Neptalí Carpio

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Un héroe sin batallas

En memoria de José Luis López Follegatti

Un héroe sin batallas
Neptalí Carpio
27 de julio del 2018

 

En sociedades como la nuestra, herederas de una cultura de alta conflictividad social y cultura política sectaria, tan antigua como su república y pasado colonial, es muy difícil que aquellos líderes que apuestan tercamente por el diálogo, tratando de hacerlo secular, obtengan el reconocimiento que se merecen. Es el caso de José Luis López Follegatti, cuya muerte prematura nos ha sorprendido a todos quienes lo conocimos desde hace muchos años.

José Luis, en sus últimos 20 años de existencia, fue en el Per, un pionero de lo que se denomina “diálogo transformacional”, una corriente que procura la creación de procesos horizontales de interacción comunicativa para el entendimiento y la transformación positiva y respetuosa de los participantes. Esta definición operativa nos permitirá hacer los análisis correspondientes sobre los diferentes conceptos relativos al diálogo transformador. Curiosamente, López Follegatti asumió con enorme convicción esta tendencia en territorios de alta conflictividad social, entre la inversión minera y los intereses de las comunidades que demandan el cuidado del medio ambiente. Sus propuestas están ampliamente sustentadas en experiencias de su mejor libro: Diálogos que transforman.

José Luis era un convencido que la minería es necesaria para nuestro desarrollo nacional, pero también consideraba que los empresarios que tienen proyectos en etapas de exploración, ejecución o de expansión posterior, deben escuchar a las comunidades y ciudades que se ubican en el entorno del proyecto. Por eso, él tuvo un rol muy importante en los procesos de expansión de la Southern Copper Corporation en Moquegua, Cerro Verde en Arequipa y en otros lugares, especialmente en el sur del país. Y en su momento tuvo la firmeza de decir que el proyecto Tía María en Arequipa era necesario, pero que debía esperar un tiempo.

José Luis, cultivó y desarrolló métodos y estrategias para sentar en una misma mesa a empresarios, comunidades y autoridades locales y nacionales, para hacer viable un proyecto minero; pero en el marco de un proceso inclusivo que promueva el desarrollo sostenible de manera integral. Parece extraño en nuestros dominios, pero por esa razón se ganó el respeto y reconocimiento entre altos directivos de empresas mineras, líderes sociales y autoridades.

Por contradictorio que parezca, José Luis López Follegatti no era ingenuo. No postulaba que la alta tensión social y la demanda social desaparecerían por algún milagro, pues siempre estarán presentes; pero los protagonistas del diálogo deben tener la habilidad para construir escenarios en los que el diálogo sea el centro de gravedad, logrando atenuar y en su momento disolver la conflictividad. Mas adelante recorrió casi todo el país extendiendo este paradigma constructivo a otros ámbitos, contribuyendo a la formación de facilitadores de diversas canteras.

Su aguda inteligencia, sentido de humor y la búsqueda permanente de métodos y técnicas para construir escenarios constructivos para el desarrollo regional y local hicieron que se convirtiera en un referente para vastos sectores. Ese talante logró que, por fin, el año 2014 se ganará el reconocimiento como uno de “Los seis peruanos que cambian la historia”, como coordinador del Grupo de Diálogo Minería y Desarrollo Sostenible. El reconocimiento lo otorgaron el suplemento Negocios Día 1 del diario El Comercio y otras instituciones.

Conocí a José Luis desde las épocas universitarias, en las que destacó como líder de izquierda. Estudio en la Universidad Católica y pronto mostró sus dotes de liderazgo, sobre todo para conformar equipos de calidad política. Con él y muchos amigos, de por lo menos dos generaciones, tuvimos destacada actuación para derrotar a las tendencias de lo que en aquel tiempo se denominó “infantilismo de izquierda”, de vertiente maoísta, muy nefasto en las universidades. Luego, junto a su entonces compañera Doris Balvín y otros amigos (Julio Díaz Palacios, Ernesto Herrera, David Bastidas y Dionisio Vento, entre otros) tomó la valiente decisión de trasladarse a Ilo, en Moquegua, donde fundaron la ONG Labor, una institución pionera en la creación de sociedades regionales sostenibles, donde precisamente juega un rol central la actividad minera. Esa exitosa experiencia fue luego proyectada a otras regiones, como Arequipa, Cusco y Lima. Con cariño lo llamábamos “Lechuga”, porque ostentaba siempre un desordenado cabello, que siempre hacía juego con sus arranques iconoclastas. Quizá si ese tipo de visión se hubiera hecho predominante en regiones como Cajamarca, la historia de esos pueblos y de las relaciones entre la empresa minera y la comunidad serían ahora diferentes.

José Luis, consideraba que el mejor logro de un líder en sociedades de alta conflictividad social era evitar las guerras o batallas que muchas veces inflan el ego de caudillos o grupos radicales, pero terminan perjudicando a las comunidades. Recuerdo que siempre decía: “Muchas veces lo más fácil es generar enfrentamientos, escenarios envenenados de odio, y lo más difícil es hilvanar espacios alternativos de diálogo constructivo, sin arriar banderas”. Por eso era el promotor de aquellos héroes sin batallas, aquellos que muchas veces, en una sociedad proclive al permanente conflicto social, no siempre obtienen el reconocimiento que se merecen.

Pero como todo ser humano, la batalla final que no pudo evitar fue la lucha contra la muerte. Esa que, tarde o temprano, todos tendremos que enfrentar inevitablemente, y como él terminaremos perdiéndola. Los amigos de José Luis López Follegatti y la propia sociedad peruana le deben un verdadero homenaje a nuestro querido amigo “Lechuga”, quien ha partido sorpresivamente, sin avisarnos, hacia el más allá.

 

Neptalí Carpio
27 de julio del 2018

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