EL MONTONERO | Primer Portal de opinión del país
Una respuesta a Fernando Rospigliosi: ¡Sendero sí puede volver!

Columna

Una respuesta a Fernando Rospigliosi: ¡Sendero sí puede volver!

13 de Septiempre del 2017

Fanatismo y dogmatismo en la ideología de SL

En un reciente artículo, Fernando Rospigliosi sostiene que hoy “ya no es posible el surgimiento —o resurgimiento— de un grupo terrorista como Sendero Luminoso”. En su texto, Rospigliosi utiliza diversos argumentos, entre ellos que “el Perú y el mundo del 2017 son muy diferentes a lo que eran en las décadas de 1960 y 1970 cuando se gestó Sendero Luminoso” No obstante, desde aquí sostenemos lo contrario: Sendero sí puede volver, a pesar de que no sea la década de 1980, cuando inició acciones. ¿Por qué?

De alguna u otra manera, Rospigliosi olvida algo de suma importancia en todo su texto: el fanatismo y dogmatismo en la ideología de Sendero Luminoso. Este fanatismo ideológico fue la clave y la combustión necesaria para que Abimael Guzmán y sus huestes vean revolución por todas partes. De hecho, en el diagnóstico sobre la realidad del país que Guzmán hiciera para declarar que las condiciones objetivas estaban dadas para una revolución armada, el “presidente Gonzalo” sostenía que el Perú era un país semifeudal. ¿Cómo podía ser el Perú semifeudal cuando, años atrás, se había desarrollado una intensa reforma agraria? La única explicación para semejante razonamiento era que Guzmán veía al Perú con los ojos de Mao. ¡Fanatismo!

Ahora bien, una de las razones de Guzmán para empezar la lucha armada se basó en aquella tesis leninista de la “situación revolucionaria”. Según Lenin, existe una situación revolucionaria cuando “los de arriba no pueden seguir administrando” (o gobernando) y “los de abajo sufren la explotación”. ¿No podría esta lógica dogmática leninista ser la base para el resurgimiento del senderismo? Miren al Perú: PPK no gobierna, la tecnocracia se derrumba, protestas, paros y huelgas. ¿No es acaso ello una “situación revolucionaria” según el fanatismo senderista?

En otra parte de su texto, Rospigliosi indica que un motivo para la aparición de Sendero fue que “la democracia (durante esos años) era poco menos que una ficción”. Bueno pues, la democracia bajo los lentes marxistas siempre será una ficción porque la democracia es un sistema de la burguesía (dixit Marx). Incluso hoy, si uno revisa los textos y comunicados de los grupos filosenderistas encontrará que la democracia peruana es calificada como una “democracia burguesa” a la que se debe demoler. ¿Algo cambió? ¡Nada!

Rospigliosi también señala que “El Perú era un país donde muy amplios sectores sociales, ‘los de abajo’, tenían cerradas las puertas de la política y la economía. Hoy día cualquiera puede intervenir en las elecciones presidenciales y ganarlas, incluyendo a un profesor universitario hijo de japoneses y sin experiencia política o un lustrabotas de Cabana”. Tamaña afirmación es muy relativa. Creer que la exclusión o la pobreza genera necesariamente una revolución armada es ir lejos. Si uno revisa la historia de las revoluciones socialistas verá que no son las clases empobrecidas las que hacen la revolución, sino las clases medias. A veces, incluso, las clases empobrecidas son reaccionarias a las revoluciones socialistas.

En otra parte Rospigliosi dice que “en esa época había ‘faros’ que iluminaban la imaginación de los intelectuales (que son los que forman y dirigen los partidos) y de las masas radicalizadas: la Unión Soviética, China, Cuba, Vietnam”. Bueno, tremendo detalle. Sin embargo, los paradigmas (llámese la Unión Soviética o China) para un fanático ideologizado no interesan. Un buen leninista sabe que las condiciones objetivas para una revolución se crean y no necesariamente llegan. Pongamos el ejemplo de un fanático religioso islamista. La filosofía de la razón sentenciaba que en el siglo XXI las religiones se extinguirían. No obstante, hemos visto lo contrario. Hoy las guerras en el medio oriente son causadas por el fanatismo religioso que no entiende de razones. Allí no interesan paradigmas, solo el fanatismo.

Finalmente, Rospigliosi indica que “algunos creen que eso es solo una pausa para volver a la lucha armada cuando lo estimen conveniente, como si eso pudiera decidirse a voluntad”. Bueno pues, la voluntad es una fuerza potente. ¿Quién iba a imaginar que un profesor de filosofía de una universidad ayacuchana pondría al Perú en jaque? ¿Quién imaginaría que un pintor de brocha gorda sería el causante principal de la Segunda Guerra Mundial? ¿No fue acaso la fuerza de voluntad? Justamente esa fuerza de voluntad permitió captar a un grupo de jóvenes de buena voluntad y los convirtió en asesinos.

Por todos los argumentos anteriores, el fanatismo senderista podría volver.

 

Iván Arenas