya a varias generaciones de cantautores latinoamericanos, desde el dominicano Juan Luis Guerra hasta el peruano Gian Marco Zignago. Hoy Silvio Rodríguez cumple exactamente 70 años, aunque no habrá ninguna celebración pues en Cuba continúa el duelo por la muerte de Fidel Castro, el viejo líder de la revolución a la que Silvio ha dedicado buena parte de sus canciones.

Silvio Rodríguez Domínguez nació el 29 de noviembre de 1946 en San Antonio de los Baños (ciudad al sur de La Habana). Hijo de campesinos, en su adolescencia fue testigo de la caída del presidente Batista y el triunfo de la Revolución Cubana. Pronto se integraría a las Juventudes Socialistas, trabajando en la alfabetización de campesinos. Inició estudios de arte, pero tuvo que interrumpirlos para hacer el servicio militar. Fue en el ejército, que aprendió a tocar la guitarra y comenzó a componer y cantar sus propias canciones. La calidad de sus composiciones le dio una fama temprana, y a los 21 años de edad ya era conductor de un programa de televisión, en el que se presentaban los más importantes músicos y compositores. Ahí conoció a Pablo Milanés y Noel Nicola, con quienes fundaría la Casa de la Nueva Trova y el Grupo de Experimentación Sonora, que generaron una renovación en la música popular cubana.

Toda esa actividad hizo que recién publicara su primer disco, Días y flores, en 1975. Es un disco de muy alta calidad en todos sus aspectos (letra, música, arreglos), y en el que se combinan armoniosamente los dos temas dominantes en la obra de Silvio: la lírica amorosa y la épica revolucionaria. Las canciones están ordenadas de tal manera que esos dos temas se alternan: el disco se inicia con la poética y agradable canción “Como esperando abril” (con acompañamiento orquestal), a la que sigue la emblemática “Playa Girón”, en la que Silvio, solo acompañado con su guitarra, hace un emotivo homenaje a los valientes cubanos que rechazaron una invasión norteamericana en 1961. Otras canciones memorables de ese primer disco son “Pequeña serenata diurna”, “Santiago de Chile”, “El mayor” y los vanguardistas “Sueño con serpientes” y “La vergüenza”.

Los siguientes discos de Silvio —Al final de este viaje (1978), Mujeres (1978), Rabo de nube (1980), Unicornio (1982), etc.— se rigen también por esa temática dialéctica, enfrentando aparente opuestos (lo personal y lo colectivo, lo cotidiano y lo histórico, la celebración y la protesta, etc.) para llegar finalmente a algún tipo de síntesis. Y a la vez, cada disco constituye una exploración en nuevos ámbitos sonoros, algo característico de los grandes cantautores (Bowie, Dylan, Cohen, Serrat, etc.). Además, cada cierto tiempo Silvio vuelve a la trova pura, a discos en los que canta únicamente con el acompañamiento de su guitarra. Así, en la segunda mitad de los ochenta nos entregó Causas y azares (1986) y ¡Oh melancolía! (1988), trabajados junto con el grupo Afrocuba, originales incursiones en el universo del latin jazz y la salsa. Poco después publicaría Silvio (1992), una joya de la trova, con canciones como “El necio” y “Quién fuera”.

A los 70 años de edad Silvio Rodríguez se mantiene en plena vigencia: hace poco publicó su vigésimo disco —Amoríos (2015)— y en mayo de este año se presentó en un multitudinario concierto en Madrid (España).