Marco Sipán

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Una juventud rebelde, reformista y revolucionaria

Una juventud rebelde, reformista y revolucionaria
Marco Sipán
14 de diciembre del 2016

En pos de un pacto generacional para conformar una izquierda popular

Este viernes 16 de setiembre se inaugura el congreso de la Juventud Comunista que hasta hace unas semanas —siendo la juventud política más organizada del Perú— mantenía una relación con Patria Roja, que le había asignado ser su fuerza auxiliar y de reserva. Ante esta relación los jóvenes comunistas han decidido iniciar un camino propio y convertirse en una organización política de alcance nacional, vinculada a los espacios universitarios y al activismo juvenil, desde donde han surgido líderes sociales, autoridades regionales y locales.

Álvaro García Linera ha señalado que los debates entre las izquierdas del siglo XX muchas veces frenaron el avance de estas organizaciones políticas, por intentar ser puristas sobre el camino a un futuro que nunca lograron plasmar. Sin embargo en este siglo, en América Latina los movimientos sociales han integrado a la tradición izquierdista un gran componente movilizador: la rebeldía. Con esa actitud han sido actores en la constitución de gobiernos izquierdistas por toda la región y han podido unificar a los tradicionales partidos de izquierda, tanto reformistas como revolucionarios.

Esta rebeldía política no se genera por el entendimiento ideológico o programático de alguna teoría, por más correcta que esta sea. Es una actitud sobre la vida que se vincula con la acción y que, incorporada dentro de un proyecto político, potencia cualquier estrategia trazada. Y hoy es prácticamente el elemento articulador para las propuestas de transformación social. Las luchas sociales que han tenido mayor impacto, como Bagua y Conga, son procesos de alto contenido de rebeldía y resultan, a todas luces, las luchas emblemáticas de resistencia y de construcción de poder popular. Y es a través de esos procesos que tanto reformistas como revolucionarios han podido fusionarse, en solidaridad de lucha. De la misma forma con la protesta contra la llamada “ley pulpín”, en la que la rebeldía logró derrotar al gobierno neoliberal.

La teoría política marxista plantea que las organizaciones políticas son expresiones de sectores sociales. Y los partidos son revolucionarios si aparecen como expresión de conflictos que intentan cambiar la relación de poder; no por una suma de buenas voluntades, sino para resolver los problemas de sus representados. Aunque ninguna organización puede aglutinar a todos los sectores. Ante estas referencias teóricas, iniciar una organización política a partir de una ruptura es todo un reto. Sin embargo, algo a favor de esta nueva generación radical es la debilidad de las supuestas vanguardias de las izquierdas, que no pueden representar los conflictos que existen en nuestra sociedad. Tanto es así que el fujimorismo, una fuerza conservadora, puede teñir su discurso mencionando los intereses de algunos sectores populares.

Ante este vacío, lo que se requiere no es una juventud comunista como calco y copia de los procesos cubanos, vietnamitas o chinos; procesos victoriosos y que construyen una juventud como aparato burocrático para cumplir los recados de algún partido. Por el contrario, se requiere a la generación que asuma la tarea histórica de realizar la revolución peruana, que empieza desde ahora con un proyecto contrahegemónico que pueda alcanzar el gobierno y el poder.

En el Perú hay una generación marcada por la democracia liberal. Aunque limitada, es un escenario que nunca ha sucedido en el país con tanta regularidad. Además, la innovación tecnológica y la cultura global que hoy se consume por las redes sociales, el cine y nuevas formas de arte urbano, construyen una percepción totalmente distinta en los jóvenes. Pero la pereza de los viejos izquierdista no les permite leer esta nueva imagen de la realidad, donde las dos terceras parte de la población necesitan una nueva representación (incluyendo a los menores de 18, que crecerán).

A decir de Pablo Iglesias en una sociedad tan sensualizada, con generaciones diferentes a las del siglo pasado, la izquierda tiene que buscar en la cotidianidad las nuevas formas para un nuevo discurso; solo así podrá ser atractiva. Incluso su ya célebre frase “la izquierda tiene que ser sexi” expresa la necesidad de romper viejos empaques y crear una maquinaria que gane los procesos políticos. En esa apuesta audaz, lo que se requiere es la conformación de un bloque radical que exprese un pacto generacional, con el cual conformar una izquierda popular, que apueste por la revolución socialista y sin temor a desarrollar el marxismo para realmente hacerlo una herramienta para la captura del poder.

Es esta la esperanza que tienen los jóvenes que abren su camino propio este viernes en el local del Sindicato Unitario de los Trabajadores de Telefónica en el Centro de Lima. Están todos invitados.

 

Por: Marco Sipán

Fotografía: Luis Cáceres Álvarez

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14 de diciembre del 2016

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