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Logan: un héroe crepuscular

Cultura

Logan: un héroe crepuscular

31 de Marzo del 2017

La última parte de la trilogía basada en el personaje de Wolverine

Los héroes de las películas, a diferencia de los de la vida real, no suelen morir jóvenes. En algunos casos hasta podemos ver a estos personajes de ficción envejecer en las pantallas. Esto ha dado lugar a subgéneros como el western crepuscular, cuya obra maestra es sin duda Los imperdonables (1992), protagonizada y dirigida por Clint Eastwood, uno de los actores más identificados con las diversas variantes del género (incluido el spaghetti western). Mucho de “crepuscular” hay en la película Logan (2017), la tercera y última entrega de la trilogía sobre Wolverine, acaso el personaje más completo y complejo del universo de superhéroes de X-Men, siempre interpretado por el actor australiano Hugh Jackman (Sydney, 1968).

La película nos remite a un futuro cercano (dentro de unos diez años), cuando casi todos los X-Men y los mutantes en general han desaparecido. Logan (Wolverine) es uno de los pocos sobrevivientes, aunque su salud se encuentra bastante deteriorada por el extraño metal que lleva en el cuerpo. Lejos de las épicas batallas de otros tiempos, y con una marcada cojera, sobrevive trabajando como chofer de limusinas. Lo que gana apenas le alcanza para comprar las medicinas que necesita el senil Charles Xavier, el único otro X-Men sobreviviente. Es entonces que Logan descubre la existencia de niños “clonados” a partir del ADN de los mutantes; especialmente de Gabriela (ocho años, criada por una enfermera mexicana) quien fácilmente podría ser su hija, pues tiene todos sus “poderes” (incluyendo las “garras” retráctiles metálicas). La misión de Logan será entonces evitar que Gabriela caiga en manos de sus perseguidores, y ayudarla a encontrar a sus compañeros, ocultos en la frontera norte de EE.UU.

El guion y la dirección de esta película han estado a cargo de James Mangold (Nueva York, 1963), responsable también de Wolverine inmortal (2013) la anterior entrega de esta trilogía. En ambos casos Mangold ha tratado de romper algunos de los parámetros tradicionales de los filmes de superhéroes, pero sin salirse completamente del género. Aquí, por ejemplo, incorpora algunos elementos del road movie (Xavier, Wolverine y Gabriela viajan en una vieja camioneta), y a la vez nos presenta la dinámica sentimental de la peculiar familia (tres generaciones diferentes) conformada el trío de fugitivos. Todo eso sin dejar de lado las escenas de acción (peleas, persecuciones), los sucesos sobrenaturales (en especial cuando los poderes de Xavier se “desbocan”) ni los enfrentamientos con supervillanos, entre ellos un sanguinario clon de Logan, en la plenitud de su poder.

Pero sin lugar a dudas el eje de la película es la humanización de Logan y Xavier. No solo los veamos viejos y achacosos, sino también viviendo ocultos y en la mayor pobreza. Barrios marginales, casas abandonadas y caminos polvorientos constituyen el paisaje de fondo de esta ficción. A ello se suma el descarnado realismo (se trata de una película para adultos) de las escenas violentas: los golpes dejan huellas y marcas, las heridas sangran y podemos ver incluso cómo una familia completa de bondadosos campesinos es asesinada de la manera más salvaje. Sí, el mundo es un lugar injusto y cruel, y como seres humanos estamos condenados a la decadencia y la muerte; pero Logan parece encontrar algún sentido a su propia muerte con su heroico apoyo a esos niños, que tanto lo necesitaban. En suma, Logan es una buena película, que deja satisfechos tanto a los fanáticos de las ficciones de superhéroes como a los espectadores un poco más exigentes.