Cultura

Jaime Higa: Árbol Nuevo, en recuerdo del maestro

Muestra en homenaje a Venancio Shinki

Jaime Higa: Árbol Nuevo, en recuerdo del maestro
  • 01 de diciembre del 2017

 

Las personas no mueren mientras las mantengamos en nuestros recuerdos. Y eso lo sabe bien Jaime Higa, curador de la muestra Árbol Nuevo, que junto a la Asociación Peruano Japonesa le rinde homenaje al pintor Venancio Shinki (Supe, 1932), a un año de su muerte, en la Galería de Arte Ryochi Jinnai de su Centro Cultural. Así, se pueden apreciar la evolución y características de su obra, entre grabados y pinturas, de 1959 a 2014. En esta entrevista para elmontonero.pe Higa nos habla sobre su admiración por Shinki.

 

¿Cómo llega la obra de Venancio Shinki a su vida?

Yo conocí a Venancio a fines de los ochenta, al participar en el concurso de arte del Hotel Crillón. Gané el primer premio y mi sorpresa fue que uno de los miembros del jurado era él. Venancio siempre ha sido una presencia primordial en la plástica peruana; y para nosotros los artistas nikkei, un ejemplo al trabajar y exponer sin cansancio en el panorama nacional e internacional.

La pintura de Shinki se caracteriza por el colorido, las atmósferas surrealistas y la recurrente presencia de peculiares figuras humanas, ¿qué es lo inédito en Árbol Nuevo?

Árbol Nuevo exhibe diversos momentos de su producción, su versatilidad y la variedad de soportes en los cuales Venancio supo expresarse. Y, por supuesto, trabajos no muy conocidos, que solo se expusieron en el año 2000. Relieves, por ejemplo. Al inicio apreciamos su formación con la técnica cubista, obras en las que solo va apareciendo la figura femenina. Después llega lo que llamaba “paquetitos”, que es una fase totalmente abstracta. ¿Un paisaje? No es arte figurativo. No sabemos qué es. En seguida, la manifestación no solo de figuras, sino espacios o construcciones como los arenales, las huacas, las pirámides, que están pobladas de referencias a lo andino. Y también a cierta parte de la costa, por la Hacienda San Nicolás (en Supe), su lugar de nacimiento.

Es posible catalogarlo como surrealista. Pero lo interesante es que se presta para que la interpretación fluya. No es unidireccional. Por ejemplo, el tríptico Compendio (1992), es una observación de lo que para Shinki, hasta ese instante, era la vida. Antes de 1985, entre setentas y ochentas, sus trabajos tienen siempre referencias al Perú; no solo por los paisajes, sino también de acuerdo a los cambios políticos. En los noventa, al regresar de un viaje a Europa, las esculturas están más presentes. A la par que asimila estas figuras, él asume que es un ciudadano de mundo.

Hay una primera etapa que lo encierra en una suerte de “japonismo” y después logra constituirse como un híbrido entre lo andino, lo europeo y lo oriental. ¿Cierto?

Sí, etapa en la que los fondos son más brumosos y de repente hay una pincelada como caligrafía japonesa. Esas obras ya no entraron por la ambientación del espacio. En todo caso, Venancio fue asumiendo y sumando referencias como la fauna, la flora y vestigios de otras culturas a su repertorio de imágenes.

¿Cuál considera la “obra maestra” de Venancio Shinki? ¿Tiene algún cuadro preferido en esta muestra?

Elda di Malio, su esposa, me recalcó que Compendio debía lucirse porque él la quería. Nosotros felices, pues lo representa magníficamente. Lo rico de su trabajo es ese nivel de sutileza, y también la sugerencia de sensaciones tras el ordenamiento de su propia memoria. Él jamás colocaba cuerpos masculinos, y aquí aparece uno. Seguro como una referencia a la época de la violencia, porque es casi una crucifixión, una crucifixión mutilada.

Me encanta Toro azul (1988) porque es una obra que yo no conocía, lo inédito, y que descubrí en una sala del segundo piso de su casa. No sé porque no le gustaba. Quizá sea por la paleta. Pero, en sí, la “obra maestra” de Venancio es toda su obra. Es una trayectoria. Y en esa ruta, hay diversos cambios, relacionados con los cambios que ha tenido la propia sociedad peruana.

 

Entrevista y Fotografías: Luis Cáceres Álvarez

Portada: Jaime Higa frente a La siesta (2000) – Acrílico sobre trupan. 142 x 242 cm.

Interior: Jaime Higa frente a Compendio (1992) – Óleo sobre lienzo. 195 x 390 cm.

  • 01 de diciembre del 2017

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