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Arturo Corcuera: la delirante mirada de la poesía

Cultura

Arturo Corcuera: la delirante mirada de la poesía

22 de Agosto del 2017

Recordando al poeta que nos acaba de dejar

Una triste noticia rondó las redes sociales durante el fin de semana: el destacado poeta Antonio Corcuera se encontraba muy mal de salud en un nosocomio local. Finalmente fue corroborada por la propia hija del poeta, Rosamar Corcuera, quien informó que su padre había fallecido en la madrugada del lunes, tras larga lucha contra una penosa enfermedad. Nos dejó así otro de los grandes poetas de la generación del sesenta —como ya lo hicieron antes Antonio Cisneros y Rodolfo Hinostroza—, una de las personas más queridas y estimadas dentro de la comunidad literaria peruana, y autor del reconocido poemario Noé delirante (1963).

Corcuera nació en el puerto de Salaverry (Región La Libertad), el 30 de septiembre de 1935, así que era algo mayor que sus compañeros de generación. De ahí que sus primeroS libros —Cantoral (1953) y El grito del hombre (1957)— estén bastante próximos a la “poesía social” de la generación del cincuenta. Pero durante su experiencia como estudiante en la Universidad de San Marcos Corcuera se convirtió en parte del grupo considerado “la viga maestra de la generación del sesenta” (según testimonio de uno de los poetas), conformado por César Calvo, Reynaldo Naranjo y el propio Corcuera. Ellos impulsaron iniciativas como “La casa del poeta” y contribuyeron decididamente a difundir la obra de sus compañeros de generación.

Fue entonces que Corcuera publicó su poemario Noé delirante (1963), en La Rama Florida, la recordada editorial del poeta Javier Sologuren. Este libro significó un cambio radical dentro de la poesía de su autor por su calidad y originalidad, que sintonizaban bien con la renovación literaria que estaba generando los poetas del sesenta. La idea básica del libro es sencilla: describir en cada poema algún animal. Pero a diferencia de los bestiarios tradicionales —llenos de referencias librescas y casi siempre dedicados a seres exóticos o fantásticos— los animales escogidos son los más conocidos y comunes (gallo, araña, sapo, canario) y las descripciones están basadas en imágenes y metáforas en las que prima el humor, lo lúdico y un cierto espíritu infantil.

Así, el canario es “lluvia de oro... breve cántaro de cantos”, la luciérnaga “Diamante en trizas... astilla de lucero” y el cuervo “sombra de plumas / que empolló la noche”. El poeta se convierte por eso en un Noé delirante y travieso que pasa revista a sus compañeros de viaje. Estos poemas, llenos de símiles, mantienen la levedad y frescura gracias al empleo del “verso breve, exacto... fruto de un trabajo casi febril de orfebrería”, en palabras del propio Corcuera. Las metáforas se reducen a sus elementos mínimos, sin perder la peculiar musicalidad de los versos; mientras que la opción por lo breve acerca los textos al epigrama (“El pájaro en libertad / y preso el constructor de jaulas”), a los refranes y adivinanzas populares, y hasta al haiku japonés: “La cabeza en las estrellas / -predica la jirafa- / y los pies en la tierra” (“Magisterio”).

Corcuera publicó una veintena más de poemarios, desde Primavera triunfante (1964) hasta Vida cantada. Memorias de un olvidadizo (2017), con muy diversos temas y opciones formales. Pero siguió trabajando en su Noé delirante, que le significó el Premio Nacional de Poesía 1963, aumentándole secciones hasta configurar un libro mucho más amplio: A bordo del arca (2006), que obtuvo el Premio Casa de Las Américas. El último gran homenaje que se le hizo al poeta fue en la reciente FIL Lima 2017, un emotivo y concurrido encuentro con escritores de diversas generaciones que le manifestaron su aprecio y reconocimiento.