Martin Santivañez

Martin Santivañez

Una derecha acomplejada

Cuando se olvida cuál es la tradición política que el partido encarna

Una derecha acomplejada
Martin Santivañez
16 de julio del 2018

 

El ejemplo de lo que ha sucedido en España debería mover a la reflexión a la clase política peruana. Sobre todo al centro popular. En los últimos años de su Gobierno, el Partido Popular español se dedicó a suavizar sus principios, olvidando que son ellos los que dotan de sentido cualquier estrategia de poder. El Partido Popular español —ante una Europa relativista, estatolátrica, construida por el pacto entre liberales y socialdemócratas— cayó en una crisis de identidad que llevó a muchos de sus líderes a pensar que el camino correcto para mantener la hegemonía era el pacto con el nuevo orden mundial.

He aquí la acción política de un centro-derecha acomplejado. Cuando se suavizan los principios, cuando se olvida cuál es la tradición política que tu partido encarna y a qué electorado concreto responde, entonces las coaliciones electorales son fáciles de destruir por dos enemigos concretos. Por un lado, nunca la falta la quinta columna que destroza los principios o los traiciona directamente desde el interior del partido. Suelen presentarse como “reformistas” que buscan “modernizar” la organización política para que esta marche a tono con el presente. Por otro, la ola relativista de totalitarismo blando ha sido muy eficaz infiltrando la sociedad política de comisarios del pensamiento único, que bien pueden sobrevivir tanto en el entorno del liberalismo relativista como en los predios del socialismo estatal.

Los partidos populares que yerran al identificar a estos enemigos suelen perecer porque, tarde o temprano, venden su alma abdicando de los principios que dieron origen a su búsqueda del poder. Los partidos populares que no comprenden que su verdadera fuente de poder y de fortaleza estratégica yace en la representación fiel de los principios del pueblo mayoritario, sucumben ante el espejismo que sus enemigos crean para ellos. Es difícil defender unos principios que en el fondo no se comparten. Por eso, los partidos políticos populares deben dejar claro cuáles son sus principios políticos para que ni la quinta columna ni el ambiente externo confundan a sus cuadros o sus electores sobre el verdadero espíritu que anima su búsqueda del poder.

El Partido Popular español ha decaído (tal vez momentáneamente) porque la quinta columna y el ambiente externo tóxico debilitaron en la práctica la defensa de sus principios políticos. Varios líderes del partido pensaron que el camino para el éxito pasaba por contemporizar con el enemigo, cediéndole posiciones ideológicas y renunciando a la batalla cultural y espiritual. El resultado es claro. Un gran frente ha derribado a los populares españoles, un frente en el que no ha faltado ninguno de sus enemigos. Todos han marchado contra el Partido Popular. Son conscientes de que los principios de un partido popular son capaces de liquidarlos políticamente o arrinconarlos en un escenario de hegemonía. Un enemigo común generó una alianza antinatural, pero efectiva.

El retorno a los principios es el primer paso para la recuperación del poder. En algunas sociedades escindidas es complicado determinar cuáles son los valores del pueblo. No es el caso del Perú. Los principios que animan a nuestro pueblo son mayoritarios. Un partido popular que aspire a un escenario de hegemonía debe encarnar esos principios que son del pueblo, no de la elite. Esa es la auténtica clave del poder.

 

Martin Santivañez
16 de julio del 2018

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